● Nada puede igualar la velocidad y el alcance de los gobiernos a la hora de afrontar la crisis de la COVID-19, sin embargo, el sector privado tiene un papel destacado también.

● Debemos establecer nuevos mecanismos del sector privado que puedan movilizarse rápidamente para ayudar a afrontar pandemias y otros desastres naturales.

● Cualquier inversión a corto plazo será ampliamente recompensada por los beneficios a largo plazo.

Los gobiernos de todo el mundo están dedicando partidas extraordinarias para paliar las nefastas consecuencias sanitarias y económicas derivadas de la pandemia de la COVID-19.

Investigadores del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales han estimado que, a finales de abril, solo los países del G20 ya habían comprometido 6,3 billones USD en gastos fiscales, en torno al 9,3 % de su PIB combinado de 2019, para salvar vidas y sostener la economía, unos niveles que exceden sus respuestas ante la crisis financiera mundial de 2008. Asimismo, un análisis del Fondo Monetario Internacional ha calculado que las naciones de todo el mundo están gastando en total unos 8 billones USD mediante costos fiscales directos, préstamos del sector público, inyecciones de capital y otros pasivos. Y estamos aún en los primeros meses de lo que se prevé un largo período de crisis.

Es evidente que nada puede igualar el alcance, la velocidad y la autoridad de los gobiernos a la hora de abordar esta crisis, pero el sector privado puede y debe desempeñar también un papel destacado. Muchas empresas ya están poniéndose a la altura del desafío, y hay buenas razones para creer que los inversores institucionales y minoristas harán mucho más.

En efecto, en la comunidad global de inversionistas existe hoy un fuerte y creciente impulso no solo de hacer el bien sino de hacerlo para la sociedad. Los activos administrados profesionalmente con estrategias de inversión sostenibles se han disparado en todo el mundo hasta un total de 30,7 billones USD. Los inversores pueden colocar sus fondos en una amplia gama de sectores o iniciativas, realizar inversiones a corto o largo plazo y financiarlas en múltiples divisas. Entre 2016 y 2018, las compras mundiales de bonos sociales crecieron de 2400 millones USD a 13 400 millones USD.

Sin embargo, por impresionante que parezca, es una cifra nimia en comparación con los casi 100 billones USD administrados por los 500 administradores de activos más grandes del mundo. Y representa solo una pequeña parte de las enormes pérdidas económicas sufridas por el sector privado debido a nuestra incapacidad de invertir antes en iniciativas socialmente responsables. Esta inversión ya no es solo un gesto amable, sino que considero que es un deber del sector privado y una obligación para cada cartera.

Los inversores deben y pueden hacer mucho más. Esta crisis plantea la necesidad de establecer nuevos mecanismos del sector privado que puedan movilizarse rápidamente para abordar este y los actuales brotes mundiales de enfermedades o desastres naturales de cualquier índole.

Tales mecanismos, por ejemplo, pueden admitir colaboraciones internacionales en materia de salud global —de la escala del Proyecto Genoma Humano y el CERN (Organización Europea para la Investigación Nuclear)— que reunirán a los mejores expertos y enormes recursos para producir y utilizar vacunas, agentes terapéuticos y otros instrumentos necesarios para combatir el virus.

El costo a corto plazo de tales iniciativas será enorme, pero modesto en comparación con los beneficios que se obtendrán. Debido a esto, los gobiernos que ya están gastando sumas de dinero sin precedentes tendrán dificultades para obtener la financiación necesaria en este momento. Sin embargo, las soluciones financieras innovadoras pueden ser parte importante en la resolución de este problema. La Facilidad Financiera Internacional para la Inmunización (IFFIm, por sus siglas en inglés) es uno de esos instrumentos. La IFFIm emite bonos que los inversores privados compran en los mercados mundiales de capital para financiar campañas de inmunización respaldadas por Gavi, la Alianza Mundial para el Fomento de la Vacunación y la Inmunización en los países más pobres del mundo. Respaldados por compromisos multianuales de 10 países soberanos por un total de 6600 millones USD, los bonos de vacunación del IFFIm han recaudado 6100 millones USD desde 2006 en los mercados de capitales y han proporcionado a Gavi financiamiento del orden de 2600 millones USD. (A principios de junio, el gobierno del Reino Unido organizó la tercera conferencia de compromiso de donantes de Gavi, que logró recaudar 8800 millones USD para programas de vacunas en países de bajos ingresos).

El mecanismo IFFIm es ideal para apoyar las principales iniciativas sociales que requieren una gran financiación adicional. Es flexible y a largo plazo. Los gobiernos pueden extender sus desembolsos financieros durante muchos años, aliviando las restricciones presupuestarias inmediatas mientras utilizan la IFFIm para aprovechar los mercados mundiales y movilizar así los recursos de inmediato. De este modo, se contribuye a conciliar las necesidades financieras inmediatas con las restricciones presupuestarias gubernamentales y las ganancias sociales y económicas a largo plazo.

La IFFIm emitirá próximamente un nuevo bono de 200 millones USD ante un compromiso multianual del gobierno noruego por la misma cantidad para Gavi. Las ganancias de la venta de bonos se destinarán a la Coalición para las Innovaciones en Preparación para Epidemias (CEPI, por sus siglas en inglés) para dar un primer impulso a una serie de proyectos innovadores en el desarrollo de la vacuna contra la COVID-19. Otras instituciones, como el Banco Africano de Desarrollo, la Corporación Financiera Internacional y el Banco Interamericano de Desarrollo, también están emitiendo volúmenes sin precedentes de bonos sociales para recaudar financiación inmediata para combatir la COVID-19.

¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial en relación con el brote de coronavirus?

Una nueva cepa de coronavirus, COVID-19, se está extendiendo por todo el mundo y está causando muertes y graves problemas en la economía mundial.

Para responder a esta crisis se requiere una colaboración global entre gobiernos, organizaciones internacionales y empresas, que ocupa un lugar central en la misión del Foro Económico Mundial como organización internacional para la cooperación público-privada.

El Foro Económico Mundial, en colaboración con la Organización Mundial de la Salud (OMS), ha creado la Plataforma de Acción contra el COVID. Esta plataforma tiene por objeto catalizar el apoyo del sector privado a la respuesta sanitaria pública mundial al COVID-19, y hacerlo con la magnitud y rapidez necesarias para proteger la vida de los ciudadanos y sus medios de vida, con el fin de encontrar maneras de contribuir a poner fin a esta emergencia mundial lo antes posible.

El Foro, como organización, ya ha apoyado anteriormente iniciativas para la contención de epidemias. En 2017, durante nuestra Reunión Anual, se puso en marcha la Coalición para la Innovación en Preparación para Epidemias (CEPI, por sus siglas en inglés), que reúne a expertos del ámbito gubernamental, empresarial, sanitario y académico así como de la sociedad civil, con el fin de acelerar el desarrollo de vacunas. Actualmente, la CEPI está colaborando en la carrera por obtener una vacuna contra esta cepa de coronavirus.

Una estructura similar a la de la IFFIm, con compromisos a largo plazo integrados en los mandatos de gestión de activos podría proporcionar una importante reserva de recursos que podrían movilizarse en el momento oportuno. Una contribución del 0,1 % de los retornos de la inversión durante 10 años del 10 % de los fondos institucionales administrados creará un fondo de unos 100 mil millones USD. Dichos recursos se activarían siguiendo unos criterios predefinidos. También sería un medio eficaz para cumplir con las estrategias de inversión sostenible incluidas en las carteras de inversión institucionales.

Las respuestas del sector público ante la terrible crisis de la COVID-19 son necesarias, pero no suficientes. Ahora más que nunca, la comunidad de inversión privada tiene la oportunidad, e incluso diría que la obligación, de satisfacer esta necesidad, pues tiene los medios para lograrlo. Hay demasiado en juego como para achicarse ante este desafío histórico.

Cyrus Ardalan escribe a título personal.