La disrupción digital está transformando nuestra manera de imaginar las ciudades. Al adentrarnos en la Cuarta Revolución Industrial, debemos cuestionar las formas tradicionales de pensar sobre cómo gestionamos nuestras ciudades y recursos. ¿Es necesario que los camiones de basura se detengan cada semana en todos los contenedores? ¿Cómo podemos detectar las fugas más rápido para no desperdiciar tanta agua? ¿Seguimos necesitando tener nuestro propio coche?
Las ciudades están bajo presión: pese al deterioro de sus infraestructuras, deben acoger cada año a miles de personas que llegan en busca de mejores empleos, servicios y oferta cultural. Actualmente, las ciudades consumen el 60% de la energía mundial y generan el 70% de las emisiones de gases de efecto invernadero y de los residuos globales. Las exigencias que afrontan siguen aumentando, mientras que los presupuestos se reducen. Ya no podemos permitirnos, ni desde el punto de vista medioambiental, ni político ni económico, ignorar el impacto que nuestro consumo tiene en el planeta.
En Estados Unidos, por ejemplo, aproximadamente el 70% de los trayectos en coche son de menos de dos millas. ¿Y si no usáramos el coche para esos desplazamientos cortos y fuéramos a pie, en bicicleta o en otros medios de transporte público o privado? Si las ciudades facilitaran alternativas (quizá mediante la tecnología), podríamos ahorrar unos 900 millones de dólares en combustible, mantenimiento de automóviles y sustitución de neumáticos; reducir las emisiones de CO2 en unos 2 millones de toneladas métricas; y retirar de la circulación hasta 400.000 coches al año, según la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos.
Del mismo modo, ¿qué pasaría si el trabajo se trasladara fuera del centro de las ciudades, a centros de trabajo inteligentes, como hizo Ámsterdam hace unos años, con importantes reducciones de costes? Estos cambios permiten aprovechar mejor los recursos, reducir el uso de los costosos inmuebles del centro, disminuir el tráfico y la contaminación, y que los empleados trabajen fuera del centro de la ciudad o desde casa.
Una nueva agenda mundial para frenar el consumo desmedido y los residuos se estableció en 2016, en la Conferencia Hábitat III celebrada en Quito, Ecuador. Su objetivo es aplicar los últimos Objetivos de Desarrollo Sostenible, acordados por los 193 Estados miembros de las Naciones Unidas y compuestos por 17 metas concretas para erradicar la pobreza, promover el crecimiento económico y la prosperidad, mejorar la salud y la educación, y proteger el planeta.
Los Objetivos de Desarrollo Sostenible alientan a los gobiernos y al sector privado a centrarse en las tres dimensiones del desarrollo sostenible: prosperidad económica, inclusión social y sostenibilidad medioambiental.
La iniciativa de Cisco Smart+Connected Communitiescolabora con ciudades y comunidades de todo el mundo para ayudarlas a evaluar la eficacia con que funcionan sus sistemas —humanos, mecánicos y digitales— y cómo hacerlos más eficientes, preservando al mismo tiempo las características que hacen única a cada ciudad.
A continuación, pueden convertir esa información en medidas concretas y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y otras emisiones mediante mejores soluciones de movilidad; o una mejor gestión de residuos y agua; o la reutilización y el reciclaje de materiales, integrando sistemas existentes en nuevas soluciones; o actualizando únicamente los componentes que deban sustituirse.
Las soluciones para ciudades inteligentes dependen del Internet de las cosas: millones de dispositivos conectados a una red. Esta permite recopilar datos de esos dispositivos para hacer un seguimiento de la eficiencia y el estado operativo de productos, componentes y materiales, así como de su reutilización y recuperación.
Las conexiones más densas y los datos más oportunos hacen posibles nuevos modelos de negocio y participación. Estos modelos también han ampliado las posibilidades de compartir información entre organismos municipales, dirigentes de las ciudades, residentes, visitantes y empresas.
También es importante considerar cómo pueden influir en las ciudades la inteligencia artificial, el aprendizaje automático, la realidad aumentada y virtual y las tecnologías de registro distribuido, como la cadena de bloques, y cómo pueden contribuir a una economía circular.
Por ejemplo, ¿podría la «cobótica» (robots que colaboran con las personas) cambiar las oportunidades laborales de nivel inicial? ¿Podría la impresión 3D trastocar la producción en masa? ¿Podrían los sistemas de registro distribuido cambiar la forma en que gestionamos las votaciones o los historiales médicos? Y, a su vez, ¿provocarán estos cambios grandes transformaciones en los sistemas que sustentan la economía?
La sostenibilidad también implica resiliencia, es decir, la capacidad de recuperarse rápidamente de las dificultades. Las tecnologías de agregación e intercambio de datos pueden ayudar a las ciudades a evaluar riesgos, preparar planes de contingencia y tomar decisiones más eficaces basadas en datos en tiempo real durante desastres naturales o provocados por el ser humano, para mejorar la protección de sus residentes e infraestructuras y mitigar el impacto.
En París, Cisco trabaja con nuestro socio Breezometer para ayudar a la ciudad a recopilar datos sobre tráfico, ruido y contaminación del aire que orienten sus iniciativas de planificación urbana. Nuestro trabajo en Copenhagueayuda a la ciudad a alcanzar su objetivo de neutralidad en carbono para 2025. Nuestro trabajo con Jaipur, Adelaida y Las Vegas se centra en formas de mejorar la vida cotidiana, ya sea mediante una mayor participación ciudadana, la reducción del consumo y los costes energéticos o una mayor seguridad vial para peatones, ciclistas y conductores. Esta tecnología puede proporcionar información en tiempo real a los equipos de emergencia sobre qué hospitales pueden atender de inmediato a grupos de víctimas de desastres o qué albergues para personas sin hogar tienen camas disponibles.
Los principios de redefinición, restauración y regeneración también dan forma a la agenda de Cisco para sus entornos de trabajo. En 2010, asumimos el compromiso de crear cadenas de logística inversa: una forma de optimizar las devoluciones de productos que permite recuperar su valor residual. En el último ejercicio fiscal, se devolvieron a Cisco 11.400 toneladas métricas de productos para su reutilización, reacondicionamiento o reciclaje. Para mejorar el proceso de devolución, Cisco está probando un nuevo programa llamado Send IT Backque busca mejorar la experiencia de devolución para los clientes y abordar algunos de los problemas comerciales que dan lugar a esas devoluciones.
Ese año, el 80% de la electricidad que consumimos en todo el mundo procedió de fuentes renovables, y alcanzamos un importante objetivo medioambiental: reducir las emisiones directas e indirectas de gases de efecto invernaderoen un 40% con respecto a los niveles de 2007. Ahora nos centramos en el siguiente objetivo: reducir las emisiones en un 60% para 2022.
Es importante reconocer que la tecnología no solo puede ofrecer respuestas a los problemas que afrontamos, sino que, de manera aún más fundamental, puede cambiar las preguntas que hacemos para comprender de verdad nuestras opciones. Con nuevos conjuntos de datos disponibles y nuevas formas de analizarlos en conjunto, ahora podemos evaluar si realmente necesitamos realizar las actividades de gran consumo de recursos a las que nos hemos acostumbrado.
En la reunión del Foro Económico Mundial celebrada en Davos en enero, el director ejecutivo de Cisco, Chuck Robbins, se sumó a lainiciativa Platform for Accelerating the Circular Economy (PACE)junto con otros líderes del sector tecnológico, así como el Fondo para el Medio Ambiente Mundial, ONU Medio Ambiente, la Fundación Ellen MacArthur, Accenture Strategy, el Panel Internacional de Recursos y Circle Economy. Con ello, reflejaron su compromiso de explorar nuevas formas de pensar sobre la tecnología, los modelos de negocio y financiación, los residuos de equipos, las emisiones y la reutilización de componentes.
Un ejemplo de cómo adoptamos nuevas formas de pensar sobre sostenibilidad y resiliencia es el Cisco Circular Economy Challengede la Escuela de Posgrado en Negocios WP Carey de la Universidad Estatal de Arizona. El reto, que comenzó a principios de febrero, invita a equipos de estudiantes de posgrado a responder a esta pregunta: «¿Cómo pueden las nuevas tecnologías disruptivas ayudarnos a pasar de una economía lineal de “extraer, producir y desechar” a un sistema más circular y sostenible a largo plazo?». Esperamos conocer las ideas que aporten estos jóvenes cuando el reto concluya el 23 de marzo de 2018. No se lo pierdan.
Más información en nuestro nuevo informe:
La economía circular en las ciudades: evolución del modelo para un futuro urbano sostenible


