Estocolmo está haciendo que los espacios públicos resulten atractivos para una población más diversa.
Según su alcaldesa, Anna König Jerlmyr, la ciudad tiene un sentido de identidad y de propósito que atrae a personas y empresas.
Sus escuelas enseñan la importancia del pensamiento creativo y de la colaboración.
Suecia tiene fama de ser una nación progresista, con un alto nivel de vida y un sólido historial en cuestiones como la igualdad de género, la energía limpia y la mejora de la accesibilidad. Además, ha dado al mundo algunas canciones pop muy pegadizas, automóviles robustos y una gran cantidad de muebles en paquetes planos a precios muy competitivos.
La capital del país, Estocolmo, está a la vanguardia de esta visión progresista sueca, e incluso se ha fijado el objetivo de convertirse en la ciudad líder del mundo en el cumplimiento del Acuerdo de París sobre el clima.
Anna König Jerlmyr es la alcaldesa de Estocolmo, cargo que ocupa desde septiembre de 2018. En una conversación con el Foro Económico Mundial, explica su visión para la ciudad y cómo encaja en esta perspectiva sueca más amplia, audaz y ambiciosa.
En entrevistas anteriores ha hablado de la planificación urbana feminista; ¿puede explicarnos en qué consiste?
Me inspiré en el trabajo de [urbanista, activista y escritora] Jane Jacobs en este ámbito. La teoría es que, si se trabaja para que los espacios públicos sean seguros para las mujeres y también para los niños, se vuelven seguros para todos. Un elemento de ello es garantizar una buena iluminación de los espacios públicos. Hay que sentirse bienvenido al acudir a un espacio público, por lo que deben ser lugares limpios y agradables. Pero va más allá de eso.
Para animar a personas de distintas edades y procedencias a utilizar los espacios públicos, estos deben poder ofrecer una variedad de actividades y cumplir diferentes funciones. Esto podría significar abrir espacios comerciales en las plantas bajas de los edificios, entre otros. Incluir a las mujeres en la planificación urbana es, de hecho, un beneficio para todos.
También ha hablado de que la gente en Suecia quiere encontrar sentido y propósito en su vida. ¿Cómo lo está logrando Estocolmo?
Creo que debemos recordar que Suecia es un país muy secularizado. Por ello, muchos suecos no profesan realmente ninguna religión. Pero sí saben que solo tienen una vida y quieren encontrarle un sentido.
Así, las personas se preguntan: «¿Qué debo hacer con mi vida? ¿Cuál es mi propósito? ¿Qué legado quiero dejar?».
Lo que quieren es tener un impacto.
Creo que esa es una de las razones por las que tantos jóvenes buscan algo más que un salario o unas primas en su vida laboral. Quieren formar parte de una empresa que tenga un sentido de propósito.
Se preguntan qué hace su empresa o empleador para generar un bien, para crear valor para los demás. Hoy en día, las empresas con un fuerte sentido de propósito son las que contratan al mejor talento. No solo las empresas, sino también las ciudades con valores sólidos y un sentido de propósito atraen al tipo adecuado de personas y empresas.
¿Cómo ayuda Estocolmo a las personas a encontrar ese sentido de propósito?
Tenemos varios programas que estamos utilizando para tratar de ayudar a los jóvenes a crear un propósito en sus vidas. Entre ellos, cursos de música y de creatividad en la escuela y en las actividades extraescolares. Muchos de ellos también están subvencionados.
También queremos que los jóvenes compartan sus ideas y los animamos a construir un entorno colaborativo en las escuelas. Esperamos que comprendan que no se trata solo del trabajo que realiza cada estudiante individualmente, sino de trabajar en grupo y de cómo los esfuerzos conjuntos del grupo benefician sus ideas.
Por eso creo que esta forma de trabajar en colaboración debería comenzar desde una edad temprana.
Tenemos en marcha un programa de Jóvenes Emprendedores en nuestras escuelas. Los alumnos crean su propia empresa y pueden ser elegidos como el mejor emprendedor de su centro.
La empresa solo dura un año, pero la idea es fomentar una mentalidad emprendedora para toda la vida. Muchos responsables políticos consideran que la creatividad está separada de las principales asignaturas académicas. Sin embargo, creo que con el tiempo se demostrará que la creatividad es un activo que todos necesitaremos en el futuro y que realmente debemos apreciarla y valorarla más.
¿Es optimista respecto al futuro?
Vivimos en un mundo complejo, con inteligencia artificial, digitalización e Internet de las Cosas. Realmente, nuestra fortaleza –nuestro valor– como seres humanos es ser la fuerza creativa en este nuevo entorno.
Por eso creo que es tan importante fomentar la creatividad, el espíritu emprendedor y ese sentido de propósito en la escuela.
Piense en la sostenibilidad y en el trabajo de mitigación de las emisiones. Lo es todo: es para el futuro de nuestros hijos, pero también permite encontrar un propósito y tener un verdadero impacto. Y, como ciudad, Estocolmo puede contribuir a lograrlo a escala mundial.
Ahora bien, está en nuestro ADN. Y veo que muchos inversores de la comunidad de startups, de las empresas unicornio, buscan oportunidades de inversión verde. Así que se puede ver que crea empleo, pero también es importante para nuestros ciudadanos disponer de aire limpio, agua limpia, menos contaminación acústica y un lugar más habitable hoy y para las generaciones futuras.
Algo que me sorprendió durante la pandemia es que cosas que creíamos que tardarían décadas en lograrse solo necesitaron semanas. Me refiero, por supuesto, a la digitalización de la escuela.
Creo que es algo asombroso y que es solo el principio. Aquí, en Estocolmo, se puede ver que los estudiantes están más presentes que antes. También podemos llegar a alumnos que quizá tenían dificultades para acudir a la escuela.
Creo que deberíamos tomar nota de lo ágiles y rápidos que podemos ser, y de lo creativos que podemos ser cuando estamos bajo presión. Esa es una de las cosas positivas que nos ha dejado esta terrible pandemia, y queremos seguir cultivándola en el futuro.




