Las enfermedades cardiovasculares (ECV) son la principal causa de muerte en el mundo, pero la gran mayoría de los casos de ECV son prevenibles.
Se espera que el sector de la tecnología sanitaria supere los 3 billones de dólares en menos de una década, y podría contribuir a reducir las desigualdades en la atención sanitaria.
Por ejemplo, una nueva tecnología impulsada por inteligencia artificial (IA) podría ofrecer una forma más rápida, sencilla y asequible de hacer un seguimiento de la salud del corazón.
La humanidad tiene la oportunidad de revolucionar la lucha contra las enfermedades cardiacas. Las nuevas tecnologías, que solo ahora empiezan a estar disponibles, pueden contribuir a avanzar hacia una detección temprana y generalizada de los problemas cardiovasculares. La clave será hacer llegar estas nuevas herramientas a la mayor cantidad de personas posible, lo antes posible, antes de que se produzca un episodio que afecte a la salud del corazón.
Cada año, las enfermedades cardiovasculares (ECV) son la principal causa de muerte en todo el mundo. La Organización Mundial de la Salud informa de que 19,8 millones de personas murieron por ECV en 2022 (el último año completo con datos disponibles). Esto representa casi un tercio de todas las muertes en el mundo.
Como ingeniero, analizo sistemas para encontrar el "punto único de fallo". En el cuerpo humano, ese punto suele ser el corazón. Lo más trágico de estas pérdidas es que la gran mayoría podría evitarse. Se estima que el 80 % de las ECV es prevenible.
Con demasiada frecuencia, las personas no descubren los problemas de salud del corazón hasta que es demasiado tarde. La IA puede cambiar esa situación.
De la atención episódica a la atención continua
Muchas veces, la llamada de atención más importante para que un paciente se ocupe de la salud de su corazón llega durante una consulta médica. Su profesional sanitario puede realizar un electrocardiograma (conocido en todo el mundo como ECG o EKG), detectar motivos de preocupación y recomendar un plan de actuación.
Pero las personas no acuden al médico con frecuencia. Cuando algunas lo intentan, deben esperar meses después de experimentar un síntoma. Por eso, del mismo modo que es habitual subirse a una báscula para controlar el peso, deberíamos normalizar la comprobación del ritmo cardiaco en cualquier momento y lugar. Aquí es donde las tecnologías de monitorización remota de pacientes (RPM, por sus siglas en inglés) pueden marcar la diferencia para la salud del corazón, al permitir que los pacientes y sus profesionales sanitarios recopilen información sobre la frecuencia y el ritmo cardiacos de forma rápida y sencilla.
Los datos recopilados desde casa pueden compartirse fácilmente con los profesionales sanitarios. A continuación, los pacientes pueden tener citas virtuales para analizar sus resultados y elaborar un plan de actuación. También pueden hacerse más pruebas, como electrocardiogramas adicionales a lo largo del tiempo, para ayudar a determinar si su afección está mejorando.
El objetivo es dotar a los médicos y a los pacientes de un flujo de datos e información de calidad médica. Este tipo de herramientas transforma la relación de las personas con su propia salud. Ya no se trata de una atención episódica, sino de una atención continua. Esto significa que pueden anticiparse en su trayectoria de salud cardiaca.
Usar la IA de forma responsable para mejorar la salud del corazón
El poder de la IA es especialmente valioso para detectar lo que el ojo humano simplemente no puede ver. Gracias a las tecnologías emergentes, las nuevas herramientas pueden ofrecer electrocardiogramas más precisos y eficaces que nunca. Pueden detectar cambios leves, apenas perceptibles, que podrían indicar un problema de salud o algo que conviene vigilar.
Las herramientas de IA también pueden aprovechar el poder de los datos para evaluar lo que pueden significar incluso los cambios leves en un paciente. Pueden recopilar una cantidad enorme de datos longitudinales, que resultan increíblemente valiosos tanto para los pacientes como para los clínicos. Esta información ayuda a contar toda la historia de la salud cardiaca de un paciente, y no solo un único capítulo. Con este tipo de contexto, los profesionales sanitarios pueden interpretar el electrocardiograma del propio paciente, pero también utilizar datos anonimizados de otros pacientes para saber si un cambio probablemente derivará en un problema mayor.
Todo esto puede y debe llevarse a cabo mediante una recogida de datos segura y privada. A medida que más empresas creen herramientas centradas en la salud, garantizar la privacidad de cada paciente es fundamental.
Hacer más asequible la monitorización de la salud del corazón
Las tecnologías RPM podrían ayudar a acercar al mundo una amplia gama de pruebas diagnósticas. Actualmente, "la atención a las arritmias está muy limitada por el acceso a los electrocardiogramas", entre otros problemas, escribió un equipo de investigadores en un estudio de 2024, Global Health Inequities in Electrophysiology Care.
La Comisión Lancet sobre Diagnósticos, por su parte, analizó otros tipos de herramientas y afecciones y constató que solo el 19 % de las personas en países de ingresos bajos y medianos bajos tienen acceso a "las pruebas más sencillas" de diagnóstico en el nivel de atención primaria.
Para que la mayor parte de la humanidad se beneficie de la IA clínica, estas herramientas deben ser asequibles. Las empresas que las crean, ya sean gigantes tecnológicos, pequeñas empresas o start-ups, deben hacer de esto una prioridad.
Por tanto, llegar a los mercados de los países en desarrollo implica explorar activamente alianzas creativas y modelos de prestación localizados para garantizar que esta tecnología esté al alcance de todos y sea sosteniblemente asequible. Así se garantizará que estas herramientas lleguen a las manos de quienes más las necesitan.
Y, dado que estas herramientas suelen requerir, o al menos funcionar de forma óptima con, acceso a internet, resulta esencial subsanar las carencias de banda ancha. La agencia de la ONU para las tecnologías digitales, la Unión Internacional de Telecomunicaciones, estima que alrededor de 6 000 millones de personas, es decir, el 74 % de la población mundial, utilizaron internet el año pasado. Sin embargo, añade: "esto deja a 2200 millones de personas todavía sin conexión".
He vivido en ciudades de todo el mundo y he constatado de primera mano las marcadas diferencias en el acceso a la atención sanitaria. El sector de la tecnología sanitaria, que crece rápidamente y se espera que supere la cifra de 3 billones de dólares en menos de una década, puede contribuir en gran medida a reducir estas desigualdades. Dado que esta nueva era de la tecnología sanitaria despierta tantas esperanzas, depende de todos nosotros cumplir esa promesa.


