Cómo las ciudades esponja de China se preparan para la subida del nivel del mar

A woman walks along the flooded banks of the Huangpu River, Shanghai.
A woman walks along the flooded banks of the Huangpu River, Shanghai.Image: REUTERS/Aly Song
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Todas las ciudades costeras se enfrentan a la subida del nivel del mar, pero algunas se verán afectadas con más dureza que otras. Las ciudades asiáticas se enfrentarán a un panorama especialmente difícil. Una de las razones es que la población de las ciudades costeras está creciendo considerablemente: alrededor de cuatro de cada cinco personas afectadas por la subida del nivel del mar a mediados de este siglo vivirán en Asia Oriental o Sudoriental.

El aumento de las aguas provocará un alza de los precios de los alimentos, más hambre y malestar social. El conservador consenso científico es que un aumento de 1,5 °C en la temperatura global hará que el nivel global del mar suba entre 1,7 y 3,2 pies para 2100. Aunque los gobiernos, las empresas y los ciudadanos logren de algún modo evitar que la temperatura global supere los 2 °C, en 2050 al menos 570 ciudades y unos 800 millones de personas estarán expuestas a la subida del mar y a las marejadas ciclónicas.

No solo están en riesgo las personas y los bienes inmuebles, sino también carreteras, vías férreas, puertos, tierras agrícolas, redes de saneamiento y de agua potable, embalses, así como sistemas de transporte masivo y cables de internet submarinos. Mientras algunas ciudades y naciones costeras quedarán sumergidas, el resto deberá adaptarse, y con rapidez.

Pocas de las ciudades costeras de mayor crecimiento del mundo se han preparado adecuadamente aún para la subida del nivel del mar en el siglo XXI. Para empeorar las cosas, un número creciente de megaciudades, como Shanghái o Yakarta, se están hundiendo al mismo tiempo que el agua de mar se filtra en ellas. Esto no se debe solo a su peso, sino también a la extracción de enormes cantidades de agua subterránea por parte de sus habitantes.

Las ciudades chinas están tomando medidas para mitigar la subida del nivel del mar y adaptarse a ella. Los chinos se vieron motivados en parte por un desastre. En 1998, las peores inundaciones del país en medio siglo causaron la muerte de más de 4.000 personas cuando la cuenca del río Yangtsé se desbordó. Y ciudades enormes como Pekín, que ha más que duplicado su superficie total de suelo en la última década, también han registrado un aumento de las inundaciones. De hecho, aproximadamente 641 de las 654 ciudades más grandes de China sufren inundaciones periódicas, especialmente las extensas megaciudades costeras.

De cara al futuro, el Gobierno chino ha respondido con una combinación de ingeniería dura, estrategias ambientales y centradas en las personas, junto con el reasentamiento de millones de ciudadanos. En particular, en 2014 China puso en marcha la llamada iniciativa de «ciudad esponja».

El término no es originario de China, sino que surgió en Hyderabad (India), cuando las autoridades municipales empezaron a recoger agua de lluvia para compensar la demanda hídrica durante la temporada de siembra. Asimismo, la ciudad vietnamita de Vinh también adoptó una estrategia de «ciudad como esponja» para reducir los efectos de las inundaciones estacionales en zonas urbanas vulnerables.

En el caso de China, la estrategia de esponja exige que el 80% de todo el suelo urbano sea capaz de absorber o reutilizar el 70% del agua de lluvia. El objetivo es reconvertir y readaptar las ciudades, incluidos los espacios públicos, las escuelas y las zonas residenciales, para que puedan absorber más agua. Las ciudades candidatas invierten en pavimentos permeables, estanques y humedales artificiales, y jardines de lluvia que almacenan el exceso de precipitaciones en depósitos y túneles subterráneos. El agua solo se vierte en los ríos cuando los niveles han descendido. Este tipo de proyectos no son baratos, por lo que algunas autoridades municipales están recurriendo a asociaciones público-privadas para cubrir los costes. Y, dado que las subvenciones del Gobierno central finalizarán en 2020, los gobiernos locales se están esforzando por encontrar inversores, entre ellos promotores inmobiliarios, que cubran el próximo déficit de financiación.

No obstante, al menos 30 ciudades forman parte de la iniciativa, entre ellas Shanghái, una de las ciudades más propensas a las inundaciones del mundo. Los chinos esperan que al menos otras 600 se sumen en la próxima década.

Las autoridades de Shanghái depositan enormes expectativas en las estrategias de adaptación. Y no sin buenas razones: para 2050 se prevé que la megaciudad sufra inundaciones y precipitaciones un 20% superiores a la media mundial. La ciudad ya se ve azotada por entre dos y tres tifones cada año.

Para reducir su exposición a la subida del nivel del mar, Shanghái ha construido 520 kilómetros de diques de protección costera, que se extienden por la bahía de Hangzhou y rodean las islas de Chongming, Hengsha y Changzing. Shanghái también ha instalado enormes compuertas mecánicas para regular los ríos desbordados, similares a las barreras establecidas en Róterdam.

Desde Asia hasta Europa y desde África hasta América, la subida del nivel del mar es inevitable. Los esfuerzos de mitigación deben intensificarse. Y la adaptación es esencial. Como mínimo, los gobiernos, las empresas y los ciudadanos deben evitar que la situación empeore aún más.

Actualizar las normas de zonificación y reducir la construcción en zonas costeras y llanuras aluviales de riesgo es el punto de partida adecuado. Elaborar de forma proactiva estrategias para reubicar a las poblaciones vulnerables a la subida del nivel del mar no es menos importante. Las sociedades deberán desarrollar nuevas formas de compartir la carga del cambio climático, incluida la subida del nivel del mar. Esto requerirá modelos de financiación innovadores y alianzas audaces, y, sobre todo, una nueva mentalidad preparada para afrontar tanto el exceso como la escasez de agua.

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