Cómo la mejora de competencias podría ayudar a las ciudades a recuperarse tras el coronavirus

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  • Las ciudades afectadas por la COVID-19 deberán reciclar profesionalmente a los trabajadores que han perdido su empleo durante la pandemia o correrán el riesgo de perder residentes.

  • Los programas y las alianzas específicas pueden orientar a los trabajadores hacia sectores en los que las empresas están contratando.

Imagine que los millones de personas que han perdido su empleo durante la pandemia pudieran reciclarse profesionalmente para desempeñar carreras en ciberseguridad, programación de software y otros campos tecnológicos. Imagine que las ciudades trabajaran con empresas locales, universidades y organizaciones sin ánimo de lucro para ajustar mejor las necesidades de la mano de obra a los candidatos cualificados.

Esta perspectiva no es tan descabellada como puede parecer. Incluso antes de que la COVID-19 trastocara la economía mundial, algunas ciudades ya habían empezado a reciclar profesionalmente a trabajadores para empleos tecnológicos y sanitarios de alta demanda, menos propensos a ser eliminados por la automatización. Calgary, por ejemplo, desarrolló un enfoque multifacético para atraer a empresas tecnológicas y modernizar su mano de obra. Denver, Boston y Nueva York se han asociado con organizaciones sin ánimo de lucro ya existentes, como Per Scholas, para preparar a residentes de bajos ingresos para empleos tecnológicos mejor remunerados. Otras, como Singapur, pusieron en marcha con rapidez ambiciosos programas de reciclaje profesional para hacer frente a la devastación económica causada por el coronavirus.

¿Por qué las ciudades?

Las órdenes de confinamiento domiciliario impuestas para limitar la propagación del coronavirus han dejado a millones de personas en paro en todo el mundo, y casi el 90 por ciento de las ciudades estadounidenses prevé déficits de ingresos, según la Liga Nacional de Ciudades y la Conferencia de Alcaldes de los EE. UU. Muchos gobiernos europeos pusieron en marcha programas para limitar el daño, pero el desempleo en los 19 países del euro subió en junio hasta el 7,8 por ciento. El impacto en Estados Unidos ha sido mucho peor. El desempleo fue del 10,2 por ciento en julio, y golpeó con más fuerza a las comunidades negras, latinas y más pobres.

Las ciudades deben dar prioridad a los programas de reciclaje profesional incluso cuando se enfrentan a recortes presupuestarios. Conocen bien lo que necesitan los residentes y tienen mucho que perder si las personas siguen en paro o se trasladan para encontrar trabajo. Ya el dos por ciento de los residentes urbanos se ha mudado de forma permanente o temporal a causa de la COVID-19, y otro 19 por ciento planea trasladarse o se inclina a hacerlo, según una reciente encuesta del Oliver Wyman Forum de unos 1.100 estadounidenses.

Ofrecer mejores oportunidades de reciclaje profesional podría ayudar a las ciudades a retener a sus residentes y a los empleadores que buscan esas competencias. Alrededor del 40 por ciento de los encuestados estadounidenses considera la coincidencia de perfiles laborales y el reciclaje profesional entre los cuatro servicios principales que deberían estar disponibles en las ciudades tras el coronavirus, después del acceso a atención sanitaria gratuita o subvencionada, la infraestructura de conectividad y la gestión energética ecológica.

Image: Oliver Wyman

Aunque todavía es pronto para determinar los cambios estructurales a largo plazo derivados de la pandemia, cuando las empresas se recuperen, la composición de la mano de obra probablemente será diferente debido a la reciente aceleración del comercio electrónico, la telemedicina y el trabajo a distancia. Para garantizar que sus residentes dispongan de las competencias necesarias, las ciudades deben asociarse ya con centros educativos, organizaciones sin ánimo de lucro y el sector privado para comprender mejor qué tipos de empleos se necesitarán, cuándo y dónde se prevé que aumente la demanda de determinadas competencias, y quién podrá impartir la formación necesaria de alta calidad.

Casos prácticos

  • Singapur: un enfoque holístico
    Algunas ciudades ya cuentan con programas en marcha que están marcando la diferencia. Singapur sufrió considerablemente al contener la pandemia. Prevé que el producto interior bruto del conjunto del año se contraiga entre un 5 y un 7 por ciento, la mayor caída de su historia. El gobierno respondió casi de inmediato a la crisis con múltiples paquetes de estímulo. Gran parte de la inversión de unos 66.000 millones de dólares se destina a empresas en forma de préstamos o para mantener a los trabajadores en nómina, pero la ciudad-estado también destina unos 2.000 millones de dólares a recualificar a trabajadores.

    Desde marzo, el programa de recualificación ha colocado a más de 12.000 personas en nuevos empleos, entre ellos muchos en los sectores sanitario y digital. El objetivo es ayudar a 100.000 trabajadores mediante la creación de 40.000 empleos en los sectores público y privado, 25.000 períodos de prácticas ofrecidos por empresas y 30.000 plazas en programas de formación patrocinados por el gobierno. Los nuevos empleos del sector público atenderán las necesidades a largo plazo de Singapur, como la sanidad y la educación infantil temprana, así como puestos inmediatos para ayudar en la atención relacionada con la COVID-19.

  • Calgary: un enfoque específico.
    Calgary no tuvo más remedio que cambiar de rumbo cuando la caída de los precios del petróleo y un cambio estructural en el sector energético eliminaron miles de empleos bien remunerados. La tasa de desempleo pasó del 4,5 por ciento en 2014 al 7 por ciento en 2015, y superó el 15 por ciento cuando la COVID-19 golpeó este año. La comunidad creó una estrategia económica, Calgary in the New Economy, dirigida por una mesa redonda de directores ejecutivos, que trabajó con 1.800 líderes locales y partes interesadas de la comunidad.

    La estrategia incluye programas para apoyar a las empresas emergentes tecnológicas, promover la educación en ciencias y matemáticas, reciclar profesionalmente a los trabajadores y atraer nuevas empresas. En febrero puso en marcha un programa de desarrollo de competencias tecnológicas de corta duración para profesionales del petróleo y el gas de mediana carrera desplazados. El objetivo es duplicar el número de ingenieros de software de la ciudad y aumentar el número de empresas tecnológicas de 250 a 1.000 en los próximos 10 años.

    “Tenemos un largo camino por delante, pero creo que estamos haciendo lo correcto”, nos dijo Mary Moran, presidenta y consejera delegada de Calgary Economic Development. “Me quita el sueño pensar en estas personas tan brillantes. Es un desperdicio trágico de talento realmente valioso, y el cambio no puede llegar lo bastante rápido”.

Posibles soluciones y alianzas

Muchas ciudades ya colaboran con organizaciones sin ánimo de lucro locales o nacionales que ofrecen programas de formación y colocación laboral. Las ciudades deberían fomentar estas alianzas y apoyarse en programas como Per Scholas, que se está ampliando para atender la creciente demanda. Esta organización, con 25 años de trayectoria, ofrece formación tecnológica gratuita en 14 sedes de ciudades como Atlanta, Detroit y Filadelfia. Alrededor del 40 al 45 por ciento de sus participantes tiene un título de educación secundaria o equivalente, y el resto tiene al menos algún grado de estudios universitarios o de posgrado. Gran parte del coste se compensa con los ingresos que Per Scholas recibe al crear programas de formación personalizados para empresas, lo que le permite construir un modelo más sostenible que depender únicamente de contribuciones gubernamentales o benéficas.

"Las ciudades deben asociarse ya con centros educativos, organizaciones sin ánimo de lucro y el sector privado para comprender mejor qué tipos de empleos se necesitarán, cuándo y dónde se prevé que aumente la demanda de determinadas competencias, y quién podrá impartir la formación necesaria de alta calidad."

Per Scholas tiene su mayor operación regional en Nueva York, donde ha formado a más de 5.000 residentes en sedes de El Bronx y Brooklyn. Alrededor del 80 por ciento de sus graduados consigue empleos tecnológicos en el plazo de un año. Por lo general, los salarios de los graduados aumentan tras la graduación, de 9.000 a al menos 36.000 dólares. Durante la COVID-19, la organización se ha reorientado hacia un modelo de formación a distancia totalmente remoto y ha seguido ampliándose este verano a sedes en Charlotte, N.C., y Chicago, Illinois. “Creemos que gran parte del talento de nuestro país está oculto a plena vista”, afirma Damien Howard, vicepresidente ejecutivo de iniciativas sociales de la organización.

Cada ciudad tiene retos y recursos distintos. Se necesitan una visión compartida, un compromiso a largo plazo y una comunicación sólida entre organizaciones sin ánimo de lucro, gobierno, mundo académico y empresas para impulsar cambios estructurales. Pero las ciudades que mejor identifiquen las necesidades laborales futuras, creen alianzas eficaces y ofrezcan las oportunidades educativas adecuadas estarán mucho mejor posicionadas para reciclar profesionalmente, ya, a trabajadores desempleados y subempleados para empleos que serán necesarios en el futuro.

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