La urbanización es una de las megatendencias más decisivas de este siglo. En el próximo minuto, la población urbana mundial aumentará en 145 personas. La urbanización es inevitable.
La urbanización es una parte esencial del crecimiento y acelera el desarrollo económico, pero también plantea desafíos que deben examinarse y abordarse. Entre los principales figuran la insuficiencia de los servicios urbanos, el envejecimiento de las infraestructuras, los asentamientos informales, la pobreza, el aumento de la desigualdad, la escasez de recursos, la inseguridad social y la degradación ambiental.
Para responder a los desafíos que afrontan las ciudades, la Asamblea General de las Naciones Unidas convocó en Quito, en octubre de 2016, la conferencia Hábitat III, la tercera de la serie de conferencias de la ONU sobre vivienda y desarrollo urbano sostenible. Los líderes mundiales adoptaron la Nueva Agenda Urbana y aunaron compromisos para replantear cómo las ciudades planificarán, gestionarán y atenderán las exigencias de la rápida urbanización.
La agenda guiará durante los próximos 20 años los esfuerzos de las naciones, los líderes municipales y regionales, los financiadores del desarrollo internacional y los programas de la ONU para lograr un desarrollo urbano sostenible.
El objetivo central de la agenda es mejorar la vida y el bienestar de las personas y crear una visión compartida de un futuro sostenible. Es universal y se elaboró con una visión a largo plazo centrada en las personas, pero ¿cuánto hemos logrado en los dos años transcurridos desde su lanzamiento?
Los avances hasta la fecha
Las dinámicas de urbanización han evolucionado con el tiempo y han planteado a las ciudades necesidades de desarrollo cambiantes. Se han puesto en marcha agendas mundiales a intervalos regulares, como se muestra en la figura 3, y han orientado a las naciones para sostener el crecimiento urbano de sus ciudades. Es justo decir que estos marcos han ayudado a las ciudades a lograr avances considerables; sin embargo, no se ha conseguido una transformación integral y esta sigue siendo desigual entre regiones y países.
La Nueva Agenda Urbana tiene múltiples vínculos con otros marcos y contribuye directamente al logro de las metas establecidas en los Objetivos de Desarrollo Sostenible, el Acuerdo de París, el Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres, la Agenda de Acción de Addis Abeba y varios otros marcos y acuerdos internacionales.

Dos años después de su adopción, la implementación de la Nueva Agenda Urbana ofrece oportunidades para celebrar y reflexionar sobre los desafíos esenciales y las lecciones aprendidas. Su implementación satisfactoria requiere esfuerzos integrados en todos los niveles de gobierno (regional, nacional y local), sensibilización e incidencia, disponibilidad de recursos financieros, desarrollo de capacidades, innovación y participación. Los avances logrados hasta ahora en los distintos niveles son los siguientes:
A nivel de ciudad, los gobiernos locales han comenzado a orientar sus estrategias de transformación urbana para aplicar los objetivos y las directrices de la Nueva Agenda Urbana. Por ejemplo, la ciudad anfitriona, Quito, ha reforzado sus estrategias y su visión para 2040 al incorporar elementos de la Nueva Agenda Urbana. Otras ciudades, como Yakarta, Madrid y Durban, también están integrando las directrices de transformación de la Nueva Agenda Urbana en sus planes de desarrollo urbano y vinculándolas con otras agendas mundiales;
A nivel regional, los planes de acción y los marcos se reconocen gradualmente como el mecanismo fundamental para la implementación y están incorporando la Nueva Agenda Urbana en la toma de decisiones urbanas, al tiempo que establecen vínculos con otras agendas mundiales. La Agenda Urbana para la Unión Europea, el Plan de Acción Regional para la implementación de la Nueva Agenda Urbana en América Latina y el Caribe, la estrategia árabe para la vivienda y el desarrollo urbano sostenible y el marco regional para África son ejemplos de coherencia entre las agendas regionales, la Nueva Agenda Urbana y las agendas mundiales. A nivel regional, los planes de acción y los marcos se reconocen gradualmente como el mecanismo fundamental para la implementación y están incorporando la Nueva Agenda Urbana en la toma de decisiones urbanas, al tiempo que establecen vínculos con otras agendas mundiales. La Agenda Urbana para la Unión Europea, el Plan de Acción Regional para la implementación de la Nueva Agenda Urbana en América Latina y el Caribe, la estrategia árabe para la vivienda y el desarrollo urbano sostenible y el marco regional para África son ejemplos de coherencia entre las agendas regionales, la Nueva Agenda Urbana y las agendas mundiales;
A nivel nacional, los países están poniendo énfasis en involucrar a los gobiernos locales desde la etapa inicial hasta la ejecución. Según las conclusiones de un informe reciente, más del 50% de los países que hasta ahora han elaborado informes de progreso como parte de los exámenes nacionales voluntarios de los ODS han incluido a los gobiernos locales y regionales en el proceso. Otro 33% de los países ha incluido a los gobiernos locales y regionales en mecanismos de toma de decisiones y consulta de alto nivel. También se hace hincapié en fortalecer el sistema de gobernanza urbana, como muestran los ejemplos de Argentina, Suecia, Arabia Saudita, Colombia, Ghana y Kenia.
Un logro fundamental en la implementación de la actual agenda de Hábitat es el énfasis en hacer un seguimiento eficaz y convertir el mecanismo de monitoreo en una parte central de todo el programa. Aunque el enfoque avanza en la dirección correcta, queda mucho trabajo para establecer un proceso integrado y simplificado de monitoreo y evaluación.
La Nueva Agenda Urbana está generando un clima favorable a la inversión, y fondos como el Fondo Verde para el Clima, el Fondo para el Medio Ambiente Mundial y el Fondo de Adaptación están facilitando inversiones en proyectos de desarrollo urbano. Grandes instituciones financieras, como el Banco Africano de Desarrollo, el Banco Asiático de Desarrollo (BAD), el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial, muestran gran interés y prestan apoyo para desarrollar marcos financieros destinados a inversiones en las ciudades.
La innovación está a la vanguardia de la resolución de problemas en la mayoría de las ciudades. Ciudades como Johannesburgo utilizan la realidad aumentada y métodos de participación juvenil para diseñar una estrategia de espacios públicos. En otros lugares, familias urbanas de bajos ingresos de Malang, Indonesia, financian su propio seguro médico mediante el intercambio de residuos reciclables.
Un comienzo prometedor con margen de mejora
Aunque varios casos apuntan a avances considerables, persisten desafíos de implementación que han limitado la adopción uniforme de la Nueva Agenda Urbana. Entre ellos figuran:
Falta de indicadores medibles: La Nueva Agenda Urbana no cuenta con una lista de indicadores para medir sus avances, a diferencia de los ODS. Se deja a criterio de los gobiernos locales decidir y fijar los indicadores que permitirán hacer un seguimiento y medir los avances de la implementación.
Desarrollo de capacidades: El seguimiento y el monitoreo eficaces requieren la colaboración de múltiples partes interesadas y las capacidades, aptitudes y competencias necesarias para sustentar programas nacionales. Simplificar los procesos y métodos de recopilación de datos, adoptar definiciones y enfoques uniformes, y llevar a cabo la supervisión y la evaluación requiere competencias especializadas, tiempo y acciones coordinadas. Por lo tanto, fortalecer las capacidades nacionales y locales es fundamental para habilitar y crear sistemas que respalden la recopilación, el análisis y la distribución de datos urbanos con fines de monitoreo.
Se han observado ejemplos de desarrollo de capacidades en Asia y Europa: el BAD puso en marcha la Iniciativa de Desarrollo de Ciudades para Asia, y la Agencia Alemana de Cooperación Internacional se centró en desarrollar capacidades para la implementación en 90 ciudades. Sin embargo, deben establecerse buenas prácticas para compartir y ampliar mecanismos que permitan generar un efecto multiplicador.
Marcos institucionales: Se necesitan una evaluación clara, una división de responsabilidades, mecanismos de rendición de cuentas, una estructura de gobernanza bien definida, una toma de decisiones acelerada, una regulación adecuada y mecanismos de coordinación en todos los niveles para garantizar una implementación fluida de la Nueva Agenda Urbana.
Apropiación local: Aunque los gobiernos nacionales han comenzado a involucrar a los gobiernos locales desde las primeras etapas del proceso de planificación, hay un amplio margen de mejora en cuanto a la apropiación, la autoridad suficiente y el poder de decisión.
Participación limitada del sector privado: Los gobiernos de todos los niveles no comprenden plenamente el potencial del sector privado ni la contribución que puede aportar a toda la cadena de valor del desarrollo urbano. Los enfoques de transformación urbana que se necesitan hoy requieren una participación y consulta constantes con el sector privado, el mundo académico y la sociedad civil. Para lograr los resultados previstos de la Nueva Agenda Urbana, es esencial que el sector público cocree junto con la sociedad civil, las instituciones de conocimiento, la ciudadanía y, especialmente, el sector privado.
Hasta ahora, la implementación de la Nueva Agenda Urbana ha sido alentadora y ofrece múltiples buenas prácticas e incentivos que pueden compartirse entre regiones, naciones y ciudades para promover el aprendizaje y la cocreación, y fomentar la coherencia.
Para mantener el impulso, se necesita seguir trabajando, especialmente en el desarrollo de capacidades internas y externas, los marcos institucionales, la colaboración y la definición de procesos y métodos uniformes de recopilación de datos. Están cobrando fuerza buenos ejemplos de mecanismos de recopilación de datos, como la colaboración colectiva, los datos generados por las comunidades y los datos del sector privado, y es preciso replicarlos rápidamente. Mediante esfuerzos colaborativos, es posible establecer las normas, definiciones urbanas y mecanismos de monitoreo adecuados para producir y analizar los datos necesarios en todos los niveles e informar con precisión sobre el desempeño y el estado exactos de la implementación de la Nueva Agenda Urbana.

