Un reciente reportaje de The New York Times sacaba a la luz algunos de los cambios estructurales que está llevando a cabo la capital francesa desde 2014, cuando Anne Hidalgo se puso a los mandos del consistorio: más de 8.000 proyectos de infraestructuras (aunque la mayoría privados) enfocados en la mejor adaptación climática; 320 kilómetros extra de carriles bici; cierre de autopistas al tráfico rodado para devolvérselo a los peatones; y, por supuesto, una mayor penalización del uso del coche en la ciudad. Tienes más detalles sobre cómo han reducido el tráfico aquí.

Adiós a las cuatro ruedas: como presumen en la noticia, el número de vehículos matriculados propiedad de los parisinos ha caído a mínimos históricos. Entre 1999 y 2016, última estadística disponible, el número de hogares con un coche (o más) ha bajado del 44 al 35%, es decir, un -21%. No es un logro exclusivo de la socialista, ya que es una tendencia percibida en muchas otras grandes ciudades occidentales, aunque sí es cierto que el grado de caída en la posesión de vehículos es mucho mayor en París que en Nueva York o Berlín. Los ciudadanos tienen los ojos puestos en el futuro: en dos meses se prohibirá directamente la circulación de cualquier coche diesel.

La batalla por la lectura: hay que tomar las cifras con cautela. Aunque es cierto que ahora sólo hay un tercio de casas con coche en el centro, la cifra se va ampliando a medida que nos distanciamos de él: la posesión de coches se eleva a un 65% de los hogares del anillo de los distritos cercanos a París y a un 83% para los lejanos. La media francesa supera el 80%.

General view of the Champs Elysees Avenue as rush hour traffic fills the avenue leading up to the Arc de Triomphe, in Paris, France, December 28, 2015.  REUTERS/Charles Platiau  - LR2EBCS1F4UE2
Vista general del tráfico en París, 2015.
Imagen: REUTERS/Charles Platiau

Volviendo con la capital, sí ha habido una caída significativa en el uso del coche, reflejada en la fuerte disminución en los kilómetros recorridos dentro de la ciudad, pero a cambio sólo se ha percibido una pequeña caída en los kilómetros por hora por parte de los conductores. Cada vez menos gente coge el coche para ir al trabajo, pero los que lo hacen se comen peores atascos y peores tiempos, algo lógico si tenemos en cuenta que hay zonas donde sólo se les permite circular a 15km/h.

La contaminación que no cesa: durante algunos días al año empezando por 2016 París ha tenido la peor calidad del aire de todas las grandes ciudades del mundo, colocándose entonces por delante de Beijing o Nueva Delhi. Desde ese año, el número de días al año en que el aire sobrepasa los máximos recomendados ha pasado de 2 a 24. Una situación a la que, según los expertos, se ha llegado por los subsidios al diésel (el Estado sufragaba un 15% del gasoil) y las condiciones climáticas de la ciudad, como por ejemplo, la baja circulación del aire. Es decir, aunque están limitando el uso del coche, aún queda tiempo para que sus ciudadanos noten una mejoría significativa en sus pulmones.

Carsharing: dicho todo esto, los parisinos son, de los cosmopolitas europeos, los menos adictos al coche. Un 45% de ellos no tiene problemas en dejar el coche aparcado y utilizar otros servicios de transporte frente al 21% de madrileños, el 36% de berlineses y el 39% de los londinenses, según una encuesta de Harris Interactive. Les encanta su red de metro, pero también son especialmente propicios a usar los servicios de alquiler de coche (en muchos casos compartidos con otros compañeros de trabajo o estudios) como Drivy, Uber o Kapten. Un 24% de los ciudadanos tira de esta opción, mientras que la cifra de uso en Berlín cae al 6%, en Bruselas al 13% y al 14% en Barcelona.