La profesión de la comunicación es aficionada a ensalzar el poder de la narración. Construir relatos es un componente fundamental de gran parte de nuestro trabajo, y conectar a las personas mediante historias es uno de nuestros principales objetivos. Aunque sabemos desde hace bastante tiempo que la narración funciona, nuevas investigaciones lo están demostrando.
La mayor magia de Harry Potter
Según un estudio, publicado en el Journal of Applied Social Psychology, los jóvenes que leen la serie de Harry Potter —y se identifican con el personaje principal o protagonista— tienen menos probabilidades de mostrar sesgos o prejuicios contra grupos minoritarios.
En las novelas de Harry Potter, los prejuicios son un tema recurrente. Voldemort, que representa el mal puro, esgrime argumentos sobre los no magos, a quienes llama «sangre sucia» y «mestizos», que presentan paralelismos evidentes con el racismo y el nazismo. Además, Harry y sus amigos entran en contacto con especies no humanas, como elfos y duendes, que se quejan de que se les obliga a ocupar puestos subordinados, en una situación similar a la esclavitud y los sistemas de castas.
Estos paralelismos pueden ser evidentes, pero ¿pueden cambiar nuestras simpatías?
El grupo de investigación, dirigido por el profesor Loris Vezzali, de la Universidad de Módena y Reggio Emilia, en Italia, realizó tres estudios relacionados. En el primero, pidió a 34 alumnos italianos de quinto grado que completaran un cuestionario sobre sus actitudes hacia los inmigrantes, un grupo que suele ser estigmatizado en Italia. Luego, los estudiantes se dividieron en dos grupos que se reunieron durante seis semanas para leer pasajes de Harry Potter y comentarlos. El grupo experimental leyó fragmentos centrados en partes de los libros que abordan los prejuicios o la intolerancia. Por ejemplo, en uno de los pasajes leyeron cómo Draco Malfoy, un mago aristocrático de sangre pura, llama a Hermione, amiga de Harry, «asquerosa sangre sucia». En cambio, el grupo de control leyó fragmentos no relacionados con los prejuicios, como el momento en que Harry compra su primera varita mágica.
Después de leer los fragmentos, los estudiantes respondieron por segunda vez el cuestionario sobre inmigrantes. Los integrantes del grupo experimental —sobre todo quienes se identificaban con el personaje de Harry Potter— mostraron más empatía hacia los inmigrantes. Las actitudes de quienes estaban en el grupo de control no cambiaron significativamente.
Es de suponer que a los niños les influyó la aceptación por parte de Harry del grupo estigmatizado conocido como «sangres sucias», y que eso les ayudó a comprender mejor la intolerancia y la injusticia hacia grupos minoritarios, como las personas homosexuales o los inmigrantes.
Vezzali y sus colegas realizaron dos estudios de seguimiento con resultados similares. En un segundo estudio, los investigadores preguntaron a 117 estudiantes italianos de secundaria cuántos libros de Harry Potter habían leído, si se identificaban emocionalmente con Harry Potter o con Voldemort y cuáles eran sus actitudes hacia las personas LGBT. Descubrieron que los estudiantes que habían leído más libros tenían una percepción positiva de las personas LGBT, pero, una vez más, solo si se identificaban emocionalmente con Harry Potter.
Por último, en el tercer estudio, los investigadores examinaron a un grupo de estudiantes universitarios de más edad en Inglaterra y evaluaron sus actitudes hacia los grupos de refugiados. Descubrieron que la lectura de los libros de Harry Potter también tenía un efecto similar en ellos. Sin embargo, esta vez la identificación con Harry Potter no contribuyó a cambiar las actitudes de esta población de más edad, PERO sí lo hizo el no identificarse con el malvado Voldemort. Según los autores, «las personas forman sus actitudes no solo al identificarse con otros relevantes positivos, sino también al distanciarse de otros relevantes negativos».
Por consiguiente, los investigadores creen que «la lectura de las novelas puede contribuir potencialmente a reducir los prejuicios en la vida real».
Las historias también pueden abordar el racismo
El estudio concuerda con investigaciones que descubrieron que leer ficción literaria puede reducir el racismo al ayudar a los lectores a identificarse con personajes de diversos orígenes. En este estudio, un equipo de investigación dirigido por el psicólogo Dan Johnson, de la Universidad Washington and Lee, determinó que leer un fragmento de una novela sobre una mujer musulmana produjo dos resultados alentadores. En primer lugar, los lectores tenían más probabilidades de clasificar a las personas como mestizas, en vez de encasillarlas en categorías raciales específicas; en segundo lugar, también tenían menos probabilidades de asociar rostros enfadados con grupos ajenos.
Johnson y sus colegas describen dos experimentos que incorporaron un fragmento de 3.000 palabras de la novela de 2009 de Shaila Abdullah, Saffron Dreams , sobre Arissa, una mujer musulmana culta que es agredida en una estación del metro de Nueva York. Los participantes del estudio se dividieron en dos grupos. El grupo experimental leyó un fragmento que incluía «un monólogo interior sustancial que destaca la fortaleza de carácter de la protagonista y, a la vez, ofrece una mirada a la cultura musulmana», mientras que el grupo de control leyó una sinopsis de 500 palabras de la misma escena, sin el lenguaje descriptivo ni el diálogo que aportaban calidad narrativa.
A continuación, los participantes vieron una serie de rostros de raza ambigua y los clasificaron según cuatro categorías: (1) árabe, (2) mestizo, más árabe que caucásico, (3) mestizo, más caucásico que árabe, o (4) caucásico.
Quienes leyeron el fragmento con monólogo interior y lenguaje descriptivo «emitieron significativamente menos juicios categóricos sobre la raza» que quienes simplemente leyeron la sinopsis.
En el segundo experimento participaron 110 personas reclutadas por internet. Leyeron el fragmento de la novela, la sinopsis de 500 palabras del fragmento o un texto no relacionado sobre la historia de los automóviles. Después, los participantes de los tres grupos examinaron 12 imágenes de rostros árabes-caucásicos de raza ambigua que expresaban distintos grados de ira y los clasificaron según las mismas cuatro categorías.
Los participantes que leyeron la sinopsis o el texto sobre la historia del automóvil clasificaron de forma desproporcionada los rostros enfadados como árabes. Sin embargo, este sesgo no se observó entre quienes leyeron el fragmento de la novela.
¿Qué está pasando?
Una investigación, publicada en la revista Oxford Journal of Social Cognitive and Affective Neuroscience, descubrió que cuando las personas observan a otras a quienes perciben como ajenas, sus cerebros realizan menos imitación mental y sienten menos simpatía.
La imitación mental es una conducta en la que una persona imita inconscientemente los gestos, los patrones del habla o las actitudes de otra. Suele producirse en situaciones sociales en las que la persona siente una conexión con la otra y ayuda a crear afinidad entre las personas. Imitamos menos mentalmente a quienes percibimos como ajenos y, por consiguiente, nos sentimos menos conectados con ellos.
La ficción narrativa puede ayudar a cerrar esta brecha de empatía al respaldar puntos de vista que aceptan a los demás o al ofrecer una ventana a la mente de otras personas. Esta es una de las razones por las que el éxito de los libros de Harry Potter es tan notable. Aunque es poco probable que las personas con prejuicios negativos contra los musulmanes lean Saffron Dreams, podrían leer una historia fantástica como las novelas de Harry Potter, que tienen un amplio atractivo y disimulan algunos de sus mensajes progresistas de aceptación bajo hechizos y partidos de quidditch.
Este artículo se publicó originalmente en el blog People, Spaces, Deliberation del Banco Mundial. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autora: Roxanne Bauer es consultora del departamento de Comunicaciones Operativas de Relaciones Externas y Corporativas del Banco Mundial (ECROC).
Imagen: Una mujer lee un libro tumbada en el césped de la Universidad de Columbia, en Nueva York. REUTERS/Carlo Allegri.
