Ciudades inteligentes, más que smart, pueden abordar las raíces de los retos urbanos

The Toronto city skyline is shown in this aerial photo over Lake Ontario in Toronto November 1, 2015. REUTERS/Hyungwon Kang - GF20000042633
An intelligent approach to cities is a reflexive and responsive way to address urban challenges.Image: REUTERS/Hyungwon Kang - GF20000042633
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El término “ciudad inteligente” ha ganado popularidad, pero la etiqueta sigue evocando el uso de tecnologías para resolver problemas operativos. Más bien, las ciudades son complejas y necesitan esfuerzos inteligentes, transformadores y comprometidos.

Los objetivos de desarrollo sostenible como la salud, la vivienda, la educación, la energía, el hambre y la felicidad han sido siempre cuestiones urbanas. En 1994, la Carta Europea de Ciudades y Pueblos hacia la Sostenibilidad lo expresa bien:

“en el transcurso de la historia, nuestras ciudades han existido dentro de imperios, estados-nación y regímenes, y les han sobrevivido, y han sobrevivido como centros de la vida social, portadores de nuestras economías y guardianes de la cultura, el patrimonio y la tradición… Las ciudades han sido los centros de la industria, la artesanía, el comercio, la educación y el gobierno… la vida humana sostenible en este planeta no puede lograrse sin comunidades locales sostenibles.”

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Aparte de la distribución de ingresos, eliminar los silos en favor de un modelo de gobernanza colaborativa con responsabilidad compartida ayudaría. Por ejemplo, la cuestión de los residuos exige actuar en varios frentes: más ciudadanos, empresas y organizaciones que participan en el diseño y la implementación de un ecosistema holístico.

Incentivos para el desarrollo de ciudades inteligentes

El reto para los responsables políticos y los gobiernos es cómo estimular el desarrollo de procesos de planificación colaborativa inteligentes, dada la digitalización, el rápido ritmo del cambio tecnológico, el calentamiento global y las crecientes necesidades de desarrollo sostenible por un lado, y la reticencia al cambio organizativo y el cambio en nuestras vidas individuales por el otro.

Existen dudas sobre el valor de los enfoques de arriba abajo o de abajo arriba. China y Europa tienen sistemas diferentes —uno es de arriba abajo y el otro de abajo arriba— y, sin embargo, logran, colaboran y aprenden unos de otros.

Existen dudas en torno a los enfoques centrados o flexibles. Estados Unidos lanzó un reto de ciudad inteligente con un enfoque en la movilidad mientras que el enfoque de Canadá para el desarrollo de ciudades inteligentes invitó a las comunidades a elegir su reto y sus soluciones.

Un tema clave para las ciudades en la actualidad es la importancia de la colaboración y las alianzas más allá de sus propias fronteras. En un capítulo del próximo libro, Soluciones innovadoras para crear ciudades sostenibles, Sylviane Toporkoff y Gérald Santucci señalan que, a comienzos del siglo XXI, el péndulo se desplazó de forma más visible de las ciudades competitivas a las ciudades cooperativas, especialmente en Europa.

El fenómeno comenzó con el Cuarto Programa Marco de la Unión Europea, para acelerar la innovación y el crecimiento. Le siguieron varias iniciativas colaborativas, entre ellas Eurocities y las Grandes Ciudades de Europa. Esto reflejó el reconocimiento de que las ciudades tenían problemas individuales y distintas formas de resolverlos, pero aun así necesitaban colaborar, cocrear y compartir en lugar de limitarse a competir. La diferenciación y la competencia tienen su lugar, pero también lo tienen la equidad y la eficiencia.

Experiencia canadiense

El Desafío de Ciudades Inteligentes de Canadá, anunciado en 2017, invitó a presentar demostraciones de enfoques que utilizaran datos y tecnologías en red. Se pidió a las comunidades participantes que se involucraran con sus ciudadanos para proponer soluciones a un reto local o regional significativo. Las comunidades de todo Canadá celebraron cientos de consultas con sus ciudadanos e informaron sobre el valor del ejercicio. Se fomentaron las alianzas y las colaboraciones, y todos los solicitantes contaban con partes interesadas internas preparadas para contribuir. Curiosamente, un puñado optó por crear una red de varias comunidades para abordar problemas comunes.

Image: Impact Canada

Como asesor especial del programa de Ciudades Inteligentes y como académico, reflexioné sobre las 130 solicitudes admisibles y las clasifiqué en tres líneas:

El cuarenta y uno por ciento se relacionó con la mejora del bienestar de la ciudadanía mediante la salud (física y emocional), una mayor participación comunitaria y la seguridad. El uso de aplicaciones móviles para difundir información, monitorear con sensores y cámaras, y la autogestión fueron ideas populares. Algunos proyectos propusieron desarrollar redes para mejorar el acceso a la vivienda y a los alimentos. Otros sugirieron nuevas redes empresariales multigeneracionales y multiculturales para orientar a grupos destinatarios, mejorar el sentido de pertenencia y reducir el aislamiento.

El treinta y uno por ciento quería mejorar el medio ambiente y la movilidad mediante nuevas fuentes de energía. Estos proyectos propusieron gestionar el consumo energético y el tráfico, ofrecer transporte multimodal, promover el uso de la bicicleta y facilitar el uso de vehículos eléctricos con estaciones de carga. Otros analizaron el transporte autónomo, la gestión de residuos y la vigilancia ambiental.

El veintiocho por ciento se centró en el desarrollo económico, incluidos sistemas de apoyo a empresas emergentes, la atracción de trabajadores del conocimiento y de industrias tecnológicas, el diseño de nuevos programas educativos y la modernización de sectores específicos de la economía con herramientas digitales.

Cuatro proyectos recibieron financiación. Los temas de los proyectos financiados incluyeron: el acceso a los alimentos y el desarrollo de una economía circular; el intercambio de datos comunitarios para apoyar el desarrollo; la gestión de la energía en los hogares y en la ciudad; el seguimiento de la salud y la mejora de los sistemas; la preservación de la cultura indígena; iniciativas de transporte y movilidad sostenibles; la gestión de riesgos ambientales; y la seguridad de la infancia y de las personas mayores (como la reducción de riesgos para las personas mayores y el establecimiento de sistemas para el desarrollo saludable de la juventud).

Experiencia europea

El enfoque europeo alentó a las organizaciones a asociarse, cocrear, compartir, modelar, innovar y replicar. Hay más de 100 proyectos urbanos individuales incluidos en el sitio web de la Ciudad Inteligente Europea. Los proyectos se clasifican en seis áreas: economía inteligente, personas, gobernanza, movilidad, medio ambiente y habitabilidad. Es la combinación de estas seis áreas lo que empieza a llevar a las ciudades de lo smart a lo inteligente, y los criterios animan a las ciudades a avanzar en varias líneas.

Compartir conocimientos y recursos es clave. Los proyectos piloto como la red eléctrica inteligente de Issy en la periferia de París, que integra la producción local de energía renovable, deben replicarse y están ampliamente difundidos.

Los enfoques colaborativos entre ciudades se están convirtiendo en una nueva norma y generan innovaciones y oportunidades interesantes; por ejemplo, siete municipios en el marco de URBiNAT están regenerando e integrando la vivienda social mediante soluciones basadas en la naturaleza. Otro ejemplo es Fabrication City, donde 28 ciudades desarrollan la sostenibilidad a través de economías circulares y fortalecen el emprendimiento local.

Las ciudades deben pasar de formas convencionales de gestión centradas en soluciones inmediatas a enfoques smart e inteligentes que aborden las causas profundas. Estoy convencido de que las lecciones aprendidas de proyectos urbanos smart e inteligentes de todo el mundo pueden abrir nuevas vías para crear lugares saludables, sostenibles y felices para todos.

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