Por qué las ciudades podrían estar atrapadas en el lugar equivocado

People walk past cottages in the centre of Hugh Town on the Scilly isle of St. Mary's, Britain September 1, 2016. REUTERS/Peter Nicholls
Medieval towns in France were much more likely to be located near Roman towns than their British counterparts.Image: REUTERS/Peter Nicholls
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El mundo se urbaniza rápidamente (Perspectivas de la urbanización mundial, revisión de 2011). Sin embargo, algunas de sus ciudades de rápido crecimiento parecen estar mal ubicadas. Se encuentran en lugares afectados por un acceso deficiente a los mercados mundiales, la escasez de agua o la vulnerabilidad a las inundaciones, los terremotos y los volcanes.

Este resultado —que las ciudades queden atrapadas en lugares equivocados— tiene graves consecuencias económicas y sociales. Al plantearse respuestas de política, una pregunta clave de investigación es si los acontecimientos históricos pueden dejar a las ciudades atrapadas en ubicaciones subóptimas.

Nueva investigación sobre un «experimento» histórico

Nuestra investigación reciente aborda esta cuestión comparando la evolución de dos redes urbanas inicialmente similares después de una calamidad histórica que destruyó una de ellas y dejó la otra prácticamente intacta (Michaels y Rauch, 2013). El contexto específico que examinamos es el noroeste de Europa, donde rastreamos los efectos del colapso del Imperio romano de Occidente, ocurrido hace más de 1500 años, hasta la actualidad.

En los albores del primer milenio, Roma conquistó y posteriormente urbanizó territorios, entre ellos los que hoy conforman Francia y Gran Bretaña (hasta el Muro de Adriano, al norte). Bajo el dominio romano, las ciudades de Francia y Gran Bretaña evolucionaron de forma similar en cuanto a sus instituciones, organización y tamaño. Sin embargo, hacia mediados del siglo IV, sus destinos divergieron.

La Britania romana sufrió invasiones, usurpaciones y represalias contra sus élites. Hacia el año 410 d. C., cuando la propia Roma fue saqueada por primera vez, las últimas legiones que quedaban en la Britania romana, encargadas de mantener el orden y la seguridad, se marcharon definitivamente. Como consecuencia, se derrumbó el orden político, social y económico de la Britania romana. Entre los años 450 y 600 d. C., sus ciudades dejaron de funcionar. Las ciudades romanas de Francia también sufrieron cuando cayó el Imperio romano de Occidente, pero muchas sobrevivieron y fueron tomadas por los francos.

En resumen, la red urbana de Gran Bretaña prácticamente desapareció con la caída del Imperio romano de Occidente, mientras que las ciudades francesas experimentaron una mayor continuidad. Las trayectorias divergentes de las redes urbanas británica y francesa nos permiten estudiar las consecuencias espaciales de la reorganización de una red urbana, a medida que las ciudades de Europa occidental resurgieron y crecieron durante la Edad Media.

Durante la Plena Edad Media, Gran Bretaña y Francia volvieron a estar gobernadas por una élite común —los normandos—, en lugar de los romanos. Gran Bretaña y Francia tenían acceso a tecnologías de producción similares. Ambas características nos ayudan a comparar el efecto del colapso del Imperio romano en la evolución de la ubicación de las ciudades.

Tres posibles trayectorias de evolución

Tras la calamidad asimétrica y el posterior resurgimiento de las ciudades, cabe imaginar uno de tres escenarios.

En primer lugar, si los factores fundamentales de ubicación, como las costas, las montañas y los ríos, favorecen de forma constante un conjunto fijo de lugares, tanto las ciudades que sobrevivieron como las que resurgieron se encontrarían en ellos. En ese caso, observaríamos una gran persistencia de las ubicaciones desde la época romana en adelante, tanto en las redes urbanas británica como francesa. En segundo lugar, si los factores fundamentales de ubicación, o su valor, cambian con el tiempo y afectan a la productividad más que a la concentración de la actividad humana, ambas redes urbanas se desplazarían de forma similar hacia lugares con mejores condiciones fundamentales. En ese caso, observaríamos una menor persistencia de las ubicaciones en las redes urbanas británica y francesa con respecto a la época romana. En tercer lugar, si los factores fundamentales de ubicación, o su valor, cambian, pero afectan a la productividad menos que la concentración de la actividad humana, deberíamos observar dependencia de la trayectoria en la ubicación de las ciudades. La red urbana británica, que se reorganizó, se alejaría de las ubicaciones de la época romana y se trasladaría a otras más adecuadas para las cambiantes condiciones económicas. En cambio, las ciudades francesas tenderían a permanecer en sus ubicaciones romanas originales. Las ciudades francesas se quedaron; las británicas se desplazaron

Nuestro análisis empírico respalda el tercer escenario, en el que la ubicación de las ciudades depende de la trayectoria. Era mucho más probable que las ciudades medievales de Francia estuvieran cerca de ciudades romanas que sus homólogas británicas (figura 1). Estas diferencias de persistencia siguen siendo visibles hoy: solo tres de las 20 ciudades más grandes de Gran Bretaña están cerca del emplazamiento de ciudades romanas, frente a 16 en Francia. Este hallazgo sugiere que la red urbana británica se desplazó hacia ubicaciones que ofrecían nuevas ventajas, mientras que las ciudades francesas permanecieron en lugares que quizá quedaron obsoletos.

El paso al transporte por agua debería haber impulsado el desplazamiento de las ciudades

Pero aún queda una pregunta por responder: ¿tuvo consecuencias la dependencia de la trayectoria? En otras palabras, ¿importó que las ciudades francesas permanecieran en las ubicaciones de la época romana? Para arrojar luz sobre esta cuestión, señalamos que durante la época romana las carreteras conectaban las principales ciudades y facilitaban el movimiento del ejército romano. Sin embargo, durante la Edad Media, las mejoras técnicas del transporte por agua (Blair, 2007, y Fleming, 2010) hicieron más importante el acceso a la costa. Este cambio tecnológico significó que el acceso costero importaba más para las ciudades medievales de Gran Bretaña y Francia que para las romanas.

Descubrimos que durante la Edad Media era aproximadamente dos veces y media más probable que las ciudades de Gran Bretaña tuvieran acceso a la costa —directamente o por medio de un río navegable— que durante la época romana. En cambio, en Francia apenas cambió el acceso costero de la red urbana durante el mismo período. Además, mostramos que el acceso a la costa se asociaba con un crecimiento más rápido de las ciudades entre 1200 y 1700, y que, en las ciudades con poco acceso costero, el acceso a los canales se asociaba con un crecimiento demográfico más rápido.

Figura 1. Ciudades romanas (puntos) y ciudades medievales (círculos vacíos) de Gran Bretaña y Francia

La ubicación de una ciudad o pueblo estaba directamente relacionada con su éxito económico.Image: VoxEU

Estos hallazgos, junto con los elevados costos de construir y mantener canales, sugieren que el acceso al transporte por agua era de un valor incalculable. Nuestra conclusión es que muchas ciudades francesas quedaron atrapadas en lugares equivocados durante muchos siglos. No podían aprovechar las nuevas tecnologías de transporte debido a su escaso acceso a la costa; estaban en ubicaciones concebidas para responder a las exigencias de la época romana, y no a las necesidades de la Edad Media.

Conclusiones

En conjunto, nuestros hallazgos muestran que las redes urbanas pueden reconfigurarse en torno a factores fundamentales de ubicación que adquieren más valor con el tiempo. Sin embargo, esta reconfiguración no es inevitable, y las ciudades pueden permanecer atrapadas en ubicaciones desfavorables durante muchos siglos e incluso milenios. Esta asignación espacial ineficiente de la actividad económica casi con certeza ha generado costos económicos considerables.

Nuestros hallazgos ofrecen enseñanzas para quienes diseñan políticas hoy. La conclusión de que las ciudades y los pueblos pueden estar mal ubicados sigue siendo relevante, mientras la población mundial se concentra cada vez más en las ciudades. Por ejemplo, algunas zonas de África, incluidas algunas de sus ciudades, se ven perjudicadas por el acceso deficiente a los mercados mundiales debido a su condición de territorios sin litoral y a una infraestructura de transporte terrestre deficiente. Además, en todo el mundo, muchas ciudades están cerca de zonas propensas a inundaciones, terremotos, erupciones volcánicas y otros desastres naturales.

Nuestro artículo sugiere que la dependencia de la trayectoria en la ubicación de las ciudades aún puede generar importantes costos de bienestar hoy.

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