Uno de los fenómenos que hemos observado durante el último año es que el movimiento para combatir el cambio climático ha pasado a estar liderado por ciudades, estados y empresas. Si bien se necesita el liderazgo nacional y multinacional en este importante esfuerzo, es en realidad una buena señal que las ciudades, los estados y las empresas estén adoptando una actitud activista. Si miramos al pasado, descubrimos que a menudo las iniciativas de «abajo hacia arriba» terminan superando a las políticas nacionales. Desde un punto de vista práctico, estas iniciativas de base pueden ejecutarse con mayor rapidez, y la diversidad de enfoques puede allanar el camino para establecer las mejores prácticas.
De hecho, el liderazgo de abajo hacia arriba en la respuesta a desafíos existenciales de gran alcance no es nada nuevo para el progreso estadounidense. Con nuestras excursiones de verano y escapadas habituales, solemos asociar las leyes de límite de velocidad con nuestras autopistas interestatales federales. Sin embargo, en realidad fueron las ciudades y los estados quienes primero encabezaron la iniciativa de implantar normas de velocidad de seguridad.
A principios del siglo XX, el crecimiento de la propiedad de automóviles superó a la inversión en infraestructura, incluida la instalación de farolas y señales viales. Para frenar el creciente número de accidentes de tráfico, la ciudad de Nueva York y el estado de Connecticut aprobaron los primeros códigos de tráfico del país a principios de la década de 1900. Durante los siguientes 30 años, la mayoría de los estados aprobaron leyes similares de control de velocidad, lo que allanó el camino para que se establecieran límites de velocidad en las autopistas federales. Este y otros muchos ejemplos de cambio positivo han sido impulsados por líderes innovadores a nivel de ciudad y de estado.
Hoy, del mismo modo que estos movimientos de base en el pasado ayudaron a cambiar la conciencia nacional sobre cómo pensamos la seguridad automovilística, estamos viendo cómo alcaldes, gobernadores y líderes empresariales innovan para incidir en el problema del cambio climático. Confío en que este es el tipo de liderazgo que necesitamos para marcar la diferencia. Sin duda, las políticas nacionales y multinacionales se basarán en lo que aprendamos de estos líderes.
Hace apenas unas semanas, el gobernador de California, Jerry Brown, fue anfitrión de la Global Climate Action Summit en San Francisco, donde los estados, las ciudades, las universidades y las ciudades reiteraron su compromiso de que Estados Unidos alcance un futuro bajo en carbono. En ese mismo evento, representantes gubernamentales de China y California firmaron una asociación sobre el cambio climático para identificar formas en que China puede trabajar con California para alcanzar conjuntamente los objetivos de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero.
La asociación entre China y California indica que los gobiernos estatales están cobrando cada vez más influencia para impulsar a quienes hasta ahora han avanzado lentamente, como China, a adoptar medidas serias para abordar el cambio climático.
De hecho, las iniciativas de base como esta son cada vez más frecuentes. El mes pasado, un grupo de 17 gobernadores estadounidenses anunció una alianza para combatir el cambio climático mediante políticas ecológicas destinadas a reducir las emisiones, a la vez que se comprometió con 1,4 millones de dólares para construir la infraestructura necesaria para respaldar los coches eléctricos. El pasado verano, 19 ciudades globales, que representan a 130 millones de residentes urbanos, firmaron una declaración según la cual todos los edificios nuevos construidos antes de 2030 serían de carbono neutro.
Son buenos pasos.
Estos esfuerzos imitan acciones emprendidas desde hace tiempo por la comunidad empresarial, que ha sido pionera en aceptar el argumento empresarial a favor de la resiliencia y en impulsar un futuro de carbono neutro. El sector privado se ha dedicado a fijar objetivos de emisiones basados en la ciencia para contribuir a alcanzar las metas establecidas en el Acuerdo de París de 2015, además de realizar inversiones socialmente responsables en empresas con carteras ecológicas y reacondicionar sus operaciones y diseños para que sean más "verdes.”
En Gensler creemos que es nuestra responsabilidad global dar ejemplo a nuestros clientes y colegas, a la vez que inspiramos a los estudiantes de diseño a imaginar un entorno construido más resiliente. En nuestro tercer informe anual Impact by Design informe, publicado hoy, destacamos nuestros proyectos que suman 1,25 mil millones de pies cuadrados, diseñados para evitar que casi 11 millones de toneladas métricas de gases de efecto invernadero entren en la atmósfera cada año. Abogamos por una mayor planificación de la resiliencia, que incluye tanto estrategias de diseño como la adopción de prácticas transformadoras que cambian nuestro enfoque del cambio climático.
En nuestro informe analizamos seis formas clave en que nuestros líderes consideran que tienen mayor potencial para ayudarnos a ser resilientes a los impactos del cambio climático.
1: Experimentar con nuevas formas para ciudades y edificios
Como diseñadores, no hay mayor impacto que podamos tener en el rendimiento general de un edificio que su diseño. Para lograr el objetivo del diseño resiliente, se requerirá apertura a la experimentación con la tecnología, la ubicación, la orientación y otros elementos. Nuestro diseño de la sede del Harbin Bank en Pekín combina un sistema de fachada de alto rendimiento con persianas automáticas para controlar mejor la refrigeración y la luz solar, lo que se traduce en un ahorro energético del 50 % en verano y en un 32 % menos de pérdida de calor.
2: Seleccionar materiales de bajo impacto para edificios
Durante la fabricación, la entrega y el montaje de los materiales se consume más energía que en cualquier otra fase del ciclo de vida de un edificio. Nuestra cartera pone énfasis en este punto, como se observa en First United Banks en Texas. Nuestro diseño se centra en el impacto a largo plazo mediante el aprovechamiento de su estructura renovable de madera para ayudar a compensar 190 toneladas de dióxido de carbono, lo que hace que el edificio sea un 42 % más eficiente que los requisitos del código.
3: Adaptar los edificios existentes para mejorar el rendimiento
Solo en Estados Unidos, más del 80 % de la población vive actualmente en zonas urbanas, por lo que cualquier oportunidad de no derribar un edificio y optimizar su rendimiento energético es la solución ideal. Un proyecto emblemático de la filosofía de Gensler de equilibrar la experiencia y el rendimiento es One Post Office Square en Boston. La conversión de este edificio de oficinas comercial de uso único en un nuevo destino de uso mixto reutiliza más del 50 % de los materiales originales del edificio y se espera que produzca una reducción energética del 32 % respecto al código de Boston.
4: Reducir y adquirir energía
Las principales vías para minimizar la huella de carbono operativa implican tanto la reducción como la generación de energía, que se produce tanto in situ como a partir de las redes energéticas. Aunque todavía hay algunos mercados sin acceso a redes energéticas inteligentes, los diseñadores pueden utilizar tecnologías renovables in situ para ayudar a producir energía. La azotea del Centro de Sostenibilidad de la Universidad Estatal de California, Northridge, utiliza un sistema fotovoltaico y un diseño de iluminación «autónomo con luz diurna» para compensar las necesidades energéticas y eliminar la necesidad de luz artificial durante el día.
5: Diseñar ciudades y edificios teniendo en cuenta el agua
Es fundamental que los diseñadores de edificios individuales en nuestras ciudades costeras consideren el uso de materiales duraderos capaces de resistir los daños del agua. Asimismo, los urbanistas deberían replantear el diseño de sus ciudades y la forma en que los canales y los humedales específicos pueden ayudar a combatir la entrada de agua de mar. Una de estas propuestas de investigación de Gensler sobre la subida del nivel del mar en Miami sugiere una serie de canales de excavación y relleno que canalizan el agua hacia emplazamientos a prueba de inundaciones, lo que ayudaría a cambiar la mentalidad de impedir la entrada de agua por la de gestionar las inundaciones.
6: Utilizar datos en tiempo real para mejorar el rendimiento y la experiencia
Cuando los sistemas tecnológicos innovadores responden a las condiciones en tiempo real y permiten a los ocupantes del edificio tener un control más directo, existe la posibilidad de reducir significativamente la cantidad de energía necesaria, al tiempo que se mejoran tanto el rendimiento como la experiencia humana. La sede de Johnson Control en Asia Pacífico utiliza sistemas de iluminación inteligente con atenuación de la luz diurna, sensores de presencia y persianas automatizadas para ayudar a optimizar el rendimiento y reducir el consumo de agua en un 42 % y el consumo de energía en un 44 %.
Al integrar plenamente estas estrategias centradas en las personas, podemos garantizar que nuestros proyectos estén diseñados para generar un impacto positivo en nuestro mundo. En Gensler debemos seguir siendo modelos a seguir para las empresas y los constructores de ciudades, al tiempo que seguimos trabajando con los líderes locales. Ya sea un enfoque de arriba hacia abajo o de abajo hacia arriba, sabemos que el diseño desempeña un papel central para ayudar a crear comunidades resilientes y saludables en los años venideros.

