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Los principales autores del mundo responden a las preguntas de los miembros del Book Club.
El psicólogo organizacional Adam Grant nos acompaña en el episodio inaugural para hablar de su libro Think Again: The Power of Knowing What You Don't Know, de «desaprender» y de la pandemia.
Book Club
En el episodio inaugural del pódcast Book Club del Foro Económico Mundial, nos acompaña Adam Grant, psicólogo organizacional y autor de éxitos de ventas.
Adam ayuda a sus millones de lectores, oyentes y seguidores a encontrar sentido y motivación en su trabajo. Y durante el último año, mientras la pandemia se extendía por todo el mundo, aplicó sus conocimientos para ayudar también en casa, y los compartió con nosotros en este episodio, en el que hablamos de su último libro, Think Again:
The Power of Knowing What You Don't Know. También responde a preguntas planteadas por algunos de los 200.000 miembros de nuestro Book Club y nos recomienda libros de sus autores favoritos, además de contarnos qué pódcasts escucha.
Primero le pregunté a Adam por una de las ideas centrales de su libro: «el poder de desaprender».
Adam Grant: Creo que uno de los peligros de vivir en un mundo que cambia rápidamente es que acabamos cargando en la cabeza con fósiles mentales: opiniones y suposiciones que quizá tenían sentido en una versión anterior del mundo, pero que ya no son ciertas. Y creo que, en un mundo dinámico, tenemos que estar tan dispuestos a replantearnos las cosas como lo estuvimos a pensarlas por primera vez.
Muchos no lo hacemos. Hay indicios de que demasiados pasamos gran parte del tiempo pensando como predicadores, fiscales o políticos. Cuando adoptas el modo predicador, defiendes tus opiniones. En el modo fiscal, atacas las opiniones de otra persona. Y en el modo político, solo escuchas a alguien si ya está de acuerdo contigo. En los tres estados mentales, ya has decidido que tienes razón y que los demás se equivocan. Así que quizá ellos tengan que replantearse las cosas, pero tú estás bien: tu trabajo mental ya está hecho.
Escribí este libro para averiguar cómo podríamos pasar menos tiempo en los modos de «predicador, fiscal y político» y pensar un poco más como científicos: reconocer que podemos estar equivocados y sentir tanta motivación por buscar motivos por los que nuestro conocimiento podría ser incompleto como por defender nuestras convicciones actuales. Escuchamos ideas que nos hacen pensar a fondo, no solo las que nos hacen sentir bien. Y nos rodeamos de personas que cuestionan nuestro razonamiento, no solo de quienes están de acuerdo con nuestras conclusiones. Creo que, si todos aportáramos un poco de humildad para reconocer lo que no sabemos, la duda que no solemos aplicar lo suficiente a lo que creemos saber y la curiosidad por descubrir más, quizá tendríamos una mente más abierta. Y creo que un mundo con una mentalidad más abierta probablemente sería un mundo mejor.
Beatrice: Sin duda. ¿Crees que la edad influye en esto? ¿Las personas más jóvenes están más abiertas y son más humildes a la hora de desaprender? ¿O es algo que cualquiera puede hacer en cualquier etapa de la vida?
Todas las personas que conoces saben algo que tú no
Adam Grant: Los datos sobre la edad son interesantes; creo que apuntan en ambas direcciones. Por un lado, las personas mayores suelen tener opiniones más arraigadas y, según los datos, también comparten más noticias falsas en las redes sociales. Por otro lado, tienden a ser un poco más humildes, mientras que las personas más jóvenes son algo más narcisistas y exigentes, y a veces tienen una opinión exagerada de sus propias opiniones. Así que creo que se puede sostener que a cualquier edad cuesta replantearse las cosas, pero también que a cualquier edad se puede optar por adoptar un poco más de flexibilidad mental. Para ello, basta con reconocer que cuanto más sabes, más preguntas sin respuesta te planteas y que la búsqueda del conocimiento nunca termina. Si lo tienes presente, te conviertes en una persona que aprende toda la vida y empiezas a darte cuenta de que cada persona que conoces sabe algo que tú no. Por eso, cada interacción es una oportunidad para ampliar tus conocimientos.
Beatrice: Entonces, ¿dirías que la humildad y la capacidad de desaprender son herramientas clave que todo empleado o gerente debería tener en 2021?
Adam Grant: Creo que 2020 nos obligó a replantearnos muchas cosas: dónde trabajamos, cómo hacemos las cosas, cómo colaboramos a distancia, cómo mantenemos viva la cultura y cómo aprendemos cuando no tenemos necesariamente interacciones espontáneas. Y creo que, como esos cambios se nos impusieron, a quienes se resistían a replantearse las cosas les costó mucho más adaptarse.
Lo que sí parecía anticipar la adaptación a esta situación tan inesperada era ser una persona afable y emocionalmente estable, capaz de dejarse llevar y, en general, de intentar sacar lo mejor de una mala situación. Uno de los errores que he visto cometer a mucha gente ahora que empezamos a pensar en volver al trabajo es decir: «Muy bien, hagamos un plan. Quizá volvamos a la oficina, quizá adoptemos un modelo que dé prioridad al trabajo a distancia o quizá uno híbrido, pero tenemos que comprometernos con una opción porque hay mucha incertidumbre y la gente hace muchas preguntas».
Y creo que este es el peor momento para comprometerse, porque apenas empezamos a sacar a la luz los conocimientos que adquirimos con este experimento mundial en el que nadie eligió participar. Creo que lo que deberíamos hacer es realizar más experimentos y preguntarnos, por ejemplo, cuál fue el mejor que hiciste en el último año y medio para intentar sacar adelante el trabajo, colaborar o incluso encontrar algo parecido al equilibrio entre la vida laboral y personal en un mundo en el que parecía que dormías en el trabajo o que la oficina de repente se apoderaba de tu casa. Creo que todos hemos estado haciendo pequeñas pruebas A/B en nuestra vida, pero no hemos compartido lo que aprendimos con suficiente amplitud ni lo hemos probado con suficiente rigor para averiguar qué hábitos nos servirán a todos de aquí en adelante.
Beatrice: Sin duda. Y creo que este año yo misma he realizado muchos experimentos que han fracasado.
Adam Grant: A mí también.
Beatrice: ¿Has notado que alguno de los experimentos que has hecho te haya funcionado? ¿Levantarte temprano? ¿Salir a correr antes de empezar a trabajar? ¿Hay algo concreto que te haya funcionado en los últimos dos años mientras vivíamos esta nueva normalidad?
Semáforos
Adam Grant: Pues, de hecho, en casa acabamos de empezar un nuevo experimento, el fin de semana pasado. Hablaba con una responsable de recursos humanos que me contó: «Lo mejor que hicimos fue que alguien creó un semáforo en casa para indicar cuándo se permitían las interrupciones y cuándo probablemente no eran bienvenidas».
Me pareció genial. No podía creer que no lo hubiera oído en el último año y medio. Se lo comenté a mis hijos y nuestro hijo de 10 años dibujó uno enseguida. Ya he empezado a usarlo. La luz verde significa, básicamente: «Se aceptan abrazos; pasa, me encantará verte». La amarilla: «Pasa si es importante, pero intento concentrarme». Y la roja: «NO ENTRES, salvo que sea una verdadera emergencia: estoy dando una conferencia magistral, haciendo una presentación o saliendo en televisión».
Es increíble cuánto ayuda, no solo a hacer explícito lo implícito e indicar si estamos abiertos o no a interrupciones espontáneas o a que nos interrumpan en una videollamada, sino también a implicar a nuestros hijos en la creación del semáforo. Empezaron a sentirse responsables de él; nuestra hija se lo explicaba a sus otros dos hermanos y les aclaraba cuándo era buena idea entrar de golpe y cuándo no. En cuanto a establecer límites, es un paso muy sencillo, pero bastante poderoso.
Beatrice: Esto me recuerda a nuestra última conversación en Davos, cuando hablamos de la crianza. ¿Ha cambiado tu postura sobre la crianza en los últimos dos años? ¿Tienes algún otro consejo para los padres? Este ejercicio para establecer límites es fantástico. ¿Recomendarías algo más a los padres y a quienes acaban de serlo, durante la pandemia, con todos obligados a quedarse en casa juntos?
Gestionar la incertidumbre
Adam Grant: Sabes, creo que esto ha sido muy difícil. Creo que probablemente el mejor consejo que recibí surgió de una conversación que tuve con Scott Kelly, el astronauta que pasó un año en el espacio. Scott me contó que, cuando se fue a hacer su versión del trabajo a distancia —vivir en la estación espacial durante 340 días seguidos—, se fijó como objetivo regresar a la Tierra con la misma energía y entusiasmo que tenía al partir. Me pareció una idea brillante porque uno de los mayores retos de la pandemia ha sido la imprevisibilidad: no saber cuándo iba a terminar. Creo que a muchos nos habría resultado más fácil sobrellevarla si alguien nos hubiera dicho desde el principio: «Miren, probablemente serán dos años difíciles y no esperen que las cosas vuelvan pronto a la normalidad», en vez de: «Bueno, quizá estemos superando esto dentro de un año», luego un año y medio y, después: «Un momento, no, hay una variante delta. ¿Y ahora qué?».
Creo que lo que aprendí del enfoque de Scott fue que, si puedes crear una imagen mental más clara del futuro, eso te ayuda a gestionar la incertidumbre. Así que me senté con mi esposa y mis hijos y nos preguntamos: el día que termine esta pandemia, ¿qué queremos hacer, adónde queremos ir y a quién queremos ver? Esa imagen nos mantuvo con energía. La hemos actualizado a lo largo de la pandemia y creo que, si aún no has tenido esa conversación con tus hijos, ahora es un buen momento para hacerlo.
Beatrice: Escribiste un artículo fantástico sobre el «languidecer». ¿Podrías explicar a quienes quizá no sepan qué significa? Creo que, cuando se publicó el artículo, la mayoría se sentía así. ¿Qué consejo darías a quienes están languideciendo ahora y quizá no puedan prosperar, pero sí podrían sentirse un poco mejor con uno o dos consejos?
Languidecer
Adam Grant: De hecho, acabo de dar una nueva charla TED sobre el languidecer y, mientras la preparaba, me di cuenta de que hubo un periodo de 2020 en el que estaba languideciendo sin siquiera saberlo. Me encontraba despierto hasta demasiado tarde, desplazándome sin parar por noticias negativas; por la mañana, me quedaba en la cama jugando al Scrabble en línea, cuando suelo ser de los que saltan de la cama por la mañana, listos para empezar el día. No entendía qué pasaba porque pensaba: «Bueno, no estoy deprimido; tengo mucha esperanza. No estoy agotado; todavía tengo mucha energía. Simplemente me siento un poco apagado».
Tardé un par de meses en darme cuenta de que estaba experimentando lo que el sociólogo Corey Keyes llama languidecer y lleva casi dos décadas estudiando. Languidecer es una sensación de hastío , estancamiento o vacío, en la que sientes que ves la vida en escala de grises en vez de a todo color. Creo que una de las razones por las que cuesta tanto reconocer el languidecer es que no consiste realmente en la presencia de algo, sino en la ausencia de algo, ¿verdad? No tienes síntomas de enfermedad mental, pero tampoco gozas de una salud mental plena. Keyes lo definió como «la ausencia de bienestar». Y creo que, si quieres salir del languidecer, los psicólogos suelen recomendar que ayuda «ponerle nombre para poder dominarlo»: el simple hecho de etiquetar la emoción puede ayudarte a entenderla y a encontrar formas de superarla.
Creo que uno de los errores que mucha gente ha cometido durante la pandemia es decir: «Bueno, no sé qué hacer. Nunca he vivido una pandemia». Es cierto; a menos que tengas 104 años, probablemente no hayas vivido ninguna y, aun así, dudo que la recuerdes muy bien. Pero si te das cuenta de que estás languideciendo y reconoces que esa niebla pandémica, esa sensación de no tener mucho que esperar con ilusión, es languidecer, puedes salir de esa visión demasiado limitada de «no sé cómo afrontar una pandemia». Puedes ampliar la perspectiva y preguntarte: «Muy bien, ¿cuándo fue la última vez que languidecí? ¿Y qué me ayudó a superarlo?». Así puedes aprender de tu propia resiliencia. Creo que muchas veces, cuando nos enfrentamos a la adversidad —ya sea que estemos languideciendo, agotados o lidiando con ansiedad extrema o depresión—, si reconocemos que ya hemos sentido esas emociones antes, podemos preguntarnos: «¿Qué sé ya que podría ayudarme a superar esto? ¿Qué sabiduría he adquirido en pruebas y tribulaciones anteriores que pueda servirme ahora?».
Beatrice: Una pregunta muy popular entre los miembros de nuestro Book Club que devoran tus recomendaciones de libros fue: ¿qué libros recomendarías para 2021? ¿Tienes tres favoritos? ¿Hay algún autor al que sigas especialmente? Sé que es una pregunta difícil, pero a nuestros lectores les encantaría saberlo.
Adam Grant: Es como pedirme que elija a mi hijo favorito. Es muy difícil. Pero empezaré diciendo que, si aún no lo has hecho, deja lo que estés haciendo y lee High Conflict de Amanda Ripley. Es un libro sobre algo que he vivido una y otra vez: creo que alguien se equivoca, así que adopto el modo de «matón de la lógica» y lo bombardeo con datos y hechos. Yo llevo a mi mejor fiscal a la conversación y la otra persona aparece con su abogado defensor más obstinado. Ninguno llega a ninguna parte y el conflicto se descontrola. Amanda explica de forma brillante por qué quedamos atrapados en espirales de conflicto y, con ayuda de la ciencia y una gran capacidad narrativa, quizá te dé ideas para salir de ellas o evitarlas desde el principio.
Ese es uno de mis favoritos. Otro libro extraordinario que acaba de salir es Four Thousand Weeks de Oliver Burkeman. Es una crítica mordaz del evangelio de la gestión del tiempo y leerlo puso patas arriba mis ideas sobre cómo usar el tiempo sabiamente. Una de las cosas que aprendí de los escritos de Oliver es que, por mucho que mejores en la gestión del tiempo, si te obsesionas con ella, solo serás más consciente de todas las horas que desperdicias. Y, aunque su postura sea escéptica, ofrece un análisis sorprendentemente alentador de lo que podemos hacer para aprovechar al máximo nuestro tiempo y nuestra atención. Creo que es una lectura imprescindible.

Si terminas esos dos, aparte de High Conflict y Four Thousand Weeks, ¿qué recomendaría con entusiasmo desbordante? Susan Cain va a publicar un libro titulado Bittersweet, que trata sobre la alegría de la tristeza y el valor de las emociones y experiencias ambivalentes. Lleva mucho tiempo trabajando en él. Creo que es una continuación increíble de su primer gran éxito, Quiet, y estoy deseando que llegue a las librerías.
Beatrice: Son opciones muy pertinentes. Gracias. Y como esto es un pódcast, tengo que preguntarte: ¿qué pódcasts recomendarías a nuestro público? ¿Hay alguno o varios que recomendarías en particular?
Por qué dar consejos puede ayudarte
Adam Grant: Me encanta Invisibilia; si no has escuchado el episodio How To Become Batman, creo que es el mejor episodio de pódcast que se ha hecho jamás. «Muy recomendable». Me encanta Revisionist History. Un programa nuevo que acabo de empezar a escuchar es The Art of Power, que me parece absolutamente fascinante. Y creo que, si aún no has descubierto a Glennon Doyle y su pódcast We Can Do Hard Things, Glennon siempre me hace cuestionar mis ideas y lo he disfrutado mucho.
Beatrice: Muy buenas recomendaciones, como siempre. Gracias. A los miembros de nuestro Book Club les interesaba mucho saber cómo es tu rutina diaria. ¿Cuándo tienes tiempo para leer o escribir? ¿Te reservas un periodo para escribir partes de tu nuevo libro? ¿Tienes un límite de tiempo para los pódcasts que escuchas? ¿Cómo es tu día?
Adam Grant: Bueno, es fácil encontrar tiempo para escuchar pódcasts. Los escucho cuando saco la basura, cuando lavo los platos y, a veces, mientras hago ejercicio. El otro día incluso escuchaba uno en el dentista. Así que cualquier actividad que requiera los ojos, pero no los oídos, me parece una buena ocasión para escuchar pódcasts. A veces también los escucho mientras me duermo, aunque si el episodio es increíble, de vez en cuando me mantiene despierto; pero a veces creo que vale la pena.
Me gusta escribir por la mañana. Normalmente, cuando nuestros hijos se van a la escuela, respondo algunos correos electrónicos para entrar en calor y acostumbrarme al ritmo de teclear y formular frases coherentes. Luego empiezo a escribir y sigo hasta que se me acaban los datos y las ideas; a veces son 15 minutos y otras, cuatro o cinco horas. Intento no estructurarlo demasiado porque enseguida me dan ganas de ser excesivamente lineal y, cuando preparo un borrador, quiero dejar fluir la creatividad. Después vuelvo y edito con una mirada algo más escéptica y crítica. Para el pensamiento divergente, quiero mantener bajos los filtros de atención; para el control de calidad, intento elevarlos y preguntarme: «¿Quién escribió esto? Espero que no haya sido yo, porque quizá me avergüence de lo que escribí ayer». Así puedo eliminar todo el contenido que no merece compartirse y, con suerte, quedarme con algo que sí.
Beatrice: Como última pregunta, ¿qué consejo darías a nuestros oyentes, ya sea a quienes vuelven al trabajo, siguen languideciendo o no logran desaprender, como mencionas en tu libro? ¿Qué les dirías? ¿Qué consejo les darías de cara a 2022?
Adam Grant: Diría que no aceptes consejos de personas que no te conocen bien, porque quizá se apliquen a tu situación o quizá no. Pero creo que, en vez de buscar consejos, a veces es mejor darlos. Hay investigaciones que muestran que aconsejar a otra persona aumenta tu confianza y aclara tu pensamiento. Así que, sean cuales sean tus retos para 2022, tanto si te preocupa quedar atrapado en un ciclo interminable de languidecer como si no sabes si volver o no a la oficina, busca a alguien con un dilema parecido y oriéntalo sobre cómo afrontarlo. En general, verás que el consejo que das a otras personas es el que necesitas seguir tú mismo.
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