Un sorprendente 86% de los participantes en la Encuesta sobre la Agenda Global concuerdan en que tenemos una crisis de liderazgo en el mundo actual. ¿Por qué lo dirán? Quizá porque en años recientes la comunidad internacional no ha podido abordar ningún problema global importante. No ha podido atender el calentamiento global, y apenas pudo bregar con el fracaso de la economía global, la cual causó graves problemas en Norteamérica y Europa. Mientras tanto se ha permitido que la violencia se agudice en Medio Oriente, la región que nuestra Encuesta demuestra como la más afectada y consternada por este problema. ¿Por qué estamos experimentando tal falta de liderazgo?

Bueno, conforme nuestros gobiernos han crecido, sus mecanismos se han visto plagados de décadas de alineación facciosa, dinastía y corrupción profunda. En China, por ejemplo, 90% de las personas encuestadas por Pew perciben la corrupción como un problema; otros estudios encontraron que el 78% de los participantes brasileños y 83% en la India ven el liderazgo deshonesto como un problema grave.

Entre más se interna uno en estas fallas endémicas, más difícil es que alguien emerja como líder fuerte; se les obliga a jugar el juego de la manera que se construyó, que inevitablemente le sirve al interés del sistema, y en muy raras ocasiones al interés de las personas. En muchos países, las únicas personas con el poder institucional de convertirse en líderes son los militares fuertes o los radicales, como Narendra Modi, en la India. No obstante, dado el auge de las redes sociales e independientes, las poblaciones con experiencia democrática rápidamente se desilusionan con los excesos de estas autoridades militares.

¿Por qué está ocurriendo eso en la actualidad, cuando hemos tenido el sufragio universal por más de cien años en muchos países? Quizá por fin nos hayamos dado cuenta de que nos puede ir mejor. Tenemos una explosión de personas increíblemente inteligentes y capaces que están egresando de sus estudios, construyendo grandes compañías y mostrándonos el radical ritmo de la innovación; esto podría explicar por qué los participantes de la Encuesta posicionaron a los líderes empresariales en segundo lugar en nuestro Índice de Liderazgo Global, sólo por detrás de las organizaciones sin fines de lucro. Por el contrario, cuando observamos a nuestros gobiernos e instituciones internacionales, es tentador ver sólo el ritual, la política y el poco progreso y preguntarnos si lo único que estos sistemas hacen es retrasarnos.

De hecho, las únicas personas que aparecen en una posición inferior a los líderes políticos son los líderes religiosos. El 58% de los participantes expresaron preocupación de que los líderes religiosos abusan sus posiciones, y el 56% creen que es muy poco probable que puedan ayudar a abordar problemas globales.  Creo que, con el auge del terrorismo, ha habido tal aumento en la violencia religiosa recientemente que las personas se están volviendo recelosas de los líderes religiosos y abogan porque la religión sea cuestión personal.

La pregunta, entonces, es esta: ¿qué destrezas necesitan nuestros líderes para recuperar la confianza de sus poblaciones? Los participantes de la Encuesta identificaron varias virtudes: una perspectiva interdisciplinaria global; el planeamiento empírico y a largo plazo; fuertes habilidades de comunicación; priorización de la justicia social y del bienestar del crecimiento económico; empatía; coraje; moralidad y una naturaleza colaborativa.

 

Al observar a la persona que emerge de este perfil, no es suficiente ser sólo inspirador; los mejores líderes saben que tienen que mediar, escuchar e incluir las opiniones de otras personas antes de tomar una decisión. La ejecución, la construcción de equipos y la delegación son elementos clave, así como lo es la habilidad de permanecer con una actitud positiva frente a la adversidad: el poder del optimismo es inspirador por sí mismo.

A final de cuentas, estas cualidades de liderazgo se deben cultivar. En la Encuesta, cuatro de las cinco regiones priorizaron la capacitación, la orientación y el asesoramiento como la mejor manera de desarrollar a los líderes del futuro. Existe el consenso de que una mejor educación de nuestro cuerpo social tendría como resultado un mejor liderazgo. Los participantes africanos también señalaron la necesidad de involucrar a los jóvenes más intensamente en el desarrollo del liderazgo.

Yo conocí a Malala Yousafzai cuando ella tenía 11 años de edad. Ella es originaria de una región remota de Afganistán que a nadie le interesaba, ni siquiera cuando el talibán asumió el poder. Seis años después, la balacearon por hablar sin reservas y sobrevivió, lo cual la volvió una de las figuras morales más poderosas de la actualidad. Ahora es la ganadora del Premio Nobel de la Paz.

Esto nos demuestra que necesitamos fomentar una cultura en la que la gente vea la integridad y la empatía como rasgos de carácter clave, donde el talento puede elevarse. Entonces el poder de las personas ordinarias crecerá, ocurrirán grandes cosas, y surgirán grandes líderes.

Panorama de la Agenda Global

Autora: Shiza Shahid es cofundadora y embajadora global de la Fundación Malala  

Imagen: REUTERS/Yuriko Nakao