Más infraestructura ciclista es la solución a la congestión de Londres, no su causa

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  • Londres acaba de convertirse en la ciudad más congestionada del mundo; sin embargo, los niveles de congestión de 2021 fueron iguales a los de 2019.

  • A continuación se analizan posibles soluciones para combatir este problema.

  • Las investigaciones indican que la solución más eficaz sería invertir en infraestructura ciclista para reducir el uso del automóvil y, por tanto, la congestión en Londres.

En 2021, el conductor medio de Londres pasó 148 horas en atascos —el doble de la media nacional—, según un nuevo informe de Inrix, una empresa que analiza el tráfico vial. Estos hallazgos dieron lugar a un reportaje de la BBC que atribuyó el nuevo título de Londres como la ciudad más congestionada del mundo a un aumento de los carriles bici, habilitados en toda la capital para mantener los desplazamientos con distancia social durante la pandemia. Este análisis parece pasar por alto que la congestión de 2021 fue prácticamente igual que la de 2019, antes de la pandemia.

Para entender lo que sucede, debemos recordar que el tiempo del que disponemos limita cuánto podemos desplazarnos. Tenemos muchas cosas que encajar en 24 horas y, en promedio, las personas pasan apenas una hora desplazándose. Esto limita el aumento de la congestión en las ciudades.

La congestión vial se produce cuando hay una alta densidad de población y un elevado nivel de propiedad de automóviles, pero no suficiente espacio en las carreteras para todos los trayectos que podrían hacerse en coche. Si el volumen de tráfico aumenta por cualquier motivo, se incrementan las demoras y algunas personas que de otro modo conducirían optan por otras alternativas. Podrían viajar a otra hora o tomar otra ruta, usar otro medio de transporte, como el autobús, cambiar de destino e ir, por ejemplo, a otro centro comercial, o decidir no desplazarse en absoluto y hacer sus compras en línea.

Si se quita espacio vial a los automóviles para crear carriles bici o bus, la congestión aumentará inicialmente. Pero las demoras adicionales llevarán a algunos conductores a buscar otras opciones y la congestión volverá a los niveles anteriores.

Londres cuenta con una extensa red de carriles bici. Image: Route Plan Roll

El efecto general es reducir la proporción de desplazamientos en automóvil. Esto es lo que ha venido ocurriendo en Londres desde hace muchos años, a medida que crecía la población y se realizaban grandes inversiones en transporte público. El uso del transporte privado cayó del 48 % en 2000 al 37 % en 2019, mientras que el del transporte público subió del 27 % al 36 % en el mismo período. El uso de la bicicleta aumentó del 1,2 % al 2,4 %, mientras que los desplazamientos a pie se mantuvieron en el 25 %.

La estrategia de transporte del alcalde de Londres tiene como objetivo reducir el uso del transporte privado al 20 % de todos los desplazamientos para 2041. Esto probablemente reduciría la congestión total del tráfico, aunque no necesariamente su intensidad en las horas punta de las zonas más transitadas.

Los límites de los carriles bici

La creación de carriles bici reduce el espacio disponible para los automóviles, pero no hace que la gente deje de usarlos. Copenhague es una ciudad famosa por el ciclismo: allí, el 28 % de los trayectos se hacen en bicicleta. Sin embargo, el tráfico de automóviles es solo ligeramente inferior al de Londres. Además del ciclismo, la otra gran diferencia es que el transporte público representa apenas la mitad de la proporción de desplazamientos que en Londres.

La experiencia de Copenhague demuestra que se puede convencer a la gente para que deje el autobús y se pase a la bicicleta, un medio más barato, saludable y respetuoso con el medio ambiente, que no es más lento cuando hay congestión. Sin embargo, los autobuses son una forma eficiente de aprovechar el espacio vial para transportar personas en zonas urbanas. Sustituir sus motores diésel por sistemas de propulsión eléctricos o de hidrógeno también podría reducir las emisiones de carbono. Ha resultado más difícil conseguir que los conductores dejen el automóvil y se pasen a la bicicleta, incluso en Copenhague, una ciudad pequeña y llana, con una excelente infraestructura ciclista y una sólida cultura del ciclismo.

En distintas ciudades europeas se observan diversos patrones de desplazamiento según el medio de transporte, que reflejan la historia, la geografía, el tamaño y la densidad de población de cada lugar. Sin embargo, no hay grandes ciudades con niveles elevados de uso tanto de la bicicleta como del transporte público. Dado el nivel relativamente alto de uso del transporte público en el pasado, no está nada claro que el ciclismo vaya a aumentar sustancialmente en Londres. Aun así, el simple hecho de crear carriles bici reduce el espacio vial para los automóviles, independientemente de cuánto se usen esos carriles.

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La COVID ha tenido un gran impacto en el uso del transporte público en Londres: los viajes en autobús y metro todavía se sitúan en el 70-75 % de los niveles anteriores a la pandemia. El déficit financiero podría obligar a Transport for London a reducir los servicios, a menos que el Gobierno ofrezca más apoyo.

En estas circunstancias, no sería posible invertir más en nuevas líneas ferroviarias, tanto de metro como de superficie. Por ello, invertir en infraestructura ciclista sería la opción más sensata para reducir el uso del automóvil en Londres, tanto al fomentar la bicicleta como alternativa como al reducir las posibilidades de desplazarse en coche.

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