Hablamos de una manera tan fácil, que la mayoría de nosotros ni siquiera lo pensamos. Pero tanto los psicólogos como los neurocientíficos están cautivados con la capacidad humana para comunicarnos por medio del lenguaje. Para cuando un niño aprende a atarse los zapatos, ya domina suficientes palabras y reglas para permitirle articular un número ilimitado de expresiones. La particularidad de esta acción a la especie humana indica su aspecto central en la psicología humana.

El hecho de que esta acción nos venga de manera natural y aparentemente sin esfuerzo durante los primeros años de vida es algo que nos fascina incluso más. Desenredar los mecanismos que el cerebro usa para el lenguaje ha sido un pilar de la neurociencia desde su inicio. Nuevas investigaciones publicadas en la revista Proceedings for the National Academy of Sciences acerca de las diferentes conexiones que ocurren en el cerebro de las personas que hablan mandarín e inglés demuestran cuán flexible es nuestra habilidad para aprender el lenguaje.

Redes cerebrales a tiempo real

Antes de que las imágenes por resonancia magnética funcional del cerebro fueran una realidad, dos áreas del lado izquierdo del cerebro, conocidas como el área de Broca y el área de Wernicke, ya habían revelado su importancia para el lenguaje. Las víctimas de derrames cerebrales o de traumatismo craneoencefálico en cualquiera de estas áreas cruciales del lado izquierdo del cerebro exhibían profundas discapacidades para producir y comprender el lenguaje. Las teorías modernas del conexionismo –la idea de que el conocimiento está distribuido a través de diferentes partes del cerebro y no resguardado en módulos dedicados, como el área de Broca– han llevado a los investigadores a examinar la cuestión más de cerca.

Por ejemplo, el lenguaje requiere mapeos a tiempo real entre las palabras y sus significados. Esto requiere que los sonidos que se escuchan en el habla –decodificados en la corteza auditiva– se integren al conocimiento acerca de lo que significan en la corteza frontal. Las teorías modernas de la neurociencia están enamoradas de este tipo de enfoque de “redes”. En lugar de colgarle milagros de cognición a áreas singulares del cerebro, ahora se cree que los procesos complejos están distribuidos a lo largo de las áreas corticales y que dependen de distintas partes del cerebro que a su vez interactúan de manera dinámica.

Comparando lenguas

Al alcanzar los seis a diez meses de edad, los niños ya han aprendido a ser sensibles a los sonidos básicos, conocidos como fonemas, que son importantes en sus idiomas natales. No obstante, diferentes lenguajes difieren profundamente en los sonidos que son importantes para la comunicación.

El mandarín chino es un idioma tonal en el cual los mismos sonidos pueden referirse a cosas vastamente diferentes con base en el tono en el que se pronuncien. En un idioma no tonal como el inglés, es posible que el tono transmita información emocional acerca de la persona que está hablando, pero no indica nada respecto al significado de la palabra que se pronuncia.

Ahora un grupo de investigadores chinos de la Universidad de Pekín, liderados por Jianqiao Ge, ha encontrado que estas diferencias entre el chino mandarín y el inglés cambian la manera en la que funcionan las redes cerebrales.

Los investigadores aprovecharon las diferencias básicas entre el chino mandarín y el inglés para investigar las diferencias entre las redes de lenguaje de personas cuyos idiomas natales son tonales y no tonales. Se emparejó a treinta personas diestras (todas usaban la mano derecha), de la misma edad y sexo cuyo idioma natal era el chino, con un grupo de personas cuyo idioma natal era el inglés. Todos los participantes escucharon habla inteligible e ininteligible y se les pidió identificar el sexo de la persona que estaba hablando.

El lado derecho

Ambos grupos mostraron activación de las áreas clásicamente asociadas con el habla –que incluyen las áreas de Broca y de Wernicke– del lado izquierdo del cerebro. Pero surgieron dos diferencias importantes. La primera diferencia fue la operación de las redes cerebrales compartidas por hablantes de inglés y de chino. Los angloparlantes mostraron una conectividad más fuerte que iba del área de Wernicke al área de Broca. Esta mayor conectividad se atribuyó al hecho de que el inglés depende más de información fonológica, o sonidos en lugar de tonos.

Captura

Dos áreas del lado izquierdo del cerebro asociadas con el lenguaje.
OpenStax College/WikimediaCC BY

Mientras tanto, los hablantes de chino presentaron conexiones más fuertes que iban del área del cerebro conocida como giro temporal superior anterior –el cual se ha identificado como “un centro semántico” crucial en el apoyo del lenguaje– hacia las áreas de Broca y de Wernicke. Esta mayor conectividad se atribuye a un mapeo más elaborado del sonido y del significado que ocurre en las personas que hablan un idioma tonal.

La segunda diferencia mostró activación en un área del hemisferio derecho del cerebro, pero sólo entre los hablantes de chino. Esta área del cerebro, el polo temporal superior derecho, ha estado implicado en los tonos chinos anteriormente pero –y quizá esto es lo más importante– se ha considerado hasta ahora completamente separado de la red clásica del lenguaje en el hemisferio izquierdo.

Los hallazgos enfatizan la importancia de desarrollar una red bilateral entre los dos hemisferios del cerebro para hablar y comprender lenguajes, particularmente para los lenguajes tonales como el mandarín chino.

Nuevas rutas de investigación

Podemos anticipar que más diferencias de este tipo emergerán conforme futuras investigaciones se enfoquen cada vez más en participantes que no sean angloparlantes. Gran parte de lo que creemos saber acerca de la psicología humana se basa en participantes “WEIRD”: estudiantes universitarios occidentales de naciones industrializadas, ricas y desarrolladas. Es posible que otras diferencias interlingüísticas, interculturales o interclasistas surjan conforme se desarrollan más investigaciones.

A pesar de ser provocadores, estos resultados generan preguntas para investigaciones futuras. El tono importa en el inglés, pero no a la misma medida que en el chino. Por ejemplo, pensemos en cómo la manera en la que pronunciamos la pregunta “¿Dónde has estado?”, podría cambiar el significado y transmitir suspicacia, sorpresa, curiosidad o celos. Es posible que el lenguaje sea una de las ventanas más importantes al pensamiento humano, pero las investigaciones apenas han rasgado la superficie de esta compleja y curiosamente única habilidad humana.

En colaboración con The Conversation  

Autor: Larry Taylor es profesor titular del Departamento de Psicología en la Universidad de Northumbria en Newcastle.

REUTERS/Brian Snyder