Las raíces de la sostenibilidad: 5 razones por las que las ciudades necesitan árboles

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  • A escala mundial, la cubierta arbórea urbana ha disminuido de forma constante.

  • Pero los árboles urbanos aportan numerosos beneficios ambientales, sanitarios, sociales, para la biodiversidad y económicos.

  • Pueden ayudar a las ciudades a alcanzar 15 de los 17 ODS.

Como la mayoría de las ciudades y los países siguen registrando días de verano más calurosos que baten récords de los últimos 100 años, la refrigeración en interiores solo ofrece un alivio escaso y está al alcance de unos pocos privilegiados. La mayoría de quienes están al aire libre —personas y otros seres vivos— sigue luchando contra el calor y busca refugio a la sombra de los árboles. Sin embargo, esos mismos árboles están siendo desplazados por la infraestructura física urbana: edificios, carreteras, puentes y pasos elevados. Para lograr un desarrollo sostenible e inclusivo, es necesario proteger los árboles urbanos.

Si continúa la tendencia actual de desarrollo urbano, los edificios y las personas pronto podrían desplazar a la mayoría de los árboles existentes. Una planificación urbana deficiente suele provocar talas indiscriminadas y, en ocasiones, ilegales. Otra razón clave por la que las ciudades están perdiendo su cubierta arbórea es la forma en que se considera a los árboles: en el mejor de los casos, como un servicio; en el peor, como un recurso del que se puede prescindir fácilmente.

A diferencia de lo que ocurre con el aire y el agua, las ciudades prestan relativamente poca atención al trato y la protección de los árboles. Esto se refleja en el constante descenso de la cubierta arbórea urbana. Durante un período de cinco años, la cubierta arbórea urbana media mundial disminuyó en casi 40.000 hectáreas (100.000 acres) al año.

Sin embargo, ciudades como Oslo, Sídney y Vancouver siguen manteniendo una cubierta arbórea mínima, y otras como Seattle están a punto de alcanzar con éxito su objetivo de aumentar la cubierta arbórea. En estas ciudades, donde la cubierta arbórea es saludable y está creciendo, existe una comprensión compartida de sus beneficios ambientales, sanitarios, sociales, para la biodiversidad y económicos. Examinémoslos:

1. La cubierta arbórea actúa como un sistema natural de control climático

Los árboles actúan como refrigeradores naturales en el entorno construido: mitigan el efecto de isla de calor y reducen el consumo de energía, lo que contribuye a una mejor mitigación del cambio climático.

La infraestructura física absorbe el calor ambiental y lo libera lentamente de nuevo al entorno, lo que eleva aún más las temperaturas ambientales y genera el «efecto de isla de calor urbana». Las ciudades densamente pobladas experimentan este efecto con mayor intensidad. Los mapas térmicos indican que las temperaturas generales en las grandes ciudades pueden ser al menos 1-3 °C superiores a las de las zonas rurales.

Una cubierta arbórea óptima podría reducir el efecto de isla de calor en las ciudades.Image: Heat Island Group

Con árboles, aumentan la superficie de sombra, la humedad total del entorno, el enfriamiento del aire por evapotranspiración y la radiación solar desviada. Esto es fundamental en verano, cuando las superficies sombreadas pueden estar entre 11 y 25 °C más frías que las superficies sin sombra, y la evapotranspiración puede reducir las temperaturas máximas entre 5 y 10 °C.

Combatir el efecto de isla de calor puede reducir la demanda de refrigeración. En los días de calor extremo, la refrigeración de espacios en Estados Unidos y Oriente Medio puede representar el 70% de la demanda eléctrica residencial máxima. Un aumento repentino de la demanda de refrigeración sobrecarga la red eléctrica y suele provocar cortes de suministro y un incremento de las facturas de energía.

Gracias a su capacidad para mejorar el microclima de las ciudades, un solo árbol puede generar un ahorro energético del 3% para un hogar en los cinco años siguientes a su plantación, y del 12% en un plazo de 15 años. Si se multiplica por millones de hogares, un ahorro energético de esta magnitud se traducirá en una reducción del consumo energético general y de las emisiones de gases de efecto invernadero relacionadas.

Muchas ciudades empiezan a dar prioridad a la cubierta arbórea urbana.Image: Índice de Entorno Urbano e Inclusión Social

2. Aspiradoras de dióxido de carbono

Los árboles son aspiradoras de dióxido de carbono (CO2) que contribuyen al equilibrio del sistema ecológico.

Los árboles utilizan el dióxido de carbono del entorno para realizar la fotosíntesis y producir hidrocarburos que favorecen su crecimiento. También pueden almacenar dióxido de carbono para su crecimiento a corto y largo plazo. Según su tipo y edad, un solo árbol puede almacenar entre una y 22 toneladas de CO2 a lo largo de su vida; una cantidad considerable de dióxido de carbono. (A modo de contexto, un vehículo de pasajeros típico emite unas 50 toneladas de CO2 en 10 años). Cuando se tala un árbol, el CO2 almacenado se libera de nuevo al entorno, lo que aumenta la cantidad total de CO2 y perjudica la calidad del aire. Los árboles que capturan y almacenan CO2 contribuyen a las emisiones negativas y eliminan dos tercios de todas las emisiones de origen humano presentes en la atmósfera.

3. Indicadores generales de salud

Una cubierta arbórea saludable protege a los residentes frente a enfermedades relacionadas con la contaminación y la muerte prematura, y mejora la calidad general de la salud.

Los árboles pueden reducir, bloquear o amortiguar la contaminación del aire, acústica y del agua, que es considerablemente mayor en las ciudades. La Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma: «La población mundial (99%) respira aire que supera los límites establecidos en las directrices de la OMS y contiene altos niveles de contaminantes». Para 2060, las muertes prematuras debidas a la contaminación del aire podrían ascender a entre 6 y 9 millones al año. Además, los días de enfermedad, los gastos médicos y la reducción de la producción agrícola provocados por la contaminación del aire podrían costar el 1% del PIB mundial, o 2,6 billones de dólares al año.

La OMS afirma que, mediante la planificación urbana, reverdecer las ciudades puede combatir la contaminación del aire, la forma más mortífera de contaminación. Cubrir al menos el 30% de la superficie total de suelo urbano podría evitar 400 muertes prematuras al año.

Además de reducir la contaminación del aire, los árboles urbanos disminuyen la contaminación acústica y del agua. Al actuar como barreras físicas, amortiguan el ruido y filtran el agua de lluvia para mejorar la calidad del agua en los cursos de agua locales. Asimismo, las personas que viven en ciudades con una cubierta arbórea considerable gozan de una mejor salud y una mayor inmunidad. Los árboles favorecen la circulación sanguínea y los niveles de oxígeno, y reducen la presión arterial y la ansiedad; las sustancias bioquímicas que liberan en forma de aerosol tienen propiedades antibióticas, antifúngicas y antirreumáticas.

4. Impulsores de las comunidades locales

Los árboles urbanos pueden mejorar la calidad de vida, la igualdad social y la inclusión en las ciudades.

Los ciudadanos que tienen más fácil acceso a espacios verdes o a la naturaleza afirman tener mejor estado de ánimo y más motivación para hacer ejercicio al aire libre y relacionarse con sus comunidades. Esto mejora la calidad de vida, lo que a su vez puede atraer más oportunidades de negocio e incluso elevar los precios inmobiliarios entre un 3% y un 15%.

Es importante destacar que los árboles pueden contribuir a la igualdad y la inclusión sociales. Las poblaciones de bajos ingresos suelen vivir en zonas que sufren niveles desproporcionadamente altos de calor y contaminación. En estas zonas, la cubierta arbórea puede ser al menos un 30% menor que en los barrios acomodados. Al abordar la equidad arbórea, los beneficios ambientales, sanitarios y socioeconómicos que ofrecen los árboles quedan al alcance de los grupos de bajos ingresos, lo que promueve la igualdad y la inclusión sociales.

% de diferencia en la cubierta arbórea observada en San Francisco. Estados Unidos está sufriendo una pérdida neta de casi 36 millones de árboles al año, lo que equivale a aproximadamente 70.000 hectáreas de cubierta arbórea. Image: American Forests.

5. Una buena cubierta arbórea fomenta la biodiversidad urbana

Los árboles protegen a todos los que viven cerca de ellos y en ellos, y enriquecen la biodiversidad urbana.

Una cubierta arbórea diversa protege la biodiversidad en general —animales, insectos y vegetación natural— y contribuye además a la salud de los árboles urbanos. Los árboles también sirven de refugio a la fauna y la flora autóctonas, amenazadas o en peligro de extinción. Por ejemplo, más del 20% de la biodiversidad aviar mundial habita en las ciudades. Las aves se alimentan de insectos, savia, frutos secos y frutas de los árboles y, a cambio, dispersan sus semillas.

La conservación de una gran diversidad funcional puede proporcionar recursos esenciales a los habitantes de las ciudades. Por ejemplo, el 88% de las especies arbóreas de la ciudad de Nueva York son aprovechables para obtener alimentos y medicinas. Por último, los árboles bien cuidados pueden reducir al mínimo la erosión del suelo durante las lluvias intensas, lo que evita daños al entorno natural y construido. Prevenir la erosión del suelo garantiza que este conserve los minerales necesarios para favorecer el crecimiento de los árboles.

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Dados estos beneficios, no sorprende que los árboles urbanos puedan ayudar a las ciudades a alcanzar 15 de los 17 ODS de la ONU. Aunque las ciudades y los países han emprendido iniciativas para plantar árboles, se necesitan esfuerzos continuos para que los árboles urbanos alcancen la madurez y completen su ciclo de vida. Las ciudades pueden empezar modificando las leyes para aumentar la superficie mínima de cubierta arbórea urbana, evitar la pavimentación de los espacios públicos para permitir que prosperen los árboles jóvenes y trasladar los árboles maduros a espacios abiertos en lugar de talarlos. El futuro de unas ciudades sostenibles e inclusivas dependerá sin duda de cómo cuidemos y protejamos nuestros árboles urbanos.

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