El ciclismo desempeña un papel de enorme importancia en la creación de ciudades con cero emisiones netas, según un estudio de Oxford

Bicycles are seen under storm clouds
Active travel can contribute to tackling the climate emergency.Image: REUTERS/Eric Gaillard/Files
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  • Centrarse únicamente en los vehículos eléctricos está ralentizando la carrera hacia las cero emisiones, escribe Christian Brand, profesor de Oxford.

  • Si a partir de ahora todos los coches nuevos fueran eléctricos, se tardarían entre 15 y 20 años en sustituir el parque mundial de coches de combustión.

  • Los coches eléctricos no son realmente neutros en carbono, ya que sus baterías y su proceso de fabricación generan emisiones.

  • Las emisiones del ciclismo por trayecto pueden ser más de 30 veces menores que las de conducir un coche de combustión y unas diez veces menores que las de conducir uno eléctrico.

En todo el mundo, solo uno de cada 50 coches nuevos era totalmente eléctrico en 2020, y uno de cada 14 en el Reino Unido. Suena impresionante, pero incluso si todos los coches nuevos fueran eléctricos ahora, aún se tardaría entre 15 y 20 años en sustituir el parque mundial de coches de combustión.

El ahorro de emisiones que se lograría al sustituir todos esos motores de combustión interna por alternativas sin emisiones de carbono no llegará con la suficiente rapidez para marcar la diferencia necesaria en el tiempo del que disponemos: los próximos cinco años. Para hacer frente a las crisis climática y de contaminación atmosférica, hay que reducir cuanto antes todo el transporte motorizado, especialmente el uso de coches privados. Centrarse únicamente en los vehículos eléctricos está ralentizando la carrera hacia las cero emisiones.

Esto se debe en parte a que los coches eléctricos no son realmente neutros en carbono: la extracción de las materias primas para sus baterías, su fabricación y la generación de la electricidad que consumen producen emisiones.

El transporte es uno de los sectores más difíciles de descarbonizar debido a su elevado consumo de combustibles fósiles y a su dependencia de infraestructuras con altas emisiones de carbono —como las carreteras, los aeropuertos y los propios vehículos—, así como a la forma en que afianza estilos de vida dependientes del coche. Una forma de reducir las emisiones del transporte con relativa rapidez y, potencialmente, a escala mundial, es cambiar el coche por la bicicleta, la bicicleta eléctrica y los desplazamientos a pie: lo que se conoce como movilidad activa.

La movilidad activa es más barata, más saludable y mejor para el medio ambiente, y no es más lenta en las congestionadas calles urbanas. ¿Cuánto carbono puede ahorrar a diario? ¿Y qué papel desempeña en la reducción general de las emisiones del transporte?

En una nueva investigación, mis colegas y yo mostramos que quienes caminan o van en bicicleta tienen una huella de carbono menor en sus desplazamientos diarios, incluso en ciudades donde ya muchas personas lo hacen. Aunque algunos desplazamientos a pie o en bicicleta se suman a los viajes motorizados en vez de sustituirlos, si más personas optaran por la movilidad activa, disminuirían las emisiones de carbono del transporte tanto en el conjunto de cada día como trayecto a trayecto.

La diferencia que puede marcar un trayecto

Observamos a unas 4.000 personas que vivían en Londres, Amberes, Barcelona, Viena, Örebro, Roma y Zúrich. Durante un periodo de dos años, los participantes completaron 10.000 registros en diarios de viaje que consignaban todos los trayectos que hacían cada día, ya fuera ir al trabajo en tren, llevar a los niños al colegio en coche o tomar el autobús hasta el centro. Calculamos la huella de carbono de cada trayecto.

Llama la atención que quienes iban en bicicleta a diario generaban un 84 % menos de emisiones de carbono en todos sus desplazamientos diarios que quienes no lo hacían.

También descubrimos que una persona promedio que cambiaba el coche por la bicicleta solo un día a la semana reducía su huella de carbono en 3,2 kg de CO₂, una cantidad equivalente a las emisiones de conducir un coche durante 10 km, comer una ración de cordero o chocolate, o enviar 800 correos electrónicos.

El ciclismo puede tener un enorme efecto en las emisiones colectivas de carbono de una ciudad.Image: Universidad de Oxford

Al comparar el ciclo de vida de cada medio de transporte y tener en cuenta el carbono generado al fabricar el vehículo, abastecerlo de combustible y desecharlo, descubrimos que las emisiones del ciclismo por trayecto pueden ser más de 30 veces menores que las de conducir un coche de combustión, y unas diez veces menores que las de conducir uno eléctrico.

También estimamos que los residentes urbanos que cambiaron el coche por la bicicleta para hacer solo un trayecto al día redujeron su huella de carbono en aproximadamente media tonelada de CO₂ a lo largo de un año y ahorraron el equivalente en emisiones de un vuelo de ida de Londres a Nueva York. Si en los próximos años solo una de cada cinco personas residentes en zonas urbanas cambiara de forma permanente sus hábitos de desplazamiento de esta manera, estimamos que las emisiones de todos los desplazamientos en coche en Europa se reducirían alrededor de un 8 %.

Casi la mitad de la reducción de las emisiones diarias de carbono durante los confinamientos mundiales de 2020 se debió a la disminución de las emisiones del transporte. La pandemia obligó a los países de todo el mundo a adaptarse para frenar la propagación del virus. En el Reino Unido, caminar e ir en bicicleta han sido las opciones que más han ganado terreno: el número de personas que camina habitualmente aumentó un 20 % y el uso de la bicicleta creció un 9 % entre semana y un 58 % los fines de semana en comparación con los niveles anteriores a la pandemia. Y eso pese a que quienes se desplazan al trabajo en bicicleta tienen muchas probabilidades de trabajar desde casa.

La movilidad activa ha ofrecido una alternativa al coche que permite mantener la distancia social. Ha ayudado a las personas a mantenerse a salvo durante la pandemia y podría contribuir a reducir las emisiones a medida que se levanten las restricciones, especialmente porque el elevado precio de algunos vehículos eléctricos probablemente disuada por ahora a muchos compradores potenciales.

La carrera ya ha comenzado. La movilidad activa puede contribuir a hacer frente a la emergencia climática antes que los vehículos eléctricos y, al mismo tiempo, ofrecer un transporte asequible, fiable, limpio, saludable y que reduce la congestión.

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