En este momento decisivo, crece el llamado a «reconstruir mejor». Si bien la prioridad inmediata es responder a la crisis sanitaria, este momento también ofrece una oportunidad única para reflexionar sobre los factores fundamentales del crecimiento y la productividad que se han deteriorado desde la crisis financiera. Es también un momento para determinar cómo podemos dar forma a nuestros sistemas económicos en el futuro, de modo que no solo sean productivos, sino que también conduzcan a la sostenibilidad ambiental y a la prosperidad compartida.
Desde su primera edición, la serie del Informe sobre la Competitividad Global ha tenido como objetivo incitar a los responsables de las políticas a mirar más allá del crecimiento a corto plazo y a aspirar a la prosperidad a largo plazo. La edición 2019 del Informe sobre la Competitividad Global mostró cómo las tendencias decrecientes en aspectos fundamentales de la productividad han sido enmascaradas por una política monetaria acomodaticia de larga data, pero han seguido siendo cuellos de botella para fortalecer el desarrollo económico.
Este momento inusual exige cambios inusuales y muy necesarios en las políticas. En 2020, por lo tanto, suspendemos las clasificaciones del Índice de Competitividad Global, de larga trayectoria, y dedicamos en cambio esta edición especial a desarrollar las prioridades para la recuperación y la reactivación, y a considerar los elementos básicos de una transformación hacia nuevos sistemas económicos que combinen los objetivos de «productividad», «personas» y «planeta». En 2021, nuestro objetivo es volver a un ejercicio de evalucomparativa que proporcione una nueva «brújula» para la futura dirección del crecimiento económico.
Esta edición especial analiza las tendencias históricas de los factores de competitividad, así como las ideas más recientes sobre las prioridades futuras. Ofrece recomendaciones en tres plazos: a) las prioridades que surgen del análisis histórico previo a la crisis; b) las prioridades necesarias para reactivar la economía, más allá de las respuestas inmediatas a la crisis de la COVID-19, al tiempo que se integran las personas y el planeta en las políticas económicas (reactivación en los próximos 1 a 2 años); c) las prioridades y políticas necesarias para reiniciar los sistemas económicos a largo plazo a fin de lograr una prosperidad sostenible e inclusiva en el futuro (transformación en los próximos 3 a 5 años).
Agrupamos estas recomendaciones y plazos en cuatro grandes áreas de acción: reactivar y transformar el entorno propicio, reactivar y transformar el capital humano, reactivar y transformar los mercados, y reactivar y transformar el ecosistema de innovación.
Los principales hallazgos del Informe se resumen a continuación.
Reactivar y transformar el entorno propicio
Antes de la crisis, un problema de larga data había sido la erosión continua y constante erosión de las instituciones, como lo demuestran los indicadores de controles y contrapesos y de transparencia, que han disminuido o se han estancado. En este contexto, en la fase de reactivación los gobiernos deben priorizar la mejora de la capacidad de pensamiento a largo plazo dentro de los gobiernos y fortalecer los mecanismos para prestar servicios públicos, incluida una mayor digitalización de los servicios públicos. En la fase de transformación, los gobiernos deben trabajar para garantizar que las instituciones públicas incorporen sólidos principios de gobernanza y para recuperar la confianza pública sirviendo a sus ciudadanos.
Una segunda área de preocupación antes de la crisis fueron los elevados niveles de deuda en determinadas economías, así como la creciente desigualdad. Las medidas de emergencia y de estímulo han llevado una deuda pública ya elevada a niveles sin precedentes, mientras que las bases impositivas se han erosionado o desplazado. Para responder a estos problemas, en la fase de reactivación la prioridad debe ser preparar medidas de apoyo para los países de bajos ingresos muy endeudados y planificar la futura reducción del apalancamiento de la deuda pública. A más largo plazo (transformación), los países deben centrarse en avanzar hacia una tributación más progresiva, replanteando cómo se gravan las empresas, la riqueza y el trabajo. Esto requerirá tanto reformas nacionales como el establecimiento de un marco internacional de cooperación.
Reactivar y transformar el capital humano
Durante varios años antes de la crisis, los desajustes de competencias y la escasez de talento y la creciente desalineación entre los incentivos y las recompensas para los trabajadores se habían señalado como problemáticos para avanzar en la productividad, la prosperidad y la inclusión. Con la crisis sanitaria y la posterior aceleración de la adopción de tecnologías, estos desafíos se han vuelto aún más pronunciados y se han agravado aún más por las pérdidas permanentes y temporales de empleo e ingresos. Para abordar estos problemas, en la fase de reactivación, los países deben centrarse en pasar gradualmente de los esquemas de suspensión temporal de empleo a nuevas oportunidades en el mercado laboral, ampliar los programas de reciclaje y mejora de competencias, y replantear las políticas activas del mercado laboral. En la fase de transformación, los líderes deben trabajar para actualizar los planes de estudio de educación y ampliar la inversión en las competencias necesarias para los empleos en los mercados del mañana y, en paralelo, replantear las leyes laborales para la nueva economía y utilizar nuevas tecnologías de gestión del talento para adaptarse a las nuevas necesidades de la fuerza laboral.
Como segundo problema en esta área, la crisis de la COVID-19 ha puesto de manifiesto cómo la capacidad de los sistemas sanitarios se ha quedado rezagada frente al aumento de las poblaciones en el mundo en desarrollo y al envejecimiento de las poblaciones en el mundo en desarrollo. Para responder a esta tendencia, en la fase de reactivación, los países deben ampliar la capacidad de los sistemas de salud para gestionar la doble carga de la pandemia actual y de las futuras necesidades de atención sanitaria. A más largo plazo (transformación), debe haber un esfuerzo por ampliar la infraestructura y la innovación en cuidados para personas mayores, cuidado infantil y atención sanitaria.
Reactivar y transformar los mercados
Durante la última década, mientras que los sistemas financieros se han vuelto más sólidos en comparación con la situación anterior a la crisis financiera, han seguido mostrando cierta fragilidad, incluidos el aumento de los riesgos de deuda corporativa y los desajustes de liquidez. Además, el acceso al financiamiento, pese a los esfuerzos realizados en los últimos años para aumentar la inclusión (incluso mediante aplicaciones de tecnología financiera), no está lo suficientemente extendido. En este contexto, en la fase de reactivación, los países deben priorizar el refuerzo de la estabilidad de los mercados financieros, al tiempo que empiezan a introducir incentivos financieros para que las empresas participen en inversiones sostenibles e inclusivas. En la fase de transformación, la atención debe centrarse en crear incentivos para orientar los recursos financieros hacia inversiones a largo plazo, reforzar la estabilidad y, al mismo tiempo, seguir ampliando la inclusión.
Antes de la crisis hubo una concentración creciente del mercado, con amplias brechas de productividad y rentabilidad entre las principales empresas de cada sector y todas las demás, y es probable que las consecuencias de la pandemia y la recesión asociada agraven estas tendencias. Para abordar este problema, en la fase de reactivación, los países deben encontrar un equilibrio entre mantener medidas de apoyo a las empresas y evitar una consolidación industrial excesiva, con la flexibilidad suficiente para evitar que las «empresas zombi» permanezcan en el sistema. En la fase de transformación, los países deben replantear los marcos de competencia y antimonopolio necesarios en la Cuarta Revolución Industrial, garantizando el acceso al mercado, tanto a nivel local como internacional. Como política complementaria, los países deben facilitar la creación de «mercados del mañana», especialmente en áreas que requieren colaboración público-privada.
Una tercera tendencia en esta área fue la continua reducción de la apertura comercial y de la circulación internacional de personas, que ahora se ha visto muy frenada debido a la pandemia. En la fase de reactivación y transformación, los países deben sentar las bases para equilibrar mejor la circulación internacional de bienes y personas con la prosperidad local y la resiliencia local estratégica en las cadenas de suministro.
Reactivar y transformar el ecosistema de innovación
En esta área surgió una paradoja: una evolución positiva de la cultura emprendedora en la última década, pero la creación de nuevas empresas y de tecnologías revolucionarias se había estancado. La tecnología se ha quedado rezagada especialmente en la capacidad de ofrecer soluciones para el consumo de energía, las emisiones y la satisfacción de la demanda de servicios sociales inclusivos. Para gestionar estas complejidades, en la fase de reactivación, los países deben ampliar las inversiones públicas en I+D, incentivar el capital de riesgo y la I+D en el sector privado, y apoyar la difusión de las tecnologías existentes que favorecen la creación de nuevas empresas y empleo en los mercados del mañana. A más largo plazo (transformación), los países deben crear incentivos que favorezcan las inversiones pacientes en investigación, innovación e invención, apoyar la creación de nuevos «mercados del mañana» e incentivar a las empresas a adoptar la diversidad, la equidad y la inclusión para potenciar la creatividad.
Evaluación de la preparación para la transformación económica
Al agregar las 11 prioridades que surgen de este análisis para la fase de transformación económica, ofrecemos una medición preliminar de la «preparación para la transformación» de los países. En este marco novedoso utilizamos las estadísticas más recientes disponibles para medir en qué punto se encuentran hoy los países en este proceso. Este ejercicio abarca un conjunto reducido de países (37) y mide únicamente las prioridades para la transformación económica, en lugar del conjunto completo de factores necesarios para impulsar la productividad, la sostenibilidad y la prosperidad compartida.
El objetivo de este ejercicio es triple. En primer lugar, asigna las áreas prioritarias a los puntos de datos disponibles, con el fin de definir mejor las acciones o políticas necesarias para «reconstruir mejor» economías productivas, sostenibles e inclusivas. En segundo lugar, ofrece una instantánea de la situación actual de cada país, evaluando en qué medida los países avanzan hoy hacia la transformación de sus economías. En tercer lugar, destaca dónde se encuentran las principales lagunas de datos para evaluar las políticas y el desempeño nacionales actuales.
Si bien se advierte que las estadísticas disponibles son insuficientes para medir todos los aspectos necesarios para lograr la transformación económica, los resultados muestran que ningún país está todavía plenamente preparado para transformarse. Entre las políticas actualmente medibles, sin embargo, el modelo «nórdico» destaca como el más prometedor en el avance hacia un sistema económico productivo, sostenible e inclusivo.
Evaluación de la disrupción y la resiliencia a través del sentimiento empresarial
El impacto de la actual crisis sanitaria tuvo una profunda repercusión en la percepción de los líderes empresariales, recogida por la Encuesta de Opinión Ejecutiva. Las percepciones en algunas áreas indicaron que el progreso se estancó o disminuyó de forma crítica durante la crisis, mientras que en otras hubo una mejora notable en comparación con las tendencias anteriores.
Las 5 áreas que experimentaron el mayor descenso en las economías avanzadas fueron:
Competencia en servicios de red
Colaboración entre empresas
Competencia en servicios profesionales
Competencia en servicios minoristas
Facilidad para encontrar empleados cualificados
Mientras que en las economías emergentes, estas fueron:
Costes empresariales de la delincuencia y la violencia
Independencia judicial
Delincuencia organizada
Grado de dominio del mercado
Confianza pública en los políticos
Las 5 áreas que experimentaron el mayor ascenso en las economías avanzadas fueron:
Capacidad de respuesta del gobierno ante el cambio
Colaboración dentro de una empresa
Disponibilidad de capital de riesgo
Protección de las redes de seguridad social
Solidez de los bancos en las economías avanzadas
Mientras que en las economías emergentes estas fueron:
Colaboración dentro de una empresa
Capacidad de respuesta del gobierno ante el cambio
Eficiencia de los servicios ferroviarios
Disponibilidad de capital de riesgo
Capacidad del país para atraer talento en las economías emergentes
La Encuesta de Opinión Ejecutiva también ayuda a identificar algunas características comunes que ayudaron a los países a gestionar mejor el impacto de la pandemia en su economía y en su población. Según la evaluación de los líderes empresariales, i) la digitalización económica y las competencias digitales; ii) las redes de seguridad y la solidez financiera; iii) la gobernanza y la planificación, y iv) el sistema sanitario y la capacidad de investigación han contribuido a la resiliencia de los países ante la crisis sanitaria.
