Black Panther, la última película de superhéroes de Marvel Studios, ha conquistado al público desde México hasta Sudáfrica con su poderosa muestra del talento africano y afroestadounidense.
Tras su fin de semana de estreno, la película ya es un éxito de taquilla en Estados Unidos y en el mundo.
Según Screendaily, la película es la de mayor rendimiento de Disney fuera de Estados Unidos. En su día de estreno acaparó el 70 % de la cuota de mercado en México, propició el sábado de mayor recaudación de la historia en Sudáfrica, batió récords en África Oriental y Occidental y registró el día de estreno más exitoso para una película de superhéroes en los Países Bajos.
No debería sorprender. La combinación de la acción trepidante de los superhéroes de Marvel, personajes fuertes y de gran atractivo estético, paisajes de ciencia ficción y vestuarios increíbles es una mezcla embriagadora.
Pero en una industria a la que desde hace mucho se acusa de una falta asfixiante de diversidad, el éxito de Black Panther ha sido aclamado como un avance largamente esperado para los actores y directores negros.
The New York Times afirmó que el éxito de la película «hizo añicos un mito de Hollywood»: que «las películas arraigadas en la cultura negra no pueden convertirse en éxitos de taquilla mundiales».
Como dijo Ryan Coogler, el galardonado director afroestadounidense de Black Panther, en una entrevista con NPR:
«Hay un público enorme —no solo de personas de color, sino de todo el mundo— que quiere ver distintas perspectivas en esta creación de mitos».
Con un elenco predominantemente negro, la película cuenta la historia de Wakanda, una nación ficticia. Es la nación más avanzada tecnológicamente de la Tierra, pero se hace pasar por un país empobrecido para mantener a raya a los forasteros colonialistas.
El rey científico de Wakanda es el epónimo Black Panther, el primer superhéroe afroestadounidense en aparecer en una historieta estadounidense de gran difusión, en 1966, antes del movimiento político Pantera Negra. Stan Lee, quien creó el personaje junto con Jack Kirby, describió los nombres coincidentes como una «extraña coincidencia».
Décadas después, la historieta llamó la atención de Coogler, ahora de 31 años, quien se había cansado de leer cómics con héroes que no se parecían en nada a él mientras crecía en California.
«A medida que fui creciendo, quise encontrar un personaje de cómic que se pareciera a mí y no solo uno que estuviera al margen», le dijo a NPR. «Y ese día entro y le pregunto al tipo del mostrador: “Oye, ¿tienes aquí algún cómic sobre personas negras, ya sabes, con un superhéroe negro?”. Y él me dice: “Ah, sí, de hecho tenemos este”».
Era Black Panther. Adelantémonos a 2018: la exitosa adaptación de Coogler llega en un momento tenso para las relaciones raciales en Estados Unidos y en un momento de ajuste de cuentas mundial en torno a los derechos de las minorías.
Quizá de forma inevitable, no a todo el mundo le gusta la película. Christopher Lebron, profesor asociado de Filosofía en la Universidad Johns Hopkins, escribió que, aunque era «única por el protagonismo de sus estrellas negras y sus numerosas representaciones reflexivas de mujeres negras fuertes», «depende de una impactante desvalorización de los hombres negros estadounidenses».
Criticó que la historia dependa de «nobles africanos» negros para resolverlo todo, mientras relega a los hombres negros estadounidenses al «escalón más bajo».
En el extremo opuesto del espectro, los troles de la derecha alternativa han publicado relatos falsossobre supuestos ataques de espectadores negros durante las proyecciones de Black Panther. Usaron fotos de un videojuego serbio violento y de víctimas de abusos en otros contextos para publicar tuits fraudulentos que demonizaban a los fans de la película.
Si el dinero habla, los 361 millones de dólares que Black Panther ha recaudado hasta ahora los harán callar.
Pero, pese a todo eléxito de crítica y de taquilla de Black Panther, los actores, guionistas y directores negros siguen afrontando enormes obstáculos.
En una entrevista reciente, Viola Davis, protagonista de How to Get Away with Murder, dijo que le pagaban aproximadamente «una décima parte» de lo que ganaría una mujer blanca, a pesar de sus numerosos premios.
«Lo que les pagan —que es la mitad de lo que le pagan a un hombre—; bueno, nosotras probablemente recibimos una décima parte de lo que gana una mujer caucásica. Y soy la número uno en la hoja de convocatoria», dijo, aludiendo a que la han llamado «la Meryl Streep negra».
Parece que la fantasía de Marvel, ambientada en lugares remotos, está avivando el debate sobre las fracturas de la realidad estadounidense contemporánea.
