Para 2050, se espera que el 68% de la población mundial viva en una ciudad;
La rápida urbanización amenaza la biodiversidad, pero las ciudades pueden ser espacios clave para abordarla con soluciones que, de manera crucial, reconecten a las personas con la naturaleza;
El Foro Económico Mundial, colabora con el Gobierno de Colombia en BiodiverCities para 2030, una nueva iniciativa mundial para apoyar a los gobiernos municipales, las empresas y los ciudadanos a crear un modelo de desarrollo urbano que funcione en armonía con la naturaleza.
Los desafíos globales de la crisis climática, la alarmante pérdida de biodiversidad y la pandemia de COVID-19 son recordatorios contundentes de lo vulnerable que es la vida en la Tierra.
Las personas somos parte de la naturaleza y estos desafíos son, en gran medida, obra nuestra. Si queremos que el planeta siga siendo habitable, en el futuro deberá establecerse un equilibrio distinto entre las personas y el planeta.
Más de la mitad de la población mundial vive ahora en ciudades, con una cifra que se espera alcance el 68% en 2050. Se estima que el 60% de la superficie adicional que se prevé que se urbanice en la próxima década aún no está edificada, y algunas de las áreas urbanas de expansión más rápida a nivel mundial se encuentran en bosques tropicales biodiversos de Brasil, África Occidental y Asia.
Aunque la rápida urbanización sigue suponiendo una amenaza para la biodiversidad, las ciudades existentes están surgiendo como espacios clave, con la escala física y el capital humano adecuados, en los que innovar y cooperar para impulsar soluciones que contribuyan a generar resiliencia frente a futuras crisis y tensiones.
Tradicionalmente se ha considerado que las ciudades carecen en general de biodiversidad, pero no es así. Estudios recientes sugieren que las ciudades del mundo, incluidos espacios como antiguos aparcamientos, jardines en azoteas, parques y humedales creados, ofrecen importantes refugios para plantas y animales, incluso para algunas especies más amenazadas y en peligro.
No solo es importante la biodiversidad en las ciudades, sino también la relación entre las personas y la naturaleza. Cuanto más se haga para conectar a las personas con la naturaleza en las ciudades, más valorarán los habitantes urbanos el entorno natural y los beneficios que ofrece, ya sea por su valor intrínseco o por su función, desde la atenuación de inundaciones hasta la sombra, o como espacios para el juego y la exploración. Si logramos fomentar este espíritu de conservación en las ciudades, es probable que sus beneficios se extiendan a todas partes.
Un informe de 2019 de C40 Cities, Arup y la Universidad de Leeds concluyó que el consumo urbano de solo 94 de las megaciudades del mundo contribuye al 10% de las emisiones globales basadas en el consumo (es decir, emisiones más allá de los límites de la ciudad). Si logramos conectar la naturaleza de nuestras ciudades con cuestiones más amplias sobre el uso de recursos y el consumo a nivel mundial, podríamos empezar a modificar las decisiones de estilo de vida de las personas relacionadas con la alimentación, los viajes y el ocio.
Fomentar esta conexión con la naturaleza exigirá sensibilización, educación, mejores políticas, financiación y participación ciudadana y comunitaria. Se requieren movimientos amplios de personas, en funciones formales e informales, que ejerzan influencia y actúen allí donde puedan: puede tratarse de un docente en una escuela del bosque, un responsable de políticas en una administración municipal, un diseñador principal que impulse un plan maestro de desarrollo más rico en naturaleza o un artista urbano que facilite un proyecto comunitario de reverdecimiento urbano.
Conectar a estas personas puede ser muy poderoso. En las ciudades siempre hay oportunidades para ampliar los espacios verdes, mejorar la gestión de los existentes y mejorar la conectividad entre ellos. Siempre hay una ruta nueva para caminar o un lugar nuevo para contemplar la puesta de sol. Siempre hay un proyecto comunitario que busca financiación y un financiador que busca un proyecto comunitario; a menudo, solo faltan los vínculos.
Las personas se identifican con la ciudad en la que eligen vivir y se enorgullecen de ella. Las ciudades y los alcaldes también están conectados en redes a escala mundial. Cuando una iniciativa demuestra generar beneficios en una ciudad, es muy probable que se replique y comparta a través de las numerosas redes que ya vinculan a los habitantes urbanos de todo el mundo.
Conscientes de esta oportunidad, el Foro Económico Mundial colabora con el Gobierno de Colombia en una nueva iniciativa mundial para apoyar a los gobiernos municipales, las empresas y los ciudadanos de todo el mundo a crear un modelo de desarrollo urbano en armonía con la naturaleza: BiodiverCities para 2030. La iniciativa ha reunido a más de 30 expertos y profesionales de todo el mundo y pretende combinar las investigaciones más recientes con soluciones prácticas para desarrollar una estructura compartida que integre las ciudades con la naturaleza.
Una ciudad que, sin duda, será fuente de inspiración para la comisión es Londres. Londres fue declarada la primera Ciudad Parque Nacional del mundo en julio de 2019, tras una campaña de seis años dirigida por ciudadanos. El concepto de Ciudad Parque Nacional está ya incorporado en todos los documentos de planificación estratégica de la Autoridad del Gran Londres (GLA) y cuenta con un apoyo significativo de empresas y ciudadanos.
La London National Park City se describe como un lugar, una visión y una comunidad de toda la ciudad que actúan juntas para mejorar la vida de las personas. Ya está impulsando nuevos proyectos de reverdecimiento urbano y comunitarios, eventos y festivales, y actualmente hay 110 Rangers de London National Park City patrocinados – uno o más por cada uno de los 32 distritos de Londres.
El National Park City Foundation junto con socios urbanos, World Urban Parks y Salzburg Seminar, ha publicado recientemente un libro de ruta para otras ciudades que aspiran a convertirse en Ciudades Parque Nacional. El proceso propuesto es interesante: inspirado en la campaña de Londres, no requiere una línea base detallada de la diversidad de especies ni un inventario de los espacios verdes de la ciudad, aunque estos aspectos son importantes; en cambio, consiste en crear una identidad compartida, inspirar a las personas con una visión audaz y positiva, lograr apoyo, ser disruptivo y fomentar una forma de pensar que sea local, a gran escala, a largo plazo y holística.
El proceso de solicitud está diseñado para comprobar si la candidatura de una ciudad a convertirse en Ciudad Parque Nacional es visionaria, inclusiva y cuenta con apoyo suficiente, y si la organización es capaz de impulsar el cambio deseado a largo plazo. Se trata de construir un movimiento para mejorar la vida en la ciudad, en beneficio de las personas y de la naturaleza.
World Urban Parks se ha fijado el reto de tener 25 Ciudades Parque Nacional para 2025. Veinte ciudades ya han dado sus primeros pasos tentativos: ¿por qué no? ¿Y si todas las ciudades fueran más verdes, sanas, salvajes y justas?

