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La contaminación lumínica mundial se está disparando y sus efectos son de gran alcance: según diversos estudios, afecta a la salud humana, el medioambiente y la naturaleza.
Los expertos afirman que deben tomarse medidas inmediatas para limitar la luz artificial nocturna en las principales ciudades y dentro de las viviendas.
El informe del Foro Económico Mundial Nature Positive: Perspectivas de líderes para la transición en las ciudades analiza cómo podemos garantizar que nuestras ciudades se desarrollen en armonía con el medioambiente.
Antes de la invención de la luz eléctrica, las personas vivían, dormían y trabajaban en gran medida siguiendo la luz del día. Este ritmo natural de día y noche está inscrito en todos los seres vivos, desde las personas hasta las plantas.
Pero la patente de Thomas Edison de 1880 para la lámpara incandescente allanó el camino y, desde mediados del siglo XX, la iluminación eléctrica es habitual en la mayoría de los hogares del mundo desarrollado. Desde entonces, hemos iluminado nuestras casas, oficinas y calles hasta el punto de que un artículo de 2016 concluyó que la contaminación lumínica nocturna cubre casi el 80 % del planeta. Con los crecientes avances tecnológicos y la urbanización, cada vez hay más luz: las zonas iluminadas artificialmente del mundo se expanden a un ritmo estimado del 2,2 % al año.
Y este drástico alejamiento de los ciclos naturales de luz afecta a la fauna, la biodiversidad, la salud humana y la eficiencia energética mundial.
¿Qué es la contaminación lumínica?
Aunque una definición ampliamente aceptada de la contaminación lumínica es la luz generada por la actividad humana que dificulta ver los objetos del cielo nocturno, cada vez hay más pruebas de que su impacto va más allá de limitar la posibilidad de observar las estrellas.
La oscuridad del cielo nocturno afecta a la fauna, incluidos los murciélagos, las aves migratorias y los insectos. La contaminación lumínica amenaza la salud y los ciclos naturales de las personas, desperdicia energía y dinero, y altera los ecosistemas.
¿Por qué es un problema la contaminación lumínica?
Las consecuencias de la contaminación lumínica son de gran alcance y pueden suponer riesgos graves para muchos aspectos de la vida en la Tierra. Estas son algunas de las asociaciones demostradas o que se están investigando:
1. La contaminación lumínica altera los patrones de la fauna y perjudica la biodiversidad
Los estudios muestran que las aves, los murciélagos y los insectos se encuentran entre los seres vivos afectados por la contaminación lumínica.
Las aves migratorias dependen de la luz natural para orientarse y las interrupciones pueden provocar colisiones y errores de navegación en sus largos desplazamientos. Las tortugas marinas confunden la luz artificial con la luz de la luna y se alejan del océano; millones de crías mueren así cada año.
La luz artificial altera a las polillas nocturnas y, según otro estudio, podría haber reducido a la mitad el número de orugas. Además, los destellos de apareamiento de las luciérnagas pueden verse perturbados por incluso los breves destellos de los faros de los vehículos. Esto tiene consecuencias en cadena para los animales que se alimentan de ellas.
El exceso de luz también puede alterar los hábitos y los ciclos reproductivos de los murciélagos.
Los patrones y hábitos de otros animales nocturnos —como búhos, tejones, ratones y ranas— también se ven afectados. Por ejemplo, los animales que aprovechan la oscuridad para cazar o esconderse sufren alteraciones que afectan a las redes tróficas. Se ha demostrado que los murciélagos evitan las zonas iluminadas porque quedan expuestos a depredadores como los búhos.
Los efectos no se limitan a los animales terrestres: los peces también adaptan su comportamiento en respuesta a la luz, por ejemplo, desplazándose a aguas más profundas.
2. La contaminación lumínica se asocia con riesgos para la salud humana
Los seres humanos tampoco están exentos de los efectos que la luz artificial tiene en los animales; los estudios muestran que altera el reloj biológico del cuerpo y dificulta los ciclos del sueño.
Y lo que es peor, un estudio halló que la luz artificial estaba «significativamente correlacionada con todas las formas de cáncer», incluidos, por separado, los cánceres de pulmón, mama, colorrectal y próstata.
«Deben tomarse medidas inmediatas para limitar la luz artificial nocturna en las principales ciudades del mundo y también dentro de las viviendas», escribieron los autores de otro estudio.
3. La luz nocturna desperdicia energía y dinero y contribuye al cambio climático
Ahorrar energía es una de las formas más fáciles de combatir el cambio climático. Dejar encendidas las luces artificiales —por ejemplo, en oficinas o tiendas fuera del horario laboral— se denomina «sobreiluminación»; reducirla es una de las formas más fáciles de disminuir la contaminación lumínica y ahorrar energía.
Un estudio de la Comisión Europea mostró que las luces de las ciudades reducen la depuración nocturna de la atmósfera y disminuyen la eliminación de óxidos de nitrógeno.
El informe del Foro Económico Mundial Nature Positive: Perspectivas de líderes para la transición en las ciudades analiza cómo podemos afrontar los desafíos de la urbanización y sus efectos en el medioambiente. Destaca el papel de las instituciones privadas y la sociedad civil a la hora de garantizar que el desarrollo urbano se produzca en armonía con la naturaleza.
Entonces, ¿qué podemos hacer frente a la contaminación lumínica?
La buena noticia es que la contaminación lumínica es reversible, lo que la distingue de muchas otras formas de contaminación.
¿Qué medidas pueden tomarse? La Asociación Internacional por el Cielo Oscuro ofrece los siguientes consejos:
1. Reduzca el uso de la luz e instálela solo donde sea realmente necesaria y con el menor brillo posible.
2. Use controles como reguladores de intensidad, temporizadores y sensores de movimiento para que las luces sean lo más eficientes posible.
3. Use pantallas para dirigir la luz hacia el suelo y reducir el deslumbramiento.
4. Siempre que sea posible, use luces de tonos cálidos y limite el uso de luces de longitud de onda azul, que se consideran las más perjudiciales.
«A diferencia de muchos otros problemas medioambientales que afronta el mundo, resolver la contaminación lumínica es sencillo, ahorra dinero y ofrece resultados inmediatos», afirma Ruskin Hartley, director ejecutivo de la Asociación Internacional por el Cielo Oscuro.

