Mucho ha cambiado desde que escribí un artículo sobre la crisis de los refugiados en Europa en 2015. El artículo destacaba un número récord de refugiados, principalmente de Siria, distribuidos de manera desigual en un continente que lucha por hacer frente a esta crisis.

Si 2015 fue el año de la crisis, entonces 2016 ha sido el año de las contradicciones.

Menos refugiados, más muertes

Alrededor de 360.000 refugiados llegaron a Europa en 2016, casi dos tercios menos que el millón de 2015. Una razón son los controles fronterizos reforzados en Europa Central y la península balcánica: Albania, Austria, Bulgaria, Croacia, Hungría, Macedonia y Eslovenia han construido barreras en respuesta a la afluencia de 2015. Una segunda razón es el acuerdo controversial entre Turquía y la Unión Europea, que permite a Grecia devolver refugiados a Turquía, incentivando a esta a impedir que los refugiados busquen salir hacia Grecia, y a cambio reubicar a los refugiados de Turquía directamente en Europa.

Y aún así a fines de octubre, la cantidad de refugiados ahogados en el Mediterráneo en 2016 ya había superado los 3711 reportados como ahogados en 2015. Antes de distraerse demasiado con las estadísticas, tómese un momento para reflexionar acerca de las 4000 personas que se han ahogado en los últimos 12 meses intentando alcanzar la seguridad de Europa.

Este es un buen ejemplo de la ley de consecuencias no previstas. La explicación a la discrepancia entre la fuerte reducción en la cantidad de refugiados que llegan a Europa y el aumento de quienes se ahogan se debe a que las rutas legales para ingresar están cerradas, mientras que las rutas ilegales se abren para reemplazarlas. Estas rutas ilegales son controladas por los contrabandistas que explotan a los refugiados y los amontonan en embarcaciones no aptas para navegar. También resulta probable que algunos de aquellos que alguna vez hubieran cruzado a Europa desde Turquía a Grecia por la ruta relativamente buena del mar Egeo ahora son desviados al Norte de África y por la mucho más peligrosa ruta del Mediterráneo.

Menos histeria, no más perspectiva

En comparación con 2015, también ha habido mucha menos atención pública y de los medios de comunicación en relación a los refugiados en Europa. Una clara razón es la reducción en la cantidad, aunque esta no se ha dado en partes iguales: Alemania continuó recibiendo la mayor cantidad, mientras que se redujo significativamente en Austria, Hungría y Suecia, pero aumentó en Italia. Otro motivo es la fatiga de la compasión. Sin duda, debido a que tantos niños se han ahogado en el Mediterráneo en 2016 como en 2015, pero no ha habido clamor público en comparación con el que hubo en respuesta a la muerte de Alan Kurdi el 2 de septiembre de 2015.

Sin embargo, menor atención en Europa no ha resultado en más atención en otras partes del mundo, donde se desarrolla la verdadera crisis de los refugiados. Casi el 80 % de los refugiados del mundo se encuentra en países más pobres, y hay más sirios solo en Jordania, Líbano o Turquía que los llegados a toda Europa en 2016. Una creciente cantidad de refugiados huyen de Eritrea y Sudán del Sur. Durante 2016, casi medio millón de refugiados afganos se vieron obligados a regresar a sus hogares en Pakistán.

En otras palabras, cuando se trata de los refugiados, el 2016 tuvo un regreso a la máxima: ojos que no ven, corazón que no siente.

Retórica negativa, acción positiva

Si la retórica sobre los refugiados ha disminuido entre el público y los medios de comunicación en 2016, definitivamente no lo ha hecho entre algunos políticos. Las barreras fronterizas europeas han sido creadas a partir del alarmismo en contra de la inmigración. La xenofobia se instrumentalizó durante el brexit y las campañas presidenciales en los EE. UU.

Al mismo tiempo, la comunidad internacional y el sector privado han dado un paso adelante en 2016. El 22 de septiembre, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la Declaración de Nueva York para los Refugiados y los Migrantes, y se comprometió a desarrollar medios más equitativos para compartir la carga y la responsabilidad para los refugiados en 2018.

El sector privado, liderado por Hikmet Ursek de Western Union y Hamid Ulukaya de Chobani, ha invertido de manera significativa en soluciones para los refugiados, que varían desde una inversión social y filantropía, hasta defensa y cumplimiento de las políticas públicas, además de alianzas y acción colectiva.

A falta de liderazgo político durante el año 2016, el liderazgo responsable y receptivo ha surgido en otra parte.

Refugiados en 2017: un año de certezas

Si 2015 fue el año de la crisis para los refugiados y 2016 el año de las contradicciones, entonces 2017 debe ser el año de las certezas. Los refugiados necesitan tener garantizado su derecho de buscar asilo en condiciones seguras. La comunidad internacional necesita estar segura de dónde se encuentra la verdadera crisis. Los líderes mundiales necesitan estar convencidos de que harán un seguimiento a sus compromisos con la Declaración de Nueva York. El sector privado debe estar seguro de que continuará comprometiéndose a tomar medidas empresariales sobre los refugiados.

La Reunión Anual del Foro Económico Mundial en Davos-Klosters tiene un enfoque significativo sobre los refugiados y el futuro de la actividad humanitaria. Qué mejor lugar para consolidar la certeza para el año que empieza.