Hace un año The Guardian anticipó un mundo inabarcable de plástico desechado. Cada minuto, explicaban, el mundo compra un millón de botellas, y para 2021 la predicción auguraba que consumiremos al año medio billón. Las cifras superan la cantidad de residuos que podemos gestionar.

El diario incluyó una imagen que manifiesta la inmensidad del despilfarro. Si las botellas empleadas en 2016 se colocaran en fila, se extenderían a «más de la mitad del camino al sol». Los activistas están alarmados y comparan la situación, en gravedad, con el cambio climático.

Dimitri Nassisi, graduado de la suiza Escuela Cantonal de Arte de Lausane, ha ideado un sistema para ayudar a disminuir la desaforada compra de agua embotellada. Es una pequeña contribución que pone el foco en la necesidad de reutilizar recipientes y de cambiar las costumbres. Para ello, Nassisi se ha servido del diseño.

Nassisi propone un nuevo modelo de fuente. Todas las ciudades disponen de fuentes públicas, pero es común que su gestión sea desastrosa. La mayoría son pequeñas construcciones escasas, inactivas, deterioradas, feas y poco fiables.

Debe ser un mal común: «En Suiza puedes encontrar algunas fuentes para beber, pero no creo que haya suficientes. El problema que vi a menudo es que eran discretas y la gente no sabía dónde encontrarlas», explica en el dosier de su proyecto.

A esto se suma que, de algún modo, los urbanitas han llegado a la conclusión de que las fuentes (esquivas y escondidas en los parques como animales enfermos) no les interpelan o no les convienen.

Nassisi quiere cambiar esta circunstancia con su Drinking Hydrant. Por un lado, aboga por multiplicar los bebederos y, por otro, por hacerlos bellos y apetecibles. «Proporcionar más agua en las ciudades sería una manera de incitar a las personas a una manera más inteligente de consumo».

Paseando por la ciudad, el diseñador encontró una oportunidad en una infraestructura ya establecida: las bocas de incendio. «Están relacionadas con tuberías de agua limpia, toda la infraestructura tiene un tratamiento interno para garantizar la potabilidad y, además, podemos encontrar una boca de incendios en cada esquina».

La solución reduce el nivel de inversión que requeriría instalar toda una hornada de fuentes nuevas. La nueva estructura provee una salida para las mangueras de emergencias y, arriba, un sistema doble: un botón que pulsado hacia la derecha permite rellenar una botella y, hacia la izquierda, beber directamente.

El agua sobrante cae a un recipiente situado al pie de la fuente para que los perros puedan aprovecharla. Un sistema de válvulas regula la presión en cada caso para que el consumo sea lo más eficiente posible.

El gesto de agacharse a una fuente para beber (y más el de tener sed y buscarla) suenan a pasado. Incluso, si diseccionamos las connotaciones que nos suscita la imagen, descubrimos que nos parece algo poco civilizado.

La botella de agua embotellada es un ejemplo más de la gama de procederes de una sociedad cada vez más individualista. Uno lleva encima su propio medio de hidratación; uno no se agacha para recibir algo que está disponible para cualquiera en el espacio público; uno abre la mochila, desenrosca el tapón y se sirve a sí mismo.

Esa costumbre es difícil de alterar. Los tiempos de abastecerse del pozo del barrio pasaron; sin embargo, con este instrumento específico para llenar botellas, Nassidi trata de recuperarlo de algún modo.

A los pozos comunitarios se acudía por costumbre y porque la necesidad obligaba: no había agua en las casas y aquella era gratis. Ahora, la necesidad no es tal: uno puede adquirir botellas en cualquier establecimiento, y aunque alguien prefiriera no comprar, es más difícil encontrar un bar o un quiosco que una fuente que funcione.

La presencia y la visibilidad es uno de los desafíos que Nassisi quiso resolver. «En las calles, miles de objetos, formas y colores cohabitan», explica en su proyecto, «incluso las bocas de incendio que son de un rojo muy notable se vuelven invisibles». «Quería crear un producto que destacara, la intención de la fuente de agua potable es seducir y que la gente desee beber en ella».

«No quería que pareciera una fuente común para beber ni una gran boca de incendios», pero, aun así, para que funcione, el público, al mirarla, debe identificarla como lo que es. En ese limbo entre la novedad, lo sorprendente y lo funcional se mueve este proyecto.

Tras muchas pruebas y dudas encontró un diseño sencillo, limpio y que ofrece una imagen de salubridad. De algún modo, recuerda a los termos de agua o cantimploras que usan los deportistas.

Nassisi ha contactado con las administraciones locales y con empresas que se dedican a las bocas de incendios para ofrecer su proyecto. La instalación en la ciudad de este tipo de elementos, junto a las campañas de concienciación y el trabajo de las organizaciones medioambientales, pueden, poco a poco, ir cambiando costumbres de consumo que son tan fáciles de ejercer como fatídicas para el futuro.

Imagen: Libro Blanco de la Economía del Agua/FundaciónAquae.org