Sir Elton John: 5 lecciones de liderazgo de mis horas más oscuras

Musician Elton John performs at a concert in Twickenham in London, Britain June 3, 2017. REUTERS/Neil Hall
Sir Elton John: 'The future is always in your hands'Image: REUTERS/Neil Hall
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Hay mucho que aprender sobre liderazgo, sobre todo cuando, como me ocurrió a mí, se pasa de un ámbito a otro. Tras una carrera en la música y luego un cuarto de siglo dedicado a crear conciencia sobre el VIH/sida, hay cinco cosas que quiero transmitir, y debo todo lo que he aprendido a un valiente joven llamado Ryan White.

La primera lección que he aprendido es la importancia de encontrar una pasión y seguirla. En este sentido, tuve suerte desde el principio. Descubrí mi amor por la música cuando tenía tres años. La primera vez que escuché a Elvis Presley supe que eso era lo que quería hacer. Mi pasión llegó ya plenamente formada.

El camino hacia el éxito nunca es recto, y en mi caso tampoco lo fue. Mi padre, por ejemplo, pensaba que dedicarse a la música era algo escandaloso e inaceptable. Pero no me dejé disuadir. Persistí y descubrí que me encantaba. Me brindó alegría y una abundancia material que superaba mis sueños más descabellados.

Retrato de Greg Gorman

La fama como maldición

Pero, una vez que alcancé esos bienes, empecé a perderlos y, peor aún, empecé a perderme a mí mismo. Mi humanidad esencial comenzó a disolverse en un exceso de drogas y alcohol. La fama, que a primera vista parece una bendición, pronto se reveló también como una maldición. Me temo que reaccioné muy mal. Me convertí en una persona detestable: egoísta, egocéntrica y desconectada. Esa es una dolorosa segunda lección, que aprendí haciendo todo mal. Un buen líder posee una integridad moral que perdura tanto en el éxito como en el fracaso.

Pero, por fortuna, es posible cambiar. Esta es mi tercera lección: el futuro siempre está en tus manos. Fue en mi peor momento cuando tuve la inmensa fortuna de conocer a Ryan White y a su madre, Jeanne. Ryan había contraído sida por una transfusión de sangre y, para agravar ese dolor, la sociedad lo había tratado con crueldad: las reacciones ante su enfermedad iban desde una desagradable indiferencia hasta un desprecio feroz. Leí sobre la enfermedad de Ryan, sobre el sufrimiento de él y su familia, y me indignó. Quería ayudarles, pero ellos acabaron ayudándome mucho más a mí.

La lucha contra el estigma

Me sentí profundamente conmovido al ver a Ryan y Jeanne hacer frente al estigma, la discriminación y el odio con una gracia absoluta. Su capacidad para sobrellevar adversidades reales me inspiró a cambiar el rumbo de mi propia vida. Ryan White fue la chispa que me ayudó a superar mis adicciones. La lección crucial que me enseñó fue la que me llevó a fundar la Fundación Elton John contra el Sida.

La Fundación Elton John contra el Sida tiene ya 25 años y, durante el último cuarto de siglo, he tenido el privilegio de recaudar fondos y crear conciencia en favor de organizaciones que están en primera línea de la epidemia. Esto conduce directamente a la cuarta lección: no hay nada más profundo ni más poderoso que reconocer nuestra humanidad común.

Esto es mucho más que una frase hecha; es la base del progreso en cuestiones como el VIH/sida. Cuando podemos considerar que algunos seres humanos están por debajo de nuestra dignidad, como solíamos hacer, es fácil hacer oídos sordos a su sufrimiento. Cuando empezamos a sentir empatía por todos ellos, comprendemos que quienes sufren son como nosotros. Ese impulso conduce, con el tiempo, a organizar colectivamente la ayuda. Fue entonces cuando comenzamos el proceso de sanación.

El proceso de sanación

Hoy necesitamos el proceso de sanación más que nunca, porque los avances que hemos logrado están amenazados. Está en peligro la financiación de la Ley CARE Ryan White y de los servicios de prevención del VIH. La atención sanitaria para las personas más pobres y vulnerables está bajo ataque. Las políticas migratorias injustas empujan a la gente a la clandestinidad y la alejan de la atención sanitaria y los servicios que necesita. La injusticia racial y la violencia vuelven a aumentar. Los avances, conseguidos con mucho esfuerzo, en las libertades civiles de las personas LGBT corren el riesgo de revertirse. La violencia contra las personas transgénero se dispara.

Sin embargo, esto no es una invitación a la desesperanza, porque la quinta y última lección es que la esperanza puede encontrar respuesta y el progreso puede triunfar. Podemos inclinar el mundo hacia la luz. En el mundo del arte, puede hacerlo una persona o un pequeño grupo de hombres y mujeres con ideas afines. En nuestra vida social, una buena sociedad exige que nos unamos.

Humanidad común

En los conciertos de Tel Aviv, he visto a judíos, árabes, cristianos y musulmanes reunirse con el mismo espíritu y disfrutar de la misma música. De Moscú a Pekín, de Ciudad de México a Johannesburgo, he visto a millones de personas de distintas edades, nacionalidades, partidos políticos y religiones unirse para celebrar.

Y, gracias al trabajo de la Fundación Elton John contra el Sida, he presenciado y protagonizado un extraordinario recorrido de avances contra el estigma, la discriminación y la desinformación. He estado hombro con hombro junto a activistas que se enfrentan a los poderosos círculos de poder. Me he unido a demócratas y republicanos para impulsar el cambio a través de PEPFAR, un programa emblemático del Gobierno de Estados Unidos para combatir la epidemia del sida que ha salvado millones de vidas en todo el mundo.

Ese proceso de unión comienza con la aceptación de nuestra humanidad común. No hay lección más importante.

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