Los edificios representan el 39 % de las emisiones mundiales de carbono relacionadas con la energía: el 11 % procede de los materiales y la construcción, y el 28 %, de su funcionamiento.
Un informe de la ONU señala que la construcción y el funcionamiento de los edificios representan el 36 % del consumo mundial de energía.
Dado que la vida útil de un edificio puede prolongarse muchas décadas e incluso siglos, debemos construir (y reconstruir) de forma más inteligente.
No será posible alcanzar los objetivos mundiales de reducción de gases de efecto invernadero si solo prestamos atención a los edificios nuevos. En primer lugar, se espera que más del 70 % de los edificios existentes hoy sigan en pie en 2050. Además, rehabilitar un edificio existente puede generar entre un 50 % y un 75 % menos de emisiones de carbono que construir el mismo edificio desde cero.
El Consejo Canadiense de la Construcción Ecológica (CaGBC) estima que las rehabilitaciones de grandes edificios, por sí solas, pueden reducir hasta un 51 % las emisiones del sector de la construcción. Hasta hace poco, se declaraba que los edificios tenían emisiones netas cero basándose en la medición del carbono operativo, que no tiene en cuenta todo lo que intervino en la construcción del edificio.
Por ello, el sector está desarrollando mejores herramientas para medir el carbono incorporado en las estructuras existentes, que incluye las emisiones de gases de efecto invernadero derivadas de la fabricación, el transporte, la instalación, el mantenimiento y la eliminación de los materiales de construcción.
Por lo general, se define la rehabilitación profunda como una renovación importante de un edificio existente que genera un ahorro de energía y de emisiones operativas de gases de efecto invernadero superior al 30-50 %. También reduce los costos operativos, mejora el confort térmico y la calidad ambiental interior, y aumenta el valor del activo.
La rehabilitación profunda es buena gobernanza
Para demostrar el potencial de ahorro energético y los beneficios en materia de carbono incorporado de una rehabilitación profunda, el Gobierno federal canadiense emprendió un importante proyecto piloto con un edificio de oficinas de 440.000 pies cuadrados, construido en la década de 1950 en Toronto. El resultado: el consumo de energía se redujo un 69 % y las emisiones de gases de efecto invernadero, más de un 80 %.
Este proyecto demuestra que los edificios de oficinas antiguos pueden rehabilitarse para superar a los nuevos, mediante tecnologías replicables como las bombas de calor geotérmicas, la recuperación avanzada de calor y los paneles solares fotovoltaicos en la azotea. Se reutilizó prácticamente en su totalidad la estructura de hormigón y acero original de la construcción de los años cincuenta, lo que evitó casi 7.800 toneladas de emisiones de carbono incorporado que estaban, en la práctica, contenidas en los materiales existentes.
Además de reducir las emisiones de carbono, el proyecto contribuye a la salud y el bienestar de sus ocupantes al aspirar a cumplir el estándar de construcción WELL. El proyecto también promueve estándares progresistas de accesibilidad al brindar apoyo a ocupantes con discapacidades físicas, sensoriales y cognitivas.
La rehabilitación profunda como herramienta educativa
Los edificios universitarios también son candidatos idóneos para una rehabilitación profunda. La mayoría, si no todas, las universidades se han fijado ambiciosos objetivos de sostenibilidad, y los edificios son un componente importante de la vida en el campus. A medida que se renuevan, se convierten en herramientas educativas para mostrar enfoques innovadores de reducción de emisiones y nuevas tecnologías que impulsan la transición energética.

La rehabilitación profunda del Complejo MacKimmie de la Universidad de Calgary —un edificio de 380.000 pies cuadrados centrado en el alumnado— redujo el consumo de energía un 80 % y obtuvo una certificación de diseño con cero emisiones de carbono del CaGBC. La estrategia de rehabilitación permitió reutilizar 8.500 toneladas de carbono secuestrado en la propia estructura de hormigón. En cuanto al funcionamiento, la torre anterior tenía una intensidad de uso energético (EUI) de 500. Mientras que una rehabilitación convencional apunta a una EUI de 125-200, se fue más allá en el Complejo MacKimmie, hasta llegar a 75, lo que representa una reducción del 85 % en la EUI.
Además de la rentabilidad económica de la inversión, que ha demostrado un período simple de recuperación de 25 años considerando únicamente los costos actuales de los servicios públicos, la universidad ha aprovechado el edificio como herramienta educativa y como oportunidad para seguir investigando a través del programa de la universidad «Campus como laboratorio de aprendizaje».
La rehabilitación profunda como declaración cultural
A principios del siglo XXI, los museos emprendieron una oleada de construcciones, a menudo atribuida al efecto Bilbao, en referencia al rotundo éxito del Museo Guggenheim de Frank Gehry en España. Algunos presupuestos de construcción estuvieron a punto de llevar a instituciones a la bancarrota. Ahora, con el aumento de los costos operativos y presupuestos de capital ajustados, las rehabilitaciones profundas pueden ayudar a aliviar parte de estas cargas financieras y, al mismo tiempo, mejorar los espacios museísticos.
El Museo Glenbow de Calgary, Canadá, está llevando a cabo una renovación estructural de 205 millones de dólares que abrirá y transformará por completo un espacio estrecho que data de la década de 1970, al incorporar luz natural y una entrada orientada a la calle. La transformación física mediante renovaciones interiores y exteriores busca mostrar Glenbow como un espacio renovado para la comunidad.

El costo total del museo renovado sigue siendo considerablemente menor que el de construir un nuevo museo. Actualmente, el proyecto de revitalización de Glenbow prevé un costo aproximado de 450 dólares por pie cuadrado, frente a entre 1.000 y 1.100 dólares por pie cuadrado para una nueva construcción.
La revitalización del museo también evitó la generación de 56.000 toneladas de carbono nuevo durante la vida útil del edificio, gracias a la gran reducción del carbono operativo; además, mantuvo 38.000 toneladas de hormigón fuera de los vertederos, ya que el edificio no fue demolido.
Gracias a la eficiencia de costos y al orgullo de los donantes, el museo ha podido avanzar en su mandato mucho más allá de lo que antes era posible al eliminar el cobro de entradas y ofrecer acceso gratuito al público a perpetuidad.
Qué sigue
Las ciudades, los constructores y los diseñadores pueden dar una nueva vida a los edificios existentes y ayudarnos a alcanzar los tan necesarios objetivos climáticos, al tiempo que apoyan la vitalidad de las comunidades. Para ampliar significativamente estos esfuerzos, conviene considerar las siguientes pautas:
Estándares de alto rendimiento: los responsables de formular políticas, los clientes y el sector deben colaborar para desarrollar regulaciones inteligentes que combinen incentivos y sanciones y favorezcan la renovación en la mayor medida posible, sin fijar objetivos arbitrarios. Por ejemplo, si una localidad no puede acceder a la madera maciza sin transportarla desde el otro lado del mundo, no tiene sentido exigir su uso en las renovaciones de edificios.
Incentivos económicos: en un momento en que las tasas de interés se disparan y los mercados de capitales caen en picado, las ciudades deberían ofrecer incentivos financieros a corto y largo plazo para que los promotores emprendan rehabilitaciones profundas. Por ejemplo, las exenciones fiscales o un proceso de aprobación acelerado no imponen cargas financieras indebidas al municipio y, sin embargo, ofrecen importantes incentivos financieros a una entidad privada. Estos mecanismos ya existen y se utilizan habitualmente para propiedades patrimoniales y programas de mejora de fachadas.
Proyectos piloto: integrar la capacidad, los conocimientos y la determinación de varios sectores es fundamental para abordar emplazamientos complejos, urbanos y de uso mixto, donde se ha avanzado menos. A medida que el sector emprenda más rehabilitaciones profundas, mejorará la ejecución de estos proyectos a gran escala. Para ello es fundamental crear una base o un grupo de arquitectos designados que compartan conocimientos y de quienes el sector pueda aprender a realizar proyectos similares en sus regiones.
