En todas las naciones, independientemente de su condición económica, mejorar la calidad de vida y aumentar la longevidad son temas comunes que nos unen a todos.

Sabiendo que demasiadas personas en muchos lugares carecen de recursos básicos como vivienda y alimentos, es esencial proteger a las diversas poblaciones del impacto devastador de las enfermedades que pueden prevenirse.

El problema

Las enfermedades cardiovasculares, el cáncer, la diabetes y las enfermedades respiratorias crónicas, todas ellas enfermedades no transmisibles, son la principal causa mundial de muertes que pueden prevenirse, y representan la crisis sanitaria mundial que caracteriza a nuestra generación.

En 1990, alrededor del 40 % de las muertes por enfermedades no transmisibles ocurrían en los países en desarrollo, en comparación con el 75 % actual. Este aumento se puede atribuir en gran medida a cuatro causas: consumo de tabaco, uso nocivo de alcohol, actividad física insuficiente, y dieta poco sana u obesidad.

Cada año, 38 millones de personas mueren de enfermedades no transmisibles en todo el mundo, y casi tres cuartas partes de estas muertes ocurren en países de ingresos bajos y medios. Además, estas amenazas para la salud suponen un aumento de los costos médicos y la pérdida de salarios que continúa subiendo. Un informe de 2011 del Foro Económico Mundial estimó que las enfermedades no transmisibles podrían costarle al mundo una pérdida acumulada de 47 billones de dólares para el año 2030. Por supuesto, esto ni siquiera tiene en cuenta el impacto emocional en la familia y los amigos: niños sin padres, estudiantes sin profesores, negocios sin líderes.

¿Qué se puede hacer?

Todos tenemos la obligación de ayudar a las personas a controlar sus factores de riesgo. Es más sencillo de lo que cree. Un estudio de 2015 en el American Journal of Preventive Medicine concluyó que las enfermedades crónicas, como problemas cardíacos, accidentes cerebrovasculares, presión arterial alta, diabetes, obesidad y cáncer podrían reducirse al menos a la mitad si las personas adoptaran estilos de vida saludables, como dietas con bajo contenido de sodio y sin azúcar agregada, hicieran ejercicio de manera regular y se abstuvieron de usar tabaco. Adoptar un estilo de vida saludable, sin embargo, no sucede de la noche a la mañana. Hay estudios científicos sobre los motivos por los que las personas cambian, ya que cada una se inspira y motiva en factores emocionales y de la vida muy diversos.

Si bien adoptar un enfoque individual para alargar y salvar vidas es eficaz, piense en el gran impacto que tendría el lanzamiento de una red más grande y la creación de una cultura de la salud

Esto significa diseñar infraestructuras para que "la opción saludable sea la elección fácil". Por ejemplo, las naciones pueden priorizar la creación o el mantenimiento de espacios seguros para el ejercicio, opciones de bajo costo para comprar alimentos saludables y leyes de aire limpio que protejan a las personas de los peligros del tabaquismo pasivo. Ni siquiera tiene que ser una nación entera. Puede hacerse en una empresa o en un barrio. Cada pequeño paso ayuda.

La prevención eficaz también significa comprender los perfiles de riesgo únicos basados en la raza o etnia. Por ejemplo, en los Estados Unidos, los afroamericanos tienen una alta prevalencia de hipertensión, un factor de riesgo clave para los accidentes cerebrovasculares, por lo que no sorprende que las tasas de accidentes cerebrovasculares sean mucho más altas entre los afroamericanos. El lugar donde vive (si es parte de una cultura de la salud o no) también puede hacer una gran diferencia; hemos visto que la expectativa de vida difiere en más de 20 años en personas que viven a solo 8 kilómetros de distancia.

Existen muchas más ideas y posibles soluciones. La clave es trabajar juntos. Si trabajamos juntos, podemos crear un mundo más saludable. Y seguramente, esto traerá aparejado todo tipo de prosperidad.