Tecnologías emergentes

Cuando la tecnología perturba nuestros trabajos, no es demasiado tarde para convertir el dolor en ganancia

Workers walk near vertical farming beds growing a variety of baby greens beneath light emitting diode (or "LED") lamps and using a patented growing algorithm of controlled light, nutrients and temperatures at an AeroFarms Inc. indoor vertical farming facility in a former indoor paintball arena in Newark, New Jersey,  June 24, 2016. Picture taken June 24.

Image: REUTERS/Mike Segar

Guy Ryder
Under-Secretary-General for Policy, United Nations
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Tecnologías emergentes

El Informe del Foro Económico Mundial de 2018 sobre el Futuro del empleo ofrece algunas motivos de aliento. Según los resultados de la encuesta, la perspectiva empresarial sobre cómo la tecnología afectará el crecimiento y la creación de empleos se está volviendo más positiva. A medida que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) se acerca a su centenario, también estamos reflexionando sobre estos temas a través de la Iniciativa del Centenario relativa al Futuro del Trabajo. Me gustaría compartir algunas de nuestras reflexiones sobre políticas y tendencias.

La nueva realidad de la tecnología en el mundo del trabajo —la llamada cuarta revolución industrial— ya está aquí. Si bien los países están sintiendo los efectos de diferentes maneras, a diferentes velocidades y en diferentes grados, ya es evidente que muchos puestos de trabajo están desapareciendo o se están rediseñando. Esto plantea nuevas consideraciones económicas, legales, éticas y sociales.

Una de ellas es garantizar que la fuerza laboral tenga las habilidades necesarias para apoyar las nuevas tecnologías. Según nuestra investigación, la brecha digital entre los países desarrollados y en desarrollo se está intensificando, y es el resultado no solo de las decisiones de costo-beneficio empresarial, sino también de las capacidades de la fuerza laboral. Por capacidades, me refiero no solo a las competencias técnicas y profesionales de nivel superior necesarias para diseñar, operar y mantener la infraestructura digital, sino también a las habilidades básicas y al dominio de las TIC (tecnologías de la información y la comunicación). El mensaje es que las habilidades son importantes, si queremos utilizar la tecnología para disminuir las desigualdades, no para aumentarlas.

Hasta el momento, como confirma el informe del Foro, esta ola de cambio tecnológico no ha producido una reducción general del empleo. Si bien el cambio ha afectado negativamente a ciertos sectores y ocupaciones, está generando muchos empleos nuevos en otros, tanto directa como indirectamente.

Sin embargo, gracias al rápido desarrollo de máquinas capaces de aprender —conocidas como inteligencia artificial IA)— tenemos que prepararnos para el reemplazo de una gama más amplia de tareas. En especial, los empleos en el sector de servicios, tales como la administración de empresas, el transporte y el cuidado de la salud, que hasta ahora han experimentado poca interrupción, pueden ver cambios significativos en las oportunidades y los perfiles de trabajo.

No obstante, si se aplica correctamente, la automatización en estos sectores podría traer beneficios significativos tanto a los países desarrollados como a los países en desarrollo. Aquellos con niveles de habilidad intermedios y más bajos pueden obtener mejores condiciones en la producción y el trabajo, mientras que en las economías desarrolladas, la IA puede permitir que el crecimiento de la productividad repunte nuevamente.

Pero que quede claro que aquí estamos hablando de posibles beneficios. Lo que veremos realmente depende de cómo se gestione la transición para los trabajadores y las empresas. Los trabajadores tendrán que aprender nuevas habilidades o recibir nueva formación, con una atención especial en las habilidades sociales e interpersonales. Si los trabajadores pueden adaptarse rápidamente, una recuperación de la productividad podría generar más puestos de trabajo, tanto en ocupaciones existentes como nuevas, y absorber el creciente número de personas que se incorporan en el mercado laboral, especialmente en los países en desarrollo.

Esta transformación no solo podría contribuir a salarios y niveles de vida más altos, sino que podría hacerlo de manera "ecológica". Las nuevas tecnologías ofrecen posibilidades con mutuos beneficios para reducir el uso de energía y recursos, al tiempo que ofrecen una mejora sustancial de la productividad y la competitividad.

Entonces, ¿cuál es la combinación mágica de habilidades que la fuerza de trabajo necesita para aprovechar la revolución tecnológica? Incluye habilidades técnicas, analíticas y de TIC básicas, por supuesto, pero estas son casi la cereza del postre. Se deben apoyar en fuertes habilidades cognitivas, como la alfabetización y la aritmética. Estas permiten el atributo más importante de todos: una aptitud para el aprendizaje permanente.

A esto se debe agregar una serie de habilidades básicas para el acceso al empleo, como creatividad, resolución de problemas y pensamiento crítico. Las habilidades interpersonales y de comunicación, así como las habilidades emocionales, la capacidad de evaluar y asumir riesgos, y manejar el estrés y el cambio, serán más importantes. Necesitarán más atención de parte de los sistemas de educación, porque les dan a los seres humanos una ventaja comparativa sobre las máquinas.

De esto se desprende que nuestro entusiasmo por adoptar la tecnología debe ir acompañado, desde los primeros años, de un entusiasmo similar por los sistemas educativos de calidad. Si dotamos a nuestros hijos con el conjunto de habilidades adecuadas, no solo podrán hacer frente a esta cuarta revolución industrial, sino que también estarán preparados para la quinta y la sexta.

La era de las habilidades anticipadas para una calificación única que define una carrera profesional al comienzo de la vida laboral ha terminado. Los sistemas de capacitación tendrán que ser flexibles, lo que les permitirá a los trabajadores continuar aprendiendo durante toda su carrera. Este enfoque de aprendizaje permanente debe estar respaldado por incentivos para el aprendizaje con financiamiento innovador (por ejemplo, a través de cuentas de aprendizaje individuales, créditos y exenciones fiscales) y cofinanciado por los sectores público y privado.

El aprendizaje permanente supone que cada trabajador experimentará una mayor variedad de puestos de trabajo que en el pasado. El aumento resultante en las transiciones laborales requerirá una serie de estrategias y apoyos de adaptación, incluidas nuevas formas de seguridad de ingresos a través de la protección social, servicios mejorados de orientación profesional y de búsqueda de empleo.

Del mismo modo, cuando se trata de obtener las habilidades adecuadas para los empleos del futuro, será crucial el diálogo social y las asociaciones público-privadas entre todos los involucrados en el mundo del trabajo (organizaciones de empleadores, sindicatos y diseñadores y proveedores de educación y capacitación).

Un cambio hacia el aprendizaje permanente es fundamental si queremos aprovechar la tecnología para nuestro beneficio, en lugar de dejarnos llevar por la marea. Al mismo tiempo, para que se beneficien todos y no unos pocos, tenemos que volver a examinar y renovar nuestro concepto del contrato social, de modo que tengamos las bases sobre las cuales la tecnología pueda dar forma a un futuro mejor.

Guy Ryder es director general de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

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