La necesidad es la madre de los inventos y la historia nos muestra que las crisis suelen ser catalizadores de innovaciones rápidas. Bueno, vamos a elegir una crisis actual en América Latina. ¿La crisis económica? ¿Política? ¿Productiva? ¿De competencias? ¿De ruptura digital?

Tenemos varias crisis, pero ¿dónde está la innovación?

Ninguno de los países de América Latina salió bien clasificado en el último Índice de Innovación Global. De los 141 países del ranking, la mayoría de las naciones de América Latina están entre las posiciones 60 y 70. De hecho, en la clasificación de desarrollo económico del Foro Económico Mundial, ningún país de América Latina fue clasificado como “impulsado por la innovación”.

La colaboración es imperativa

Mientras tanto, la propia naturaleza de la innovación viene cambiando. Los líderes mundiales actuales de innovación ven que la apertura y la colaboración más allá de sus fronteras son una parte esencial del éxito de la innovación. La lógica es sencilla: ¿por qué intentar lo imposible de siempre de tener dentro de la organización a los mejores talentos e ideas? Cada vez más las empresas buscan aliados que puedan contribuir con más ideas, de más lugares y con mayor rapidez. Desde los smartphones hasta la agricultura inteligente, los ecosistemas son la fuente de innovación.

América Latina debe estar colocada en una buena posición para beneficiarse de esta tendencia. La región le pone énfasis a las redes personales en los negocios. La cultura es conocida por ser acogedora. Las ganas de conectarse con los demás se pueden notar ya que es una de las regiones del mundo que más utiliza las redes sociales. Al mismo tiempo, la evidencia sugiere que la predisposición natural de la región a conectarse con los demás no se está traduciendo en colaboración empresarial para innovar.

Una comparación de la OCDE sobre empresas innovadoras de 30 economías señala que las empresas de América Latina están entre las menos colaborativas. Un estudio llevado a cabo por Accenture Institute for High Performance corrobora la tendencia: se descubrió que los ejecutivos brasileños son más propensos a tratar el tema de desarrollo de nuevos negocios como una actividad interna, cuando se los compara con sus pares alrededor del mundo y, son mucho menos propensos que sus pares a crear alianzas estratégicas o empresas conjuntas. El progreso en la innovación colaborativa es escaso en América Latina.

Está todo en la mente

Los líderes de todos los sectores deben entender, urgentemente, las razones reales de esta crisis en particular y qué pueden hacer.

Durante décadas, expertos y analistas se concentraron en cuestiones institucionales y burocráticas, evaluando factores como el gasto en investigación y desarrollo, sistemas judiciales y protección de la propiedad intelectual. Tales factores son de hecho importantes, pero tanto tiempo acompañando objetivos difíciles no creó resultados significativos.

Desafortunadamente, en el ínterin, la forma de pensar de los líderes empresariales de América Latina sobre la innovación y colaboración recibió poca atención. Expertos externos y ejecutivos consideraron esta área como demasiado “difusa” y difícil de medir. Esto es una excusa. Se subestima el poder de los sesgos cognitivos arraigados a la hora de pronunciar decisiones estratégicas que se toman en cuenta en las reuniones de la alta dirección.

No se espera que los CEO contemplen invertir en estrategias que van contra sus modelos mentales naturales e inconscientes, sin embargo, pueden aprender a cuestionar tales modelos y suposiciones obsoletas. A través de investigaciones, identificamos tres suposiciones principales que hay que revisar.

1. Trabajar con aliados requiere mucha confianza

Las relaciones de confianza son la base de una colaboración exitosa. La colaboración es necesaria para construir relaciones de confianza. Es el clásico dilema de “¿qué vino primero, el huevo o la gallina?”. ¿Qué impide el comienzo de este ciclo virtuoso?

Un reto crítico para América Latina es el déficit de confianza. Una comparación internacional del nivel de confianza interpersonal en 59 países demuestra esto, ya que las mayores economías de la región de América Latina ocupan los últimos lugares del ranking con Brasil, Ecuador y Colombia en las posiciones 54, 55 y 57, respectivamente.

Nuestra investigación con innovadores exitosos y no exitosos en la región destaca la importancia avasallante de tener relaciones abiertas y confianza entre aliados. Dichas relaciones tardan en construirse, especialmente si las organizaciones aliadas poseen una cultura de trabajo y comportamientos diferentes. Por ejemplo, cuando una empresa grande busca aliarse con pequeñas startups de tecnología.

Construir la confianza no se trata de financiación, sino de tiempo y esfuerzo: el tiempo que se usa para interactuar con potenciales aliados para que realmente entiendan los intereses subyacentes y las prioridades, esfuerzo para construir capacidades organizacionales y competencias para comunicar y colaborar de manera abierta y efectiva.

2. La internacionalización es vender más en el exterior

Tiene que cambiar la mentalidad de muchos líderes empresariales en América Latina con relación al resto del mundo. El mismo conjunto de datos de la OCDE en la imagen 2 se utilizó para evaluar el nivel de colaboración internacional de las empresas innovadoras alrededor del mundo. En este ranking, las economías de América Latina cayeron al final de la lista, en una muestra de 30 países.

En América Latina, varía mucho la actitud con relación a la interacción internacional, sin embargo, hay mucho para mejorar. La manera de pensar anticuada dicta que las empresas crezcan para dominar el mercado local y después se expandan en el exterior. Los ejecutivos tienen que cambiar esta mentalidad y pensar en el exterior primero, para poder acceder a nuevas competencias, tecnologías y habilidades que necesitan para crecer localmente. Este cambio en la manera convencional de pensar es especialmente esencial en las principales economías latinoamericanas, donde la expansión internacional es constantemente aplazada con el pretexto de que siempre hay más espacio para crecer localmente.

Además, cuando la región venza sus actuales retos económicos, sus industrias se van a encontrar compitiendo con un conjunto de agentes industriales mucho más conectados. Se tienen que buscar aliados extranjeros valiosos ahora mismo.

3. Sectores diferentes no trabajan juntos

Hay señales promisoras de una nueva onda de innovadores estableciéndose en pequeñas áreas de América Latina, Por ejemplo, Brasil es el quinto país del mundo con el mayor número de startups, con aglomerados esparcidos por todo el país, y recientemente Start-up Chile fue nombrado por la revista Fast Company como uno de los mejores programas de incubación del mundo. Hay iniciativas interesantes puestas en marcha para conectar a grandes empresas con dichas startups, a medida que ambos lados notan cada vez más los puntos fuertes del otro. Sin embargo, la academia, los legisladores, la sociedad civil y los capitalistas de riesgo también deben entrar en esta mezcla.

Muchas de estas conexiones débiles o ausentes reflejan actitudes de hace mucho tiempo. Los académicos, por ejemplo, constantemente oyen que trabajar con empresas compromete la objetividad de su trabajo. Los líderes empresariales evitan contactar a los legisladores para garantizar alejarse de cualquier insinuación de corrupción. Son preocupaciones válidas, pero las barreras mentales rígidas que se irguieron también inhiben la cooperación constructiva y válida que trae beneficios económicos y sociales más amplios. Cuanto más duren estas mentalidades, más difícil será para las empresas estar al tanto de las tendencias innovadoras del mundo. Por ejemplo, durante la última década, la mayoría de las principales economías latinoamericanas bajó de posición en el ranking global de colaboración entre empresas y universidades.

Una de las carencias que más puede perjudicar es el discurso débil entre empresas y los legisladores con relación a definir una visión y una estrategia para el futuro digital de la innovación. Esto es un contraste notorio con otros gobiernos alrededor del mundo, como China y su desarrollo de la Internet de las Cosas, o la iniciativa alemana ‘Industrie 4.0’. Los líderes latinoamericanos deben empezar a derribar las barreras del diálogo entre los grupos. Los legisladores, las asociaciones empresariales y los órganos industriales están particularmente aptos para asumir el liderazgo.

Confiar en el futuro

El futuro de la innovación reside en una mayor colaboración. Es imprescindible para las tecnologías y tendencias emergentes de mayor perfil, como la economía compartida (tal como Uber y Airbnb), la cocreación de modelos de innovación (tal como Linux) y el potencial que tiene el blockchain (cadena de bloque) para cambiar las transacciones. La capacidad de América Latina de participar en el futuro depende de destruir las barreras innecesarias para la colaboración.

Concluimos con un tono más optimista: cuando las actitudes cambian, pueden resultar en cambios de comportamiento rápidos y con resultados positivos. En nuestra reciente investigación de innovadores brasileños, descubrimos que el 95% de los que participaron en una innovación colaborativa tuvo éxito y siente confianza en el aumento en sus inversiones en colaboración.

Una crisis puede forzar cambios reales. Puede hacer que las personas repiensen ideas arraigadas sobre cómo deben ser las cosas. Hoy, América Latina tiene la oportunidad y la necesidad de librarse de formas de pensar obsoletas sobre cuál es la mejor manera de innovar. Depende de los líderes de la región para que se establezca una cultura de apoyo, incentivos y sistemas de recompensa que motivarán y atraerán una verdadera colaboración.