Durante los primeros días de confinamiento, cuando millones de europeos afrontaban una incierta temporada sin pisar la calle, una fiebre se apoderó del continente: la del pan artesanal. Miles de aficionados vaciaron de harina los estantes de los supermercados para fabricar sus propias hogazas. La levadura se convirtió en un bien escaso. La desesperación se apoderó de muchos.

¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial en relación con el brote de coronavirus?

Una nueva cepa de coronavirus, COVID-19, se está extendiendo por todo el mundo y está causando muertes y graves problemas en la economía mundial.

Para responder a esta crisis se requiere una colaboración global entre gobiernos, organizaciones internacionales y empresas, que ocupa un lugar central en la misión del Foro Económico Mundial como organización internacional para la cooperación público-privada.

El Foro Económico Mundial, en colaboración con la Organización Mundial de la Salud (OMS), ha creado la Plataforma de Acción contra el COVID. Esta plataforma tiene por objeto catalizar el apoyo del sector privado a la respuesta sanitaria pública mundial al COVID-19, y hacerlo con la magnitud y rapidez necesarias para proteger la vida de los ciudadanos y sus medios de vida, con el fin de encontrar maneras de contribuir a poner fin a esta emergencia mundial lo antes posible.

El Foro, como organización, ya ha apoyado anteriormente iniciativas para la contención de epidemias. En 2017, durante nuestra Reunión Anual, se puso en marcha la Coalición para la Innovación en Preparación para Epidemias (CEPI, por sus siglas en inglés), que reúne a expertos del ámbito gubernamental, empresarial, sanitario y académico así como de la sociedad civil, con el fin de acelerar el desarrollo de vacunas. Actualmente, la CEPI está colaborando en la carrera por obtener una vacuna contra esta cepa de coronavirus.

Un molino. Tan crítica situación motivó un regreso inesperado en Dorset, al sur del Reino Unido: el de un molino medieval que hacías las veces de museo tras un milenio de actividad productiva. Sturminster Newton Mill apareció en los registros británicos tan pronto como en el año 1086. Su misión ancestral consistía en abastecer de harina y levadura a las poblaciones vecinas.

En 1970 cerró para convertirse en un museo. Hasta hoy.

El regreso

Hace una semana sus dueños decidieron cerrar el museo y reanudar la producción de harina. Como explican a la BBC, era una actividad que desempeñaban al menos dos días al mes, para abastecimiento propio. La repentina escasez de harinas y levaduras, fruto de la fiebre por el pan casero, les llevó a reabrir las puertas. Pero no como museo. Sino, de nuevo y mil años después, como molino.

Cantidades

En condiciones normales, la instalación produciría en torno a una tonelada de harina al año. En apenas diez días ya ha superado la cifra, repartiendo unas doscientas bolsas (a razón de 14 kilos de harina cada una) entre la comunidad. "Sin turistas, estaríamos sufriendo, pero esto nos está ayudando un poco a recuperar los ingresos perdidos", explican sus dueños.

Vuelta a casa

Dos factores se han entrelazado para disparar la demanda de harina y levadura. Por un lado, obvio, el confinamiento: tenemos más tiempo libre que nunca para cocinar y experimentar. Por otro, una tendencia asentada ya en el largo plazo que busca recuperar los panes y la repostería de antaño, sin azúcares o técnicas industriales. Más hogareño, más sano, más reconfortante.

Resultado

En marzo, las ventas de máquinas para amasar se habían disparado un 652%. En España, toparse con una bolsita de levadura en cualquiera de los supermercados se ha convertida en una tarea sólo reservada para los héroes. Durante dos semanas consecutivas las ventas de harina se dispararon un 147% y un 196%. Una tendencia mimetizada en otros países. Y que en Reino Unido, al menos, ha motivado el regreso de un molino milenario.