Las pequeñas librerías de barrio de Francia lograron sobrevivir a la televisión y más tarde a la llegada de las compras en internet. Pero ahora ha llegado el coronavirus, con un cierre de ocho semanas que ha supuesto un zarpazo para los márgenes de beneficio de estos negocios y amenaza a la supervivencia de algunos.

¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial en relación con el brote de coronavirus?

Una nueva cepa de coronavirus, COVID-19, se está extendiendo por todo el mundo y está causando muertes y graves problemas en la economía mundial.

Para responder a esta crisis se requiere una colaboración global entre gobiernos, organizaciones internacionales y empresas, que ocupa un lugar central en la misión del Foro Económico Mundial como organización internacional para la cooperación público-privada.

El Foro Económico Mundial, en colaboración con la Organización Mundial de la Salud (OMS), ha creado la Plataforma de Acción contra el COVID. Esta plataforma tiene por objeto catalizar el apoyo del sector privado a la respuesta sanitaria pública mundial al COVID-19, y hacerlo con la magnitud y rapidez necesarias para proteger la vida de los ciudadanos y sus medios de vida, con el fin de encontrar maneras de contribuir a poner fin a esta emergencia mundial lo antes posible.

El Foro, como organización, ya ha apoyado anteriormente iniciativas para la contención de epidemias. En 2017, durante nuestra Reunión Anual, se puso en marcha la Coalición para la Innovación en Preparación para Epidemias (CEPI, por sus siglas en inglés), que reúne a expertos del ámbito gubernamental, empresarial, sanitario y académico así como de la sociedad civil, con el fin de acelerar el desarrollo de vacunas. Actualmente, la CEPI está colaborando en la carrera por obtener una vacuna contra esta cepa de coronavirus.

Las librerías de Francia pudieron reabrir el lunes por primera vez desde el 17 de marzo, como parte de los esfuerzos del Gobierno para encontrar el equilibrio entre la urgencia de resucitar una economía en crisis y el riesgo de que la propagación del nuevo coronavirus se acelere de nuevo.

En la librería ICI del distrito 2 de París es obligatorio el uso de mascarilla y hay desinfectante de manos disponible en la puerta principal y en el interior, a fin de permitir a los clientes sujeten y hojeen cualquier libro que llame su atención.

Los 12 empleados de Bouetard se han reincorporado a sus puestos tras haber sido objeto de un despido temporal, mientras que la tienda ha solicitado dos préstamos para ayudar a cubrir los gastos generales.

Francia es un paraíso para los bibliófilos. Existen grandes cadenas de librerías, pero las independientes son un elemento omnipresente en los barrios parisinos.

El librero Philippe Seyrat, con una máscara facial protectora, habla con un cliente de la librería La Sorbonne de Niza mientras Francia suaviza sus estrictas normas de cierre durante el brote de la enfermedad coronavirus (COVID-19) en Francia, el 13 de mayo de 2020.
El librero Philippe Seyrat, con una máscara facial protectora, habla con un cliente de la librería La Sorbonne de Niza mientras Francia suaviza sus estrictas normas de cierre durante el brote de la enfermedad coronavirus (COVID-19) en Francia, el 13 de mayo de 2020.
Imagen: REUTERS/Eric Gaillard - RC2MNG9ELKE7

El país ha protegido celosamente su vida e instituciones culturales durante décadas. La noción francesa de “l’exception culturelle” implica algo más que una excepción: apunta a la creencia de que la cultura nacional debe protegerse de las fuerzas del libre mercado.

Las subvenciones, las ayudas en los ingresos y las desgravaciones fiscales contribuyen a sostener la música, el cine y la literatura francesas. Francia también cuenta con una ley que impide a las librerías bajar precios para proteger a los escritores.

Aun así, los márgenes son estrechos.

El Gobierno francés es consciente de los peligros a los que se enfrentan estos y otros negocios.

“Tienen unos márgenes muy estrechos y unos beneficios muy reducidos, por lo que podrían tener problemas para encontrar la liquidez con la que devolver los préstamos”, dijo la semana pasada el ministro de Finanzas Bruno Le Maire durante una visita a una librería. “Podríamos tener una serie de librerías en bancarrota. Eso es exactamente lo que queremos evitar”.