La palabra «genio» se asocia universalmente con el nombre de Leonardo da Vinci: auténtico hombre del Renacimiento, encarnó el espíritu científico, el talento artístico y la sensibilidad humanista. Han pasado exactamente 500 años desde que Leonardo murió en su hogar, el Château du Clos Lucé, a las afueras de Tours, Francia. Sin embargo, su pensamiento está lejos de haber caído en el olvido: ha perdurado a lo largo de los siglos y todavía hoy sorprende.
El Renacimiento marcó la transición de la Edad Media a la modernidad, después de que la propagación de la peste provocara una crisis mundial que causó unos 200 millones de muertes en Europa y Asia. Hoy, el mundo está al borde de una crisis climática que se prevé que causará desplazamientos generalizados, extinciones y muertes si no se aborda. Entonces, como ahora, hacían falta soluciones radicales para revolucionar la forma de vida de las personas y proteger a la humanidad frente a la catástrofe.
Hacia 1486, tras una epidemia que acabó con la mitad de la población de Milán, Leonardo centró sus pensamientos en los problemas de la planificación urbana. Siguiendo una tendencia propia del Renacimiento, empezó a concebir un proyecto de «ciudad ideal» que, debido a sus costes excesivos, nunca se llevaría a cabo. Sin embargo, dado que los modelos urbanos insostenibles son una causa clave del cambio climático mundial actual, es natural preguntarse cómo podría haber cambiado Leonardo el aspecto de las ciudades modernas.
El nacimiento del urbanismo
Aunque el Renacimiento es célebre como una era de avances extraordinarios en el arte y la arquitectura, rara vez se señala que el siglo XV también marcó el nacimiento del urbanismo como verdadera disciplina.
El rigor y el método detrás de la concepción consciente de una ciudad habían estado prácticamente ausentes del pensamiento occidental hasta que destacados hombres del Renacimiento impulsaron proyectos urbanos a gran escala, como la reconfiguración de Pienza, la ampliación de Ferrara y la construcción de la ciudad fortificada de Palmanova.

Sin duda, estas obras inspiraron a Leonardo a replantearse el diseño de las ciudades medievales, con sus calles sinuosas y abarrotadas y sus casas apiñadas unas contra otras.
Descubrir la ciudad de Leonardo
No es fácil identificar una visión coherente de la ciudad ideal de Leonardo, debido a su manera desordenada de trabajar con notas y bocetos. Sin embargo, a partir de fuentes como el Manuscrito B de París y el Códice Atlántico —la mayor colección de documentos de Leonardo reunida hasta la fecha— se puede reconstruir una serie de ideas innovadoras sobre la fundación de una nueva ciudad junto al río Tesino, concebida para facilitar el transporte de mercancías y contar con espacios urbanos limpios.

Leonardo quería una ciudad cómoda y espaciosa, con calles y arquitectura bien ordenadas. Recomendaba «murallas altas y sólidas», con «torres y almenas de toda la belleza necesaria y agradable», y consideraba que el lugar debía tener «la sublimidad y magnificencia de un templo sagrado» y «la conveniente disposición de las viviendas privadas».
Sus planes para una ciudad «moderna» y «racional» eran coherentes con los ideales renacentistas. Pero, en consonancia con su personalidad poco convencional, Leonardo incorporó varias innovaciones a su diseño urbano. Quería que la ciudad se construyera en varios niveles, conectados por escaleras verticales. Este diseño puede verse en los edificios de gran altura actuales, pero en aquella época era absolutamente innovador.
De hecho, su idea de aprovechar al máximo los espacios interiores colocando tramos de escaleras en el exterior de los edificios no se puso en práctica hasta las décadas de 1920 y 1830, con el nacimiento del movimiento modernista. En los niveles superiores de la ciudad, la gente podría pasear sin interrupciones entre palacios elegantes y calles; el nivel inferior se reservaría para los servicios, el comercio, el transporte y la industria.
Pero la verdadera originalidad de la visión de Leonardo residía en la fusión de arquitectura e ingeniería. Leonardo diseñó extensas instalaciones hidráulicas para crear canales artificiales por toda la ciudad. Se suponía que los canales, regulados mediante esclusas y dársenas, facilitarían la navegación de las embarcaciones tierra adentro y el transporte de mercancías.
Leonardo también pensaba que el ancho de las calles debía corresponderse con la altura media de las casas colindantes: una regla que aún se sigue en muchas ciudades italianas actuales para permitir el paso de la luz solar y reducir el riesgo de daños por terremotos.
Ficción y futuro
Aunque algunas de estas características existían en las ciudades romanas, antes de los dibujos de Leonardo nunca había habido una ciudad moderna, compacta y de varios niveles, concebida con un planteamiento técnico exhaustivo. De hecho, algunas de sus ideas no se aplicaron hasta el siglo XIX. Por ejemplo, la división de la ciudad según sus funciones —con los servicios y las infraestructuras en los niveles inferiores y, arriba, amplios bulevares y paseos bien ventilados para los residentes— es una idea que aparece en la renovación de París llevada a cabo por Haussmann bajo el emperador Napoleón III.
Hubo que esperar hasta el siglo XX para ver las mismas ideas representadas en la ciudad vertical de los arquitectos futuristas, o en la ciudad moderna de Hilberseimer o Le Corbusier; también aparecen en relatos distópicos como Metrópolis de Fritz Lang y Blade Runner, de Philip Dick. Sin duda, crear una ciudad con distintos niveles abre la posibilidad de que aumente la desigualdad entre sus habitantes.
Hoy, las ideas de Leonardo no solo siguen vigentes, sino que también señalan un camino para la planificación urbana. Muchos estudiosos creen que la ciudad compacta —construida hacia arriba en vez de extenderse, integrada con la naturaleza (especialmente con los sistemas hídricos) y dotada de una infraestructura de transporte eficiente— podría ayudar a que las ciudades modernas fueran más eficientes y sostenibles. Esta es otra razón más por la que Leonardo estaba tan en sintonía con la planificación urbana moderna, siglos antes de su época.

