La movilidad aérea urbana —o los «coches voladores»— podría ofrecer a las ciudades una forma más flexible de invertir en las infraestructuras del futuro.
Las ciudades pueden ayudar a determinar cómo se implantará esta tecnología y cómo afectará a sus comunidades.
Desde los viajes compartidos hasta los confinamientos por la COVID-19, las ciudades han resistido cambios enormes en los últimos años. Estos cambios han alterado la forma en que la gente se desplazaba y trabajaba, y aquello que impulsaba sus economías. Se avecina una nueva disrupción inesperada, pero esta vez las ciudades tienen tiempo para prepararse y definir la solución que mejor funcione para sus comunidades.
Esta próxima disrupción recibe muchos nombres, pero tanto si se la llama movilidad aérea urbana (UAM, por sus siglas en inglés), Helicóptero 2.0 o incluso «coches voladores», este nuevo enfoque del despegue y aterrizaje vertical (VTOL, por sus siglas en inglés) ofrece una infraestructura (plataformas de lanzamiento, etc.) menos costosa de construir que el ferrocarril y una tecnología más segura y accesible que los helicópteros tradicionales. Si se implanta adecuadamente, la UAM podría conectar los nodos de transporte existentes e incluso facilitar que las ciudades conecten a los trabajadores con las opciones de transporte que necesitan.
Los coches voladores, que antes parecían pertenecer a un futuro de ciencia ficción, están al alcance. Las previsiones cautelosas de las empresas tecnológicas y los organismos reguladores indican que estas soluciones podrían estar disponibles en apenas 5 a 10 años. Pero, para que el público confíe en esta nueva opción y para que realmente responda a sus necesidades, las ciudades deben empezar a planificar ahora y definir estándares y expectativas.
Para entender qué hace falta, Agenda habló con Harrison Wolf, responsable de Aeroespacial y Drones del Foro Económico Mundial. Wolf está ayudando a impulsar el lanzamiento de un conjunto especial de principios para el espacio aéreo urbano que orientará a ciudades de todo el mundo. Está previsto que Los Ángeles aplique estos principios, y después colaborará con otras ciudades. Hablamos con Wolf sobre por qué las ciudades deben orientar esta nueva disrupción y qué aspectos clave conviene tener presentes.
La siguiente entrevista se editó y condensó para mayor claridad.
Agenda: ¿Qué es la movilidad aérea urbana y cómo podría transformar las ciudades?
Wolf: Es una nueva forma de transportar pasajeros y mercancías por el aire. Aunque los helicópteros existen desde hace mucho tiempo, solo han estado al alcance de un sector muy reducido de la sociedad, principalmente de las élites. Quizá los helicópteros han demostrado ser menos seguros que otros medios de aviación o transporte. Se trata, en realidad, de adoptar un enfoque de combustión más sostenible mediante el uso de baterías en motores híbridos. Esta opción más segura sustituye el rotor de los helicópteros, un único punto de fallo, por un sistema eléctrico distribuido que aporta redundancia en el aire si algo falla. Así, al combinar vuelos más seguros, protegidos, sostenibles y eficientes, se espera que más personas puedan volar y desplazarse con mayor rapidez, evitando los atascos y cruzando las ciudades.
Agenda: ¿Por qué es una opción más sostenible que los motores de helicóptero tradicionales que quizá conozcan nuestros lectores?
Wolf: La diferencia es como la que hay entre el motor de combustión de un coche tradicional y [el que encontrarías en] un Prius. La huella de carbono se reduce drásticamente al incorporar más sistemas híbridos y más despegues verticales totalmente eléctricos. A corto plazo, la autonomía disminuye un poco, pero, a medida que maduren estas tecnologías y aumente la densidad energética de las baterías, se dispondrá de una [tecnología] mucho más limpia, eficiente y menos propensa a fallos, lo que a su vez puede reducir los costes de mantenimiento y el tiempo de inactividad y, por tanto, los costes totales.
Agenda: ¿Qué oportunidad representa esto para el transporte público?
Wolf: Uber Elevate es una de las empresas que estudia la economía de estas modalidades de transporte. Según la empresa, en un plazo de tres a cinco años podría alcanzarse un precio comparable al de Uber Black. Así, en entornos urbanos muy densos, donde un trayecto en Uber quizá tardaría de una a dos horas, se podría volar en quince o veinte minutos y pagar lo mismo. De repente, sería una opción muy asequible, al menos para quienes viajan por negocios.
Creo que, a corto plazo, igual que ocurrió con la llegada del automóvil y del transporte aéreo, será algo pensado para la clase media y quienes viajan por negocios. Con el tiempo, cuando encontremos formas de ofrecer subsidios y compartir los costes, el precio bajará hasta ser más competitivo. La clave del éxito será poder ampliar la escala: si llega el momento en que resulta más rápido caminar hasta un vertipuerto y volar que conducir, con un coste similar, la decisión será fácil. Pero para eso hará falta ofrecer muchas opciones de vuelo a distintos puntos de la ciudad.
Agenda: Las inversiones en infraestructura ya llevaban mucho tiempo postergándose. ¿Cómo aporta flexibilidad esta opción a las ciudades?
Wolf: Uno de los aspectos más importantes es el dinamismo que pueden tener las distintas redes de la UAM. Una línea ferroviaria es lineal: te lleva de A a B. Además, es un proyecto que dura décadas, requiere inversiones y capital enormes, y exige que las ciudades hagan planificación estratégica a largo plazo y asuman, en esencia, una apuesta. Esta estructura de nodos puede crear una red de transporte no lineal, con puntos de interés desde los que se puede recorrer la ciudad. Es algo revolucionario, porque la infraestructura ya no tiene que desarrollarse tanto en una dirección como alrededor de nodos. Y eso es interesante: así se pueden conectar nodos de gran capacidad y crear algo complementario al sistema existente. Cuando las ciudades cambian y la población se desplaza, las rutas también pueden cambiar, algo que los trenes, las vías férreas y las autopistas no pueden hacer.
Por ejemplo, en una ciudad como Palmdale, California, hay zonas suburbanas y mucho tráfico de personas que se desplazan a diario hasta Los Ángeles, pero a corto plazo no hay opciones de transporte de gran capacidad para quienes viajan a diario. Es necesario conectar a la población con una zona urbana más densa o con un suburbio. Se puede crear un vertipuerto o una zona donde opere este servicio y volar directamente hasta un lugar con una estación de metro o incluso un aeropuerto. Con este nuevo enfoque, se podría llegar en 15 minutos a las afueras de Los Ángeles y allí tomar una línea ferroviaria existente.
Agenda: Las ciudades no suelen participar en las conversaciones sobre aviación. ¿Por qué? ¿Qué ha cambiado ahora?
Wolf: Las autoridades nacionales tienen plena competencia para regular el espacio aéreo. Nadie lo cuestiona. En general, hasta ahora la aviación ha conectado distintas regiones. Pero empezamos a ver propuestas de vuelos dentro de las ciudades. En ellas habrá mucho más movimiento de mercancías y pasajeros. A medida que aumente la escala, las autoridades locales tendrán que asumir un papel mucho más importante que hasta ahora para garantizar que no perpetuemos la desigualdad ni la contaminación en las mismas zonas. Al fin y al cabo, los mapas de calor de la contaminación o el tráfico muestran que estos problemas afectan de manera desproporcionada a los grupos socioeconómicos de menores ingresos. No queremos reproducir esa situación. También es más probable que los responsables municipales reciban comentarios directos de la comunidad. Asegurarnos de que quienes planifican las políticas reciban esos comentarios y diseñen un sistema de transporte que responda a las necesidades de todos debe ser nuestra principal preocupación ante cualquier nueva forma de movilidad.
Agenda: En años anteriores, las ciudades han visto cómo las disrupciones llegaban hasta ellas. ¿Por qué es importante que se anticipen a los cambios que se avecinan?
Wolf: Para todas las partes interesadas, es mucho mejor formar parte de una disrupción que verse afectadas por ella. Hemos visto una fuerte reacción contra algunas aplicaciones y servicios de viajes compartidos. En todo el mundo también ha habido una gran preocupación por algunas soluciones de micromovilidad. Además, las ciudades se enfrentan a un verdadero desafío en cuanto a la recopilación de datos y la planificación de políticas más estrictas. Si se involucra desde el principio a una comunidad de múltiples partes interesadas, como ha apoyado el Foro Económico Mundial en Los Ángeles, quienes planifican las políticas, la industria y los grupos comunitarios pueden diseñar un sistema que responda mejor a las necesidades.
Agenda: Para muchas ciudades será una experiencia nueva. ¿Qué pueden hacer para prepararse?
Wolf:La COVID-19 y la actual crisis económica han puesto bajo presión los presupuestos de todas las ciudades, y debemos reconocerlo. Creo que hoy las ciudades pueden hacer tres cosas para prepararse para esta tecnología disruptiva. Una es identificar casos de uso beneficiosos que puedan ayudar de inmediato a la ciudadanía, ya sean ambulancias aéreas, un sistema de entrega de suministros médicos diseñado para los servicios de emergencia u otros usos pertinentes en el contexto cultural y local.
Agenda: ¿Qué importancia tendrá la colaboración?
Wolf:Las ciudades deben desarrollar conocimientos especializados y compartir experiencias entre sí, con el apoyo de la experiencia del sector. Algunas ciudades ya han identificado cientos de millones de dólares para la UAM. Otras no cuentan con financiación. Pero crear comunidades para compartir experiencias —algo que está haciendo ahora el Foro Económico Mundial— puede ayudar mucho a superar algunas de las barreras que afrontarán algunas ciudades en este desafío. Además, las ciudades tendrán que identificar qué organismo interno se encargará de iniciar este proceso. Luego deberán trabajar con la industria para aprender y entender cómo pueden beneficiarse mutuamente. Cuanto más colaboremos mediante alianzas público-privadas, más realista será lograrlo.
«Para todas las partes interesadas, es mucho mejor formar parte de una disrupción que verse afectadas por ella».
Harrison Wolf, responsable de proyectos de Aeroespacial y Drones del Foro Económico Mundial
Agenda: ¿Cómo han preparado las disrupciones anteriores a las ciudades para este cambio?
Wolf: Hemos visto surgir en las ciudades cargos de responsables de innovación y de sostenibilidad como resultado directo de las disrupciones. También hemos visto que las ciudades invierten en análisis de datos como nunca antes, y que surgen ecosistemas enteros de colaboración entre los sectores público y privado para conectar los conocimientos especializados en tecnología con los de políticas públicas.
Agenda: ¿Qué podría salir mal? ¿Qué pasaría si las ciudades no se prepararan para el impacto de esta nueva tecnología?
Wolf: Si no nos tomamos en serio la seguridad, la sociedad no confiará en esta opción. Lo más importante es que la sociedad acepte cualquier nueva forma de movilidad o transporte. Sin esa confianza, no podrá ampliarse la escala ni bajarán los precios. Perpetuaremos los mismos sesgos y desigualdades que vemos en otros ámbitos. Es importante que actuemos con mucha reflexión y de forma inclusiva. Lo habremos hecho mal si solo perpetuamos la desigualdad asociada a los helicópteros y únicamente personas muy adineradas y VIP sobrevuelan vías congestionadas. Ese no es nuestro objetivo.

