Por qué el futuro del crecimiento pasa por mirar al pasado

A worker arrives at his office in the Canary Wharf business district in London February 26, 2014. London's financial services sector created 25 percent more jobs in February than a year ago, new data has shown, indicating the industry may be recovering from the restructuring and redundancies prompted by the financial crisis. After a strong January, the City hiring market showed no signs of slowing down last month, with 3,220 new jobs created, compared with 2,575 added in February 2013, according to financial services recruiter Astbury Marsden. The data suggests London's banks and financial services companies are returning to growth after slashing thousands of jobs in the face of a lengthy recession and a series of industry scandals that followed the financial crisis. Picture taken February 26, 2014. REUTERS/Eddie Keogh (BRITAIN - Tags: BUSINESS EMPLOYMENT TPX IMAGES OF THE DAY)ATTENTION EDITORS: PICTURE 03 OF 25 FOR PACKAGE 'CITY OF LONDON - LIFE IN THE SQUARE MILE'. TO FIND ALL IMAGES SEARCH 'RECRUITER KEOGH' - RTR3FZ88
Today, the world’s population is, on average, about 20 times richer than it was during the long Agrarian Age.Image: REUTERS/Eddie Keogh
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Hoy, la población mundial es, en promedio, unas 20 veces más rica que durante la larga Edad Agraria. Entre el 7000 a. C. y el 1500 d. C., los recursos eran escasos, el progreso tecnológico era lento y las presiones maltusianas mantenían a casi todas las poblaciones humanas en un nivel cercano a la subsistencia, con un ingreso diarioper cápita inferior a 1,50 dólares en términos actuales.

En 2017, solo alrededor del 7 % de la población mundial es tan pobre. Pensemos en un escenario en el que tomáramos el valor monetario total de lo que producimos actualmente y lo usáramos para comprar los tipos de bienes y servicios que consumen las personas que viven con 1,50 dólares al día. El valor medio diario de la producción mundial sería de 30 dólares por persona (a precios actuales).

Ese es nuestro ingreso mundial anual actual, de unos 80 billones de dólares. Y aunque los frutos de la productividad mundial están lejos de distribuirse por igual, la riqueza global de nuestra sociedad dejaría hoy atónitos a nuestros antepasados de la Edad Agraria.

Además, no producimos ni consumimos las mismas cosas que nuestros antepasados, que vivían cerca de la subsistencia. En 2017, consumir 40 kilocalorías diarias de cereales básicos no le serviría de mucho a nadie. Entretanto, los equivalentes de los bienes y servicios corrientes que consumimos hoy habrían sido absurdamente caros durante la Edad Agraria. Y en muchos casos ni siquiera cabía considerar tales equivalentes. Tiberio Claudio Nerón no pudo cenar fresas con nata durante el siglo I a. C., porque a nadie se le ocurrió combinar esos dos alimentos hasta que los cocineros del cardenal Thomas Wolsey, cortesano de los Tudor, los sirvieron en el siglo XVI.

En 1606, solo había una persona que podía sentarse en casa a ver un drama audiovisual sangriento sobre brujas. Se llamaba James Stuart y era rey de Inglaterra y Escocia. Tenía a William Shakespeare y a los Hombres del Rey a su servicio. Hoy, más de cuatro mil millones de personas con teléfonos inteligentes, tabletas y televisores disfrutan de una forma de entretenimiento a la carta que antes estaba reservada a los monarcas absolutos.

Por poner un ejemplo más, el hombre más rico de principios del siglo XIX, Nathan Mayer Rothschild, murió a los cincuenta y tantos años a causa de un absceso infectado. Si le hubieran ofrecido la posibilidad de entregar toda su fortuna a cambio de una dosis de antibióticos modernos, probablemente lo habría hecho.

Por eso, en realidad es engañoso decir que una persona típica de hoy es 20 veces más rica que su antecesora de la Edad Agraria, porque las opciones de consumo actuales van mucho más allá de los bienes y servicios que estaban ampliamente disponibles entonces. Hoy las personas disfrutan no solo de la abundancia, sino también de una variedad de opciones sin precedentes, que supone un importante aumento de la riqueza general.

Pero ¿de qué magnitud es ese aumento?

A los estadísticos de la Oficina de Análisis Económico del Departamento de Comercio de Estados Unidos y de sus organismos homólogos en otros países les ha costado medir el papel que desempeña la mayor «variedad» en la productividad. Según las estimaciones habituales, el crecimiento anual de la productividad laboral en la región del Atlántico Norte promedió el 1 % entre 1800 y 1870, el 2 % entre 1870 y 1970 y el 1,5 % desde entonces, con una posible desaceleración en la última década. Pero esto es, en gran medida, una estimación de cuánto hemos mejorado en la producción de bienes de primera necesidad para las personas pobres del mundo; no mide cuánto han enriquecido nuestras vidas las mejoras de la productividad.

Debemos buena parte de este enriquecimiento a innovaciones que han transformado profundamente la civilización humana. Entre ellas figuran los inodoros con cisterna, los automóviles, la energía eléctrica, las comunicaciones a larga distancia, el procesamiento moderno de la información y otros avances.

De nuevo, alcanzar capacidades similares en épocas anteriores habría sido absurdamente caro —o sencillamente imposible—. En la etapa final del Imperio romano, solo un aristócrata adinerado podía permitirse unnomenclátor: un esclavo encargado de memorizar nombres y rostros y de recordárselos al aristócrata cuando las ocasiones sociales lo exigían. Hoy, tener un teléfono inteligente básico es mejor que contar con un séquito de una docena, o incluso de miles, de asistentesnomenclátores.

Al pensar en el futuro del crecimiento y en las oportunidades que el crecimiento continuado abrirá para toda la humanidad, deberíamos reflexionar sobre lo mucho que hemos avanzado. Mis propios intentos por medir la enorme escala del crecimiento económico en el Atlántico Norte durante los últimos 200 años se han visto frustrados, pero estoy convencido de que la producción se ha multiplicado por 30 o más.

¿Cuánto más crecimiento podemos esperar y qué significará para quienes llegaremos a ser? Si el pasado sirve de guía, es imposible saberlo. Las fresas con nata del mañana aún no se han inventado.

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