Lo hemos visto u oído varias veces, desde la portada de distinguidas publicaciones hasta discursos de directores ejecutivos de grandes empresas y líderes mundiales: “los datos son el nuevo petróleo”.

Sin embargo, aunque es cierto que tanto el petróleo como los datos pueden generar valor, allí termina el parecido. Tratar los datos como el petróleo ha llevado a algunos gobiernos a acumularlos en silos, bien protegidos dentro de sus fronteras. ¿Cuál es el resultado? Una reducción de los beneficios económicos y sociales de los datos.

A diferencia del petróleo, del cual hay una cantidad fija en nuestro planeta, los datos se generan continuamente a un ritmo que es difícil de comprender. Durante los siguientes dos años, se crearán 50 zettabytes de datos, una cantidad tan enorme que es difícil siquiera establecer una comparación para comprender su magnitud y alcance. Equivale aproximadamente a 4 millones de años de video en alta definición o cinco mil millones de veces la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.

El valor del petróleo proviene de su escasez y de la dificultad de extraerlo de nuevas ubicaciones no explotadas. Por el contrario, es cada vez más fácil generar enormes cantidades de datos. Por ejemplo, los vehículos autónomos que interactúan con la infraestructura conectada en una ciudad inteligente crean y utilizan datos. Solo en San Francisco, hay 470 000 automóviles registrados (sin contar los autobuses, las motocicletas ni otros vehículos comerciales). Si apenas 25 % de esos automóviles fueran autónomos, el volumen de datos generados anualmente equivaldría a unos 300 000 000 de usuarios de Internet o aproximadamente todo Twitter. Si extendemos eso a todo un país, es fácil comprender que no hay precisamente una escasez de datos.

Por otro lado, el petróleo es un producto básico que se consume al usarlo, mientras que los datos se pueden reutilizar y compartir para nuevos fines y para generar conocimiento nuevo. Recientemente, los datos de un ensayo clínico de un fármaco que se utiliza habitualmente para tratar enfermedades cardíacas se reutilizó y llevó al descubrimiento de un nuevo uso del medicamento: destruir una proteína asociada con casi la mitad de todos los casos de cáncer. Combinar datos generados por los médicos en entornos clínicos con datos provenientes de investigaciones científicas impulsa el desarrollo en la investigación sobre el cáncer e informa planes de tratamiento más precisos. Por el contrario, no parece que agregar más petróleo mejore su calidad.

Otra diferencia radica en que, a diferencia de lo que ocurre con el petróleo, no basta con acumular más datos para incrementar su valor. Lo que realmente genera valor es el conocimiento que se obtiene al analizar y combinar distintos conjuntos de datos.

Los datos también se deben recopilar y conservar en un formato útil y accesible para obtener estos beneficios económicos. Actualmente, apenas 10 % de los datos se recopilan en un formato que permita analizarlos y compartirlos fácilmente. Cuantos más datos se recopilan, mayor es la complejidad del sistema informático necesario para extraer valor y mantener un nivel de protección adecuado. Simplemente acumular más y más datos sin tener un plan claro para su uso o su gestión aumenta los costos y riesgos más que los beneficios. Además, se debe tener en cuenta el riesgo de ser víctima de un ataque o un acceso no autorizado y el costo de los servidores para almacenar los datos, que pueden aumentar entre 10 y 60 % si existe la obligación de que los datos se almacenen en una jurisdicción específica.

Siempre que se garanticen la privacidad y la seguridad, restringir los datos y almacenarlos fronteras adentro no solo provoca un detrimento económico —dado que el movimiento de datos entre países genera un beneficio económico anual a nivel mundial equivalente al PBI de Francia— sino que también es contrario al interés público. Además de los ejemplos anteriores sobre las mejoras en el tratamiento del cáncer, la transferencia de datos es un componente esencial de distintas iniciativas a nivel mundial, desde garantizar la sostenibilidad y salud de los océanos hasta responder en situaciones de desastre. Si los datos estuvieran almacenados en un solo lugar, no habría una forma fácil y rápida de comunicar a tus seres queridos que estás a salvo en caso de un ataque terrorista.

Así que, la próxima vez que alguien diga que “los datos son el nuevo petróleo”, pregúntale cuándo cree que se agotarán las reservas de datos de la Tierra.