La mayoría de los estadounidenses piensa que las ciudades son lugares ruidosos, pero algunas zonas de las ciudades de EE. UU. son mucho más ruidosas que otras. En todo el país, los barrios con mayores índices de pobreza y una mayor proporción de residentes negros, hispanos y asiáticos registran niveles de ruido superiores a los de otros barrios. Además, en las ciudades con mayor segregación racial, las condiciones de vida son más ruidosas para todos, independientemente de su raza o etnia.
Como investigadores de salud ambiental, nos interesa saber cómo las exposiciones ambientales cotidianas afectan a distintos grupos de población. En un nuevo estudio detallamos nuestros hallazgos sobre la contaminación acústica, que tiene efectos directos en la salud pública.
Los científicos han documentado que los peligros ambientales, como la contaminación del aire y los sitios de residuos peligrosos, no se distribuyen de manera uniforme entre las distintas poblaciones. A menudo, los grupos socialmente desfavorecidos, como las minorías raciales, las personas pobres y quienes tienen un menor nivel educativo, experimentan los niveles más altos de exposición. Estas dos presiones pueden representar un doble riesgo para las poblaciones vulnerables.
Nuestra investigación muestra que, al igual que la contaminación del aire, la exposición al ruido puede seguir un gradiente social similar. Esta carga desigual podría contribuir, en parte, a las disparidades de salud observadas entre diversos grupos en Estados Unidos y otros lugares.
Cartografiar los sonidos de la ciudad
En 2015 encontramos por casualidad una publicación de Smithsonian Magazine sobre el mapa sonoro del Servicio de Parques Nacionales. Las estimaciones de sonido pretenden representar los niveles medios de ruido durante un día o una noche de verano. Se basan en 1,5 millones de horas de mediciones sonoras en 492 lugares, incluidas zonas urbanas y bosques nacionales, y en modelos basados en la topografía, el clima y la actividad humana. Colegas del Servicio de Parques Nacionales compartieron su modelo y colaboraron en nuestro estudio.
Al vincular el modelo de ruido con los datos nacionales de población de EE. UU., hicimos algunos descubrimientos interesantes. En primer lugar, tanto en las zonas rurales como en las urbanas, las comunidades acomodadas eran más tranquilas. Los barrios con ingresos anuales medianos inferiores a US$25.000 eran casi 2 decibelios más ruidosos que los barrios con ingresos superiores a 100.000 dólares al año. Además, en todo el país, las comunidades donde el 75 % de los residentes eran negros registraban niveles medianos de ruido nocturno de 46,3 decibelios: 4 decibelios más que las comunidades sin residentes negros. Un aumento de 10 decibelios equivale a duplicar la sonoridad de un sonido, por lo que se trata de diferencias importantes.
¿Por qué preocupa el ruido?
Un conjunto cada vez mayor de pruebas vincula el ruido de diversas fuentes, como el tráfico aéreo, ferroviario y vial, y la actividad industrial, con efectos adversos para la salud. Los estudios han encontrado que los niños que asisten a la escuela en zonas más ruidosas presentan más problemas de conducta y obtienen peores resultados en los exámenes. Los adultos expuestos a niveles más altos de ruido dicen experimentar mayor molestia y alteraciones del sueño.
Los científicos plantean la teoría de que, dado que la evolución programó el cuerpo humano para responder a los ruidos como amenazas, la exposición al ruido activa nuestra respuesta natural de lucha o huida. La exposición al ruido desencadena la liberación de hormonas del estrés, que pueden elevar la frecuencia cardíaca y la presión arterial incluso durante el sueño. Entre las consecuencias a largo plazo de estas reacciones figuran la hipertensión arterial, la diabetes tipo 2, las enfermedades cardiovasculares y el bajo peso al nacer.
Al igual que con otros tipos de contaminación, varios factores ayudan a explicar por qué algunos grupos sociales están más expuestos al ruido que otros. Entre ellos figuran la aplicación deficiente de las normas en los barrios marginados, la falta de capacidad para participar en las decisiones sobre el uso del suelo y políticas ambientales que no protegen adecuadamente a las comunidades vulnerables. Esto puede llevar a ubicar instalaciones industriales generadoras de ruido, autopistas y aeropuertos en comunidades más pobres.
Las comunidades segregadas son más ruidosas
También encontramos niveles de ruido más altos en áreas metropolitanas con mayor segregación racial, como Milwaukee, Chicago, Cleveland, Trenton y Memphis. Esta relación afectaba a todos los integrantes de esas comunidades. Por ejemplo, los niveles de ruido en comunidades formadas enteramente por estadounidenses blancos en las áreas metropolitanas menos segregadas eran casi 5 decibelios más bajos que en los barrios exclusivamente blancos de las áreas metropolitanas más segregadas.
La segregación en las áreas metropolitanas de EE. UU. es un proceso que concentra espacialmente a las comunidades de color y a los residentes de clase trabajadora mediante la concentración de la pobreza, la falta de oportunidades económicas, el desarrollo de viviendas excluyente y las políticas crediticias discriminatorias. Pero ¿por qué incluso los barrios enteramente blancos de las ciudades muy segregadas serían más ruidosos que los de otros lugares? Aunque no encontramos pruebas concluyentes, creemos que esto ocurre porque, en las ciudades muy segregadas, el poder político suele distribuirse de forma desigual según líneas raciales, étnicas y económicas.
Estas diferencias de poder pueden permitir que algunos residentes gestionen los usos del suelo indeseables de maneras que les resulten beneficiosas; por ejemplo, obligando a que una autopista atraviese comunidades más pobres. Este escenario puede dar lugar a niveles generales más altos de peligros ambientales que los que se producirían si el poder y las cargas del desarrollo se repartieran de forma más equitativa entre la comunidad.
La segregación también puede separar físicamente los barrios, los lugares de trabajo y los servicios básicos, obligando a todos los residentes a conducir más y recorrer mayores distancias para ir al trabajo. Estas condiciones pueden aumentar la contaminación del aire y, potencialmente, los niveles de ruido en toda el área metropolitana.
Reducir la contaminación acústica
El gobierno de EE. UU. ha hecho relativamente poco para regular los niveles de ruido desde 1981, cuando el Congreso dejó abruptamente de financiar la Ley de Control del Ruido de 1972. Sin embargo, el Congreso no derogó la ley, por lo que los estados tuvieron que asumir la responsabilidad del control del ruido. Pocos lo han intentado y se ha avanzado muy poco. Por ejemplo, en 2013-2014, la ciudad de Nueva York recibió una queja por ruido aproximadamente cada cuatro minutos.
Sin financiación, la investigación sobre el ruido ha resultado difícil. Hasta hace poco, Estados Unidos ni siquiera contaba con mapas nacionales del ruido actualizados. En cambio, varios países europeos han cartografiado el ruido y la Comisión Europea financia planes de comunicación sobre el ruido, medidas de reducción y estudios de salud.
En 2009, la Organización Mundial de la Salud publicó un informe con directrices sobre el ruido nocturno en Europa. Recomendaba reducir los niveles de ruido cuando fuera posible y reducir sus efectos cuando no se pudieran moderar. Por ejemplo, las directrices recomendaban ubicar los dormitorios en los lados tranquilos de las casas, lejos del tráfico de la calle, y mantener los niveles de ruido nocturno por debajo de 40 decibelios para proteger la salud humana. La agencia instó a todos los Estados miembros a esforzarse por alcanzar estos niveles a largo plazo, con un objetivo a corto plazo de 55 decibelios por la noche.
Aun así, siguen existiendo desigualdades en la exposición al ruido en Europa. Por ejemplo, en Gales y Alemania, las personas con menos recursos han declarado sufrir más ruido en sus barrios.
Las iniciativas más exitosas para reducir el ruido en EE. UU. se han centrado en la industria aérea. Gracias a la introducción de motores nuevos, más eficientes y silenciosos, y al impulso de la Ley de Ruido y Capacidad Aeroportuaria de 1990, el número de estadounidenses afectados por el ruido de la aviación disminuyó un 95 % entre 1975 y 2000.
De cara al futuro, nuestros hallazgos indican que hacen falta más estudios sobre la relación entre el ruido y la salud de la población en Estados Unidos; sus datos podrían orientar la regulación del ruido. La financiación y la investigación deberían centrarse en las comunidades más pobres y las comunidades de color, que parecen soportar una carga desproporcionada de ruido ambiental.


