La mayoría de las personas nunca pensaría en Londres como un bosque. Sin embargo, en realidad hay más árboles en Londres que habitantes. Y ahora, un nuevo trabajo de investigadores del University College London demuestra que algunas zonas de esta selva urbana almacenan por hectárea tanto carbono como las selvas tropicales.
Más de la mitad de la población mundial vive en ciudades, y los árboles urbanos son fundamentales para la salud y el bienestar humanos. Los árboles proporcionan sombra, mitigan las inundaciones, absorben dióxido de carbono (CO₂), filtran la contaminación atmosférica y ofrecen hábitats a aves, mamíferos y otras plantas. Los servicios ecosistémicos que prestan los árboles de Londres –es decir, los beneficios que obtienen los residentes de los procesos naturales del entorno– se valoraron recientemente en 130 millones de libras al año.
Esto podría equivaler a menos de 20 libras al año por árbol, pero el valor real podría ser mucho mayor, dada la dificultad de cuantificar los beneficios más amplios de los árboles y su longevidad. El coste de reemplazar un árbol grande y maduro asciende a muchas decenas de miles de libras, y sustituirlo por uno o más pequeños brinzales implica que el beneficio neto equivalente no se observará hasta muchas décadas después.
La dificultad de medir los árboles
Los árboles absorben CO₂ durante la fotosíntesis, que luego se metaboliza y se transforma en materia orgánica que constituye casi la mitad de su masa total. Los árboles urbanos son especialmente eficaces para absorber CO₂, porque se encuentran tan cerca de fuentes como el transporte que quema combustibles fósiles y la actividad industrial.
Este potencial de almacenamiento de carbono es un aspecto extremadamente importante de su valor, pero es muy difícil de cuantificar. Un plátano de sombra londinense de 120 años puede medir 30 metros de altura y pesar 40 toneladas o más, y parte del carbono de sus tejidos puede proceder de los fuegos de carbón de la era victoriana.
Medir la altura de un árbol alto es difícil, porque rara vez está claro con exactitud dónde se encuentra el punto más alto; estimar su masa es aún más complicado. Por lo general, la masa de los árboles se estima comparando el diámetro del tronco o la altura del árbol con la masa de árboles similares (idealmente de la misma especie) que han sido talados y pesados en el pasado. Este proceso se basa en el supuesto de que los árboles de una determinada especie tienen una relación tamaño-masa clara.
Pero una propiedad fascinante de los árboles es lo variables que pueden ser, según su entorno. Por ello, inferir la masa de los árboles urbanos a partir de sus homólogos no urbanos introduce grandes incertidumbres.
Lidar sobre Londres
El equipo de la UCL utiliza una combinación de técnicas de escaneo láser de vanguardia, tanto terrestres como aerotransportadas, para medir la biomasa de los árboles urbanos con mucha mayor precisión. El lidar (detección y medición por luz) emite cientos de miles de pulsos de luz láser cada segundo y mide el tiempo que tarda en regresar la energía reflejada desde objetos situados a cientos de metros de distancia.
Cuando se monta sobre un trípode en una calle de la ciudad, el lidar genera una imagen 3D con precisión milimétrica de todo lo que “ve”, incluidos los árboles. El equipo utiliza los métodos lidar que pioneró para medir algunos de los árboles más grandes del mundo, y aplicarlos a los árboles del distrito londinense de Camden, donde se ubica la universidad.
El equipo de la UCL utilizó datos públicos disponibles de lidar aerotransportado recopilados por la Agencia de Medio Ambiente del Reino Unido, junto con sus mediciones sobre el terreno, para estimar la biomasa de los 85 000 árboles de Camden. Estas mediciones lidar ayudan a cuantificar las diferencias entre los árboles urbanos y no urbanos, lo que permite a los científicos elaborar una fórmula que predice la diferencia en la relación tamaño-masa y, por tanto, medir la masa de los árboles urbanos con mayor precisión.
Los resultados muestran que Camden tiene una densidad mediana de carbono de alrededor de 50 toneladas de carbono por hectárea (t/ha), que asciende a 380 t/ha en zonas como Hampstead Heath y el cementerio de Highgate; esta cifra equivale a los valores observados en las selvas lluviosas templadas y tropicales. Camden también presenta una densidad de carbono elevada en comparación con otras ciudades de Europa y de otras regiones. Por ejemplo, Barcelona y Berlín tienen densidades medias de carbono de 7,3 y 11,2 t/ha respectivamente; las grandes ciudades de Estados Unidos tienen valores de 7,7 t/ha y en China la cifra equivalente es de 21,3 t/ha.
Una historia que contar
Los árboles importan a todos nosotros. Las recientes protestas en Sheffield, Cardiff, Londres y en otros lugares, contra las políticas de gestión y tala de árboles, muestran lo intensamente que la gente siente por los árboles de su barrio. Encontrar formas de valorar los árboles de manera más eficaz es fundamental para construir ciudades más sostenibles y habitables.
Medir los árboles de nuevas formas también nos ayuda a verlos desde una nueva perspectiva. Algunos de estos árboles tienen historias increíbles que contar. Un ejemplo es un fresno, escondido en los terrenos de la iglesia antigua de St. Pancras, una de las iglesias cristianas más antiguas de Londres (y, de hecho, de Gran Bretaña).
El árbol presenta una extraordinaria disposición de lápidas alrededor de sus raíces, colocadas allí cuando se construyó el ferrocarril desde St Pancras a mediados del siglo XIX. Al parecer, la tarea de reubicar las lápidas se encomendó a un joven Thomas Hardy, que trabajaba como empleado ferroviario antes de alcanzar la fama literaria. Los datos lidar 3D del equipo de la UCL están ayudando a supervisar el estado de este “Fresno de Hardy” en su vejez. Esta es solo una de las formas en que la nueva ciencia ayuda a contar las historias de los árboles antiguos.


