La ciudad de los 15 minutos satisface las necesidades humanas, pero deja insatisfechos los deseos. He aquí por qué

15-minute city copenhagen
15-minute city: Metropolitan ideal or 'dullsville' for the affluent?Image: Photo by Febiyan on Unsplash
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  • La ciudad de los 15 minutos busca reorganizar el espacio urbano en torno al trabajo, el hogar, la comunidad y los servicios: la idea es que todas las necesidades se satisfagan a 15 minutos a pie o a un breve trayecto en bicicleta.

  • Diversas ciudades del mundo han comenzado a adoptar el enfoque de la ciudad de los 15 minutos.

  • Pero la vida urbana es mucho más que el acceso a los servicios, y el modelo de los 15 minutos corre el riesgo de excluir a las comunidades desfavorecidas.

  • Aunque exista un umbral básico de 15 minutos, los grandes centros urbanos, con experiencias de talla mundial, deben seguir siendo accesibles para todos.

Por fin parece que los peores días de la pandemia de COVID quizá hayan quedado atrás. Pese a las primeras predicciones de un éxodo urbano duradero, la gente está regresando. Sin embargo, la pandemia ha provocado algunos cambios urbanos permanentes, entre ellos, la reasignación de calles que antes se destinaban a los automóviles y al estacionamiento para crear carriles para bicicletas, miniparques y restaurantes.

Una de las principales ideas urbanas surgidas de la pandemia es la ciudad o el barrio de los 15 minutos. Desarrollado por el urbanista francés Carlos Moreno, el concepto de ciudad de los 15 minutos se refiere a un lugar donde todas las necesidades de la vida cotidiana —tiendas, escuelas, lugares de trabajo, consultorios médicos, parques, bibliotecas, restaurantes y otros servicios— se encuentran a un breve paseo a pie o en bicicleta de 15 minutos desde el hogar. De este modo, cada barrio se convierte en una «isócrona», una zona que puede recorrerse en un tiempo determinado y que permite a todos sus residentes acceder cómodamente a lo que necesitan a pie.

La ciudad de los 15 minutos busca reorganizar el espacio físico en torno a la experiencia humana del tiempo. Los trabajadores pueden vivir cerca de sus oficinas o espacios de trabajo compartido, lo que elimina los desplazamientos al trabajo. Cualquiera puede ir a pie a un pequeño parque cercano sin tener que buscar estacionamiento. La vida comunitaria también se beneficiará: dividir una ciudad en unidades más pequeñas la hace mucho más manejable desde el punto de vista social.

Diversas ciudades del mundo han comenzado a adoptar el enfoque de la ciudad de los 15 minutos. Por ejemplo, Melbourne propone comunidades autosuficientes dentro de un radio de 800 metros. El Plan de Acción Climática de Portland plantea crear barrios más dinámicos en los que el 90 % de los residentes pueda satisfacer sus necesidades cotidianas a pie o en bicicleta. Sin embargo, París, donde se originó el concepto, sigue siendo su defensora más ferviente. Su alcaldesa, Anne Hidalgo, promueve la «ville du quart d’heure» desde principios de 2020 y la ha incorporado a un plan más amplio para fomentar la movilidad activa en lugar del uso del automóvil: la velocidad de los automóviles se ha limitado a 30 kilómetros por hora en muchas calles; los automóviles tienen prohibido circular por la ribera del Sena un domingo al mes; y también están en marcha planes para incluir un carril bici en cada calle antes de 2024.

París aspira a ser una ciudad 100% ciclista en 4 años.
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Estos experimentos no tienen precedentes y son apasionantes, y se apoyan en principios de planificación establecidos desde hace mucho tiempo. Desde la crisis del modernismo monofuncional de la posguerra, urbanistas y diseñadores han propuesto desarrollos de uso mixto, donde viviendas, escuelas y tiendas conviven en barrios diversos. El barrio de los 15 minutos ofrece una escala espacial concreta y plantea un nuevo modelo para la ciudad en su conjunto, subdividida en pequeñas partes que se repiten.

¿Qué podría salir mal?

Resulta que el concepto no siempre encaja. Para empezar, el barrio de los 15 minutos no funciona tan bien en un país suburbano como Estados Unidos. Aunque es fácil imaginar París, Copenhague y Barcelona divididas en pequeñas partes que se repiten —o incluso ciertos lugares de Estados Unidos, como Manhattan y Brooklyn, o amplias zonas de Boston y Cambridge, en Massachusetts—, cuesta imaginar una transformación así en los extensos suburbios alejados donde vive la mayoría de los estadounidenses. Es posible que las ciudades y los suburbios estadounidenses solo alcancen el umbral de los 15 minutos si el trayecto se hace en automóvil.

Además, las comunidades de 15 minutos apenas alteran las duras realidades de la desigualdad económica y geográfica. Prometen servicios cercanos y una movilidad peatonal privilegiada para las élites urbanas acomodadas. Son más adecuadas para los barrios urbanos prósperos que para las zonas desfavorecidas de nuestras ciudades. Como señala Ed Glaeser, de la Universidad de Harvard, los grupos menos favorecidos apenas pueden hacer vida en sus propios barrios desfavorecidos, donde faltan empleos, supermercados y servicios que sí se encuentran en comunidades más acomodadas.

Muchos de nuestros colegas urbanistas se preguntan qué tiene de novedoso la idea del barrio de los 15 minutos. Consideran que no es más que una versión rebautizada de los barrios urbanos o las «aldeas». La vida de aldea tiene muchas ventajas —comunidades muy unidas, un ritmo de vida relajado y desplazamientos sencillos—, pero carece del dinamismo de una ciudad de verdad.

La realidad es que la vida urbana requiere la vasta extensión de las ciudades y las áreas metropolitanas en su conjunto. Y es imposible reproducir a escala de barrio algunas de las instituciones más importantes: grandes universidades, grandes museos y grandes teatros. Las ciudades prosperan porque crean un mercado para estas extraordinarias instituciones y recursos.

Quizá vayamos todos los días a la cafetería de nuestra manzana, pero solo tomaremos el metro para ir al museo o al teatro una vez al mes. De hecho, una investigación de uno de nosotros, publicada recientemente en Nature demuestra que, en la vida cotidiana, la frecuencia con la que visitamos un lugar determinado es inversamente proporcional a la distancia que lo separa de nuestro hogar.

En vez de una ciudad enteramente organizada en torno a los 15 minutos, proponemos pensar en algo parecido a un «umbral básico de 15 minutos». Este término, más acotado, puede recordarnos un hecho importante: las zonas verdaderamente dinámicas de la ciudad suelen empezar cuando terminan esos primeros 15 minutos. Si tenemos fácil acceso a lo esencial, podemos reservar los trayectos más largos para cuando los necesitemos: para encontrarnos con esa diversidad y especialización, y participar en ellas, que solo son posibles a escala de una ciudad y un área metropolitana de verdad.

Por definición, los grandes barrios son incompletos: funcionan como los proverbiales peldaños o puntos de partida desde los que sus residentes pueden aventurarse más lejos. Los grandes barrios nunca son autosuficientes; siempre surgen de grandes ciudades y funcionan gracias a ellas.

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