La sorprendente persistencia de la «ciudad de los 15 minutos»

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Este artículo se publicó originalmente en Common Edge.

  • Las tendencias urbanísticas van y vienen, pero el modelo de desarrollo urbano peatonal y de usos mixtos de la «ciudad de los 15 minutos» es mucho más que una moda pasajera.

  • Las raíces históricas de la ciudad de los 15 minutos están profundamente conectadas con el momento actual, que nos acompañará durante mucho tiempo.

  • A medida que el cambio climático y los conflictos mundiales provocan perturbaciones y tensiones con mayor frecuencia y gravedad, la ciudad de los 15 minutos cobrará aún más importancia.

Las tendencias urbanísticas van y vienen: Broadacre City, Radiant City, EcoCity. Sin embargo, la «ciudad de los 15 minutos» —un concepto que supone tener a poca distancia a pie, en bicicleta o en transporte público desde casa todos los servicios necesarios— ha demostrado ser persistente no solo como idea, sino también como una poderosa herramienta de acción: de París a Seúl, de Bogotá a Houston.

Para quienes llevan mucho tiempo dedicados al urbanismo, la ciudad de los 15 minutos parecía limitarse a presentar con un nuevo envoltorio el patrón histórico de desarrollo urbano: barrios peatonales y de usos mixtos. Vino viejo en botella nueva, como dice el refrán. Pero para que un nuevo enfoque desencadene un movimiento urbanístico mundial, claramente tiene que haber algo más.

La respuesta más evidente, aunque incompleta, es la pandemia. ¿Habría impulsado la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, un diseño urbano progresista sin este enfoque? Sin duda. Pero, con la COVID-19 y sus variantes manteniendo a todos en casa (o más cerca de ella de lo habitual), la ciudad de los 15 minutos pasó de ser algo «deseable» a convertirse en un grito de movilización. Poder satisfacer todas las necesidades a una distancia que pudiera recorrerse a pie, en bicicleta o en transporte público se convirtió de repente en una cuestión de vida o muerte. La pandemia creó una urgencia en torno al urbanismo equitativo que relegó los debates sobre los carriles bici y otros «servicios», que llevaban años provocando controversias en las comunidades.

El término fue acuñado en 2016 por Carlos Moreno, profesor de la Sorbona, quien recibió un premio Obel en 2021 por desarrollar la idea. El gráfico de abajo procede de una búsqueda en Google Trends sobre el uso mundial del término; el pico del centro corresponde aproximadamente al 15 de noviembre de 2020.

Análisis de Google Trends sobre las búsquedas de la ciudad de los 15 minutos.

Cuando un nuevo enfoque aparece en el momento oportuno, surge algo más que una moda pasajera. Antes de la pandemia, pocos urbanistas se habrían tomado en serio la idea de que el «hogar» se convirtiera en el factor central que organizara toda la planificación urbana. Pese a las predicciones de un aumento del «teletrabajo», trabajar desde casa seguía siendo algo excepcional. De hecho, el trabajo y el comercio siempre han sido los factores centrales que organizan el urbanismo, desde la revolución posterior a la agrícola hasta las revoluciones industrial y tecnológica.

Históricamente, la mayoría de las ciudades crecieron en torno al comercio, que luego dio lugar a centros comerciales más permanentes. Las ciudades redujeron los costes de transporte de bienes y personas al acercarlos. Al reducir estos costes, aumentaron la productividad y, por tanto, evolucionaron aún más como multiplicadoras de la cultura y la innovación. (Como dijo Aristóteles: «La ciudad-Estado nace para vivir, pero existe para vivir bien».) Más de un siglo después de que los automóviles se impusieran como principal medio de transporte, el trabajo seguía determinando la geografía urbana, con desplazamientos cada vez más largos. Los suburbios, la antítesis de la ciudad de los 15 minutos, no podrían existir sin su proximidad a un motor económico urbano.

París planea convertirse en una "ciudad de 15 minutos".
París planea convertirse en una "ciudad de 15 minutos".
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La destrucción creativa de las ciudades

Puede que la COVID-19 esté invirtiendo ahora esta situación, y por eso el concepto de la ciudad de los 15 minutos está arraigando de una manera que no habría ocurrido antes de la pandemia. Como muestra la ilustración de abajo, la ciudad de los 15 minutos sitúa el hogar en el centro de las relaciones espaciales urbanas. La idea no es tener al alcance inmediato de la puerta de casa todos los servicios culturales y satisfacer todos los deseos humanos. Nueva York solo puede tener un distrito teatral de Broadway. Pero no cabe duda de que Midtown Manhattan tendrá que seguir un patrón de recuperación similar al de Lower Manhattan tras el atentado terrorista del 11-S: diversificarse. Y lo mismo ocurre con los suburbios, y en una medida muy superior a la diversificación que ya han experimentado.

De hecho, la descentralización del trabajo no acabará con la ciudad: la salvará. Por el camino habrá mucha destrucción creativa, pero así es como la ciudad se renueva: desde dentro. Las ciudades que no descentralicen el trabajo tendrán enormes dificultades, tanto por razones conocidas como por otras inimaginables.

A medida que el cambio climático y los conflictos mundiales provocan perturbaciones y tensiones con mayor frecuencia y gravedad, la ciudad de los 15 minutos cobrará aún más importancia. Cualquiera que haya seguido el trabajo de Erik Klinenberg sabe que la resiliencia tiene sus raíces en el lugar. En concreto, las comunidades que promueven y mantienen relaciones sociales y económicas no tienen que ser ricas, pero sí necesitan ser transitables a pie y seguras, con sus edificios residenciales y comerciales intactos. Y añadiría que, para que las ciudades de los 15 minutos prosperen y no se limiten a sobrevivir a las crisis —y no se puede insistir lo suficiente en esto—, también deben contar con abundantes viviendas equitativas para personas de distintos niveles de ingresos, así como acceso digital.

Así es como los vecinos pueden conocerse y comprenderse: como comerciantes y trabajadores locales, colegas, cuidadores, educadores y amigos. Estas son las personas que se unen cuando más importa. Los grupos de ayuda mutua que surgieron durante la pandemia ejemplifican la importancia de la cohesión social en una crisis, que solo funciona si las necesidades básicas están a una distancia razonable de donde vive la gente.

Personas paseando junto al Sena, en una zona enteramente peatonal. Image: UNSPLASH/Yan Berthemy

Y, sin embargo, las ciudades de los 15 minutos no son solo un conjunto de pueblos medievales autónomos que viven en un estado de crisis constante. La naturaleza fractal de las ciudades es lo que las convierte en lugares dinámicos: conjuntos de barrios conectados, cada uno con su propia historia cultural, que evoluciona con el tiempo y contribuye a la identidad de la ciudad en su conjunto (como el Renacimiento de Harlem o las culturas del jazz latino y el hip hop del sur del Bronx).

La palabra «conectados» tiene aquí mucho peso. Sí, la gente necesita transporte público y otros servicios para toda la ciudad. Pero las ciudades son tanto una identidad como un lugar. Como podría decir el historiador Yuval Noah Harari, las ciudades son una «ficción»: un concepto compartido que organiza la sociedad en torno a la cooperación (aunque a veces esta parezca frágil). Mientras Harari se centró en los Estados-nación y la religión como ficciones humanas primordiales, yo diría que las ciudades son la ficción humana más innovadora de todas.

Distopía, utopía, eutopía

En marcado contraste con la ciudad de los 15 minutos está la tendencia urbana predominante del siglo XX, que continúa en el actual: la rápida urbanización, tanto distópica como utópica. Se calcula que 1.000 millones de personas pobres de zonas urbanas (1 de cada 8 personas del planeta) viven en asentamientos informales. También están las distópicas ciudades fantasma de China, donde hay 130 millones de inmuebles vacíos que podrían albergar a unos 340 millones de personas, más que la población actual de EE. UU. La tendencia opuesta es la construcción desde cero de utopías de «ciudades inteligentes», como Songdo City en Corea del Sur y Masdar City en Abu Dabi, entre otras. Aunque en general se consideran fracasos sin alma, la esperanza nunca muere: Woven City de Toyota está actualmente en construcción en Japón.

Entre la distopía (un lugar malo) y la utopía (ningún lugar) está la «eutopía», un término de planificación urbana acuñado por el polímata escocés del siglo XIX Patrick Geddes. Procede del griego eu, que significa bueno, y topos, que significa lugar. Integrada por «gente, trabajo y lugar», la eutopía es la mejor expresión posible de una ciudad.

Para cuantificar y planificar mejor las eutopías, Geddes desarrolló el concepto de «presupuesto vital». Sostuvo que «la sociedad debe pasar de los “salarios monetarios” —que tienden a disipar las energías en beneficio de las ganancias individuales, a expensas de las cualidades naturales y culturales— a un “presupuesto vital” que facilite “conservar las energías y organizar [el] entorno para mantener y hacer evolucionar la vida: social, individual y cívica”».

Esto se parece mucho a una ciudad de los 15 minutos, incluso por las circunstancias en las que surgió: entre las grietas de la destrucción creativa provocada por una revolución tecnológica.

Entonces, ¿qué tiene de nuevo la ciudad de los 15 minutos?

Como concepto, no mucho, y por eso al principio la descarté como una moda pasajera. Pero cuando el enfoque de «vino viejo en botella nueva» se hizo viral (perdón por el juego de palabras) y empezó a impulsar cambios reales, quedó claro que las raíces históricas de la ciudad de los 15 minutos estaban profundamente conectadas con el momento actual, que nos acompañará durante mucho tiempo.

«No existe tal cosa como una idea nueva», dijo una vez Mark Twain. «Es imposible. Simplemente tomamos un montón de ideas antiguas y las colocamos en una especie de caleidoscopio mental. Les damos una vuelta y forman combinaciones nuevas y curiosas. Seguimos girándolo y creando combinaciones nuevas indefinidamente; pero son los mismos viejos trozos de vidrio coloreado que se han usado a lo largo de todas las épocas».

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