Hoy en día, el transporte representa una quinta parte de la demanda mundial de energía y una cuarta parte de las emisiones de CO2 relacionadas con la energía. Esto significa que el transporte es un importante factor de contaminación del aire. Y los efectos de la contaminación del transporte son especialmente importantes en las ciudades, donde personas y vehículos coexisten en muy estrecha proximidad.
Alrededor del 91 % de la población mundial respira aire tóxico, según la Organización Mundial de la Salud, lo que provoca 4,2 millones de muertes prematuras cada año. Por ello, si queremos seguir impulsando esfuerzos para limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 ºC y reducir los efectos del aire contaminado en la salud, debemos abordar la cuestión del transporte urbano.
Las medidas de bajas emisiones de carbono que reducen nuestra dependencia de los combustibles fósiles son una parte importante de un plan de acción para hacer frente a los efectos en la salud y salvar nuestro planeta. La movilidad eléctrica se considera ampliamente una vía para mejorar la calidad del aire y alcanzar los objetivos climáticos, pero rara vez se integra en una visión global de ciudades más inteligentes. Y con la electrificación llegan grandes oportunidades para mejorar la flexibilidad, la eficiencia y el rendimiento ambiental de casi cualquier aplicación o sistema, en el mar o en tierra.
La electrificación en el mar…
Tomemos como ejemplo uno de los primeros barcos de trabajo totalmente eléctricos del mundo, Astrid Helene. Astrid es una embarcación de trabajo utilizada en la piscicultura, sin motores diésel. Es totalmente eléctrica. Como resultado, evita la liberación a la atmósfera de toneladas de CO2. Y, a diferencia de otras embarcaciones de la zona, es silenciosa, lo que significa que tiene un impacto mínimo en la vida marina y ayuda a preservar el silencio en el mundo submarino.
…y en tierra
Los autobuses urbanos eléctricos han experimentado un auge en los últimos años, a medida que los municipios combaten la contaminación y el ruido locales. La ciudad de Taipéi, por ejemplo, acaba de inaugurar su primera línea de autobuses totalmente eléctrica, con una flota impulsada por trenes motrices eléctricos.
Los autobuses han registrado el cambio más rápido hacia la electrificación de todos los modos de transporte urbano, sobre todo en Asia, donde China lleva la delantera. Desde 2009, China ha introducido subvenciones que impulsaron la adopción de vehículos eléctricos de batería y enchufables. En Shenzhen, por ejemplo, estas subvenciones acercaron el precio de compra de los autobuses eléctricos de batería al de los autobuses diésel, y la ciudad terminó de convertir su flota de más de 16 300 autobuses en modelos totalmente eléctricos el año pasado.
Las ciudades son clave para electrificar el transporte
Las ciudades tienen el potencial de ser un motor clave para la electrificación del transporte. Pero solo pueden ser inteligentes cuando todos los sistemas están verdaderamente integrados y se unen para ofrecer una ciudad más eficiente, más sostenible y más habitable. Para lograrlo, las sociedades deben abrazar la revolución del transporte de dos maneras.
1. Fijar objetivos ambiciosos
Las ciudades deben fijar nuevos objetivos ambiciosos para alcanzar la neutralidad de carbono más rápidamente y crear incentivos para la transición al transporte eléctrico. Copenhague, en Dinamarca, por ejemplo, quiere alcanzar la neutralidad de carbono en 2025. Para entonces, es muy probable que la ciudad sea la primera capital con neutralidad de carbono del mundo. Para lograrlo, necesitamos no solo pensar de forma innovadora, sino también actuar, avanzando hacia la neutralidad de carbono sobre la base del principio de «primero, eficiencia energética».
2. Electrificar su flota de autobuses… un autobús cada vez
Los autobuses eléctricos son una opción atractiva cuando las ciudades buscan un aire más limpio. El estudio de Bloomberg New Energy Finance estima que el número de autobuses eléctricos se triplicará en siete años. Los autobuses son una parte clave de la infraestructura de transporte urbano y el hecho de que presten servicio en rutas regulares y fijas los hace ideales para la electrificación.
Trabajando con ciudades, hemos comprobado que esto funciona mejor cuando la ciudad electrifica una línea de autobuses para desarrollar un plan de implementación y renueva gradualmente la flota de autobuses. Esto ayuda a aliviar la presión de la contratación sobre los proveedores y genera la aceptación de los ciudadanos, que se benefician de una flota de transporte urbano más limpia y silenciosa, un primer paso importante en la transición hacia un sistema de transporte eléctrico.

Todo consiste en ser inteligentes
La electrificación por sí sola no basta para encaminar al mundo hacia el cumplimiento de los objetivos climáticos. Se requiere una estrategia más integral que abarque todo el sistema energético. En cualquier transformación ambiciosa de los sistemas energéticos, debemos replantear cómo se integran y conectan los edificios, y cómo colaboramos. Si las ciudades quieren cumplir sus ambiciosos objetivos de neutralidad de carbono y aprovechar una flota de transporte urbano electrificada, necesitan establecer conexiones inteligentes de doble sentido para el agua, la calefacción, la refrigeración y la electricidad.
Las ciudades inteligentes surgen del pensamiento inteligente. Desde que Thomas Edison revolucionó el sector energético, hemos recorrido un largo camino para proporcionar más y mejor energía, y hemos aumentado enormemente nuestra eficiencia energética. Para llevar el sector energético al siguiente nivel de eficiencia, debemos renovar la infraestructura que existe desde la época de Edison. Si bien la conectividad es clave, también debemos establecer nuevas formas inteligentes de colaborar entre sectores.
Pero, por ahora, las ciudades pueden empezar a electrificar su sistema de transporte urbano, un autobús cada vez.

