En el pasado, la acción contra el cambio climático se veía a menudo como un obstáculo al crecimiento económico. Se consideraba que apostar por lo “verde” significaba sacrificar la prosperidad por el bien del medio ambiente. Hoy en día, tenemos más información y sabemos que a través de medidas de mitigación del cambio climático, las empresas promueven el crecimiento sostenible y la creación de empleo de alta calidad.

En Estados Unidos, por ejemplo, desde enero se han creado 1,2 millones de empleos “limpios”, según un estudio del Instituto Ecotech. Desde el año pasado, ha aumentado en un 115% el número de empleos de la industria solar y en un 50% los empleos relacionados con la eficiencia energética.

Según la Agencia Internacional de las Energías Renovables, en China ya son más de 1,7 millones las personas que trabajan en el sector de las renovables. La Red Global del Clima estima además que podrían crearse otros siete millones de empleos si se cumplen los objetivos del gobierno en energía eólica, solar e hidroeléctrica. A nivel mundial, se estima que en 2012 5,7 millones de personas trabajaban directa o indirectamente en la industria de las renovables, una cifra que podría triplicarse para 2030.

Pero la expansión de las energías renovables por sí sola no basta para afrontar el cambio climático. Es necesario además mejorar la capacidad del medio ambiente a absorber las emisiones de dióxido de carbono y aumentar la capacidad de las comunidades y los países a adaptarse al cambio climático, a través de formas más inteligentes de gestión de los activos naturales como bosques, fuentes de agua dulce, suelos y biodiversidad.

En Sudáfrica, existe una iniciativa que aborda el cambio climático desde ambos ángulos. Se trata del Programa Ampliado de Trabajo Público, que durante los primeros cinco años de funcionamiento generó un millón de oportunidades de empleo y que tiene el objetivo de crear 4,5 millones más para finales de este año. Además de en la producción de energía renovable, el programa hace hincapié en la recuperación y gestión de humedales y bosques y en la prevención de incendios. El programa fomenta además la inclusión social, dando empleo a grupos vulnerables como las madres solteras.

Del mismo modo, en India, la Ley Mahatma Gandhi de Garantía de Empleo Rural tiene el objetivo de garantizar un medio de subsistencia en las zonas rurales, proporcionando un mínimo de cien días de empleo asalariado a todos los hogares cuyos miembros adultos se ofrezcan voluntarios para realizar un trabajo manual no cualificado. La mayor parte de estos empleos se dedican a aumentar la capacidad de recuperación del medio ambiente, mediante la conservación de suelos y agua, la prevención de inundaciones, la reforestación y la creación de pequeños sistemas de riego.

En Brasil, el programa “Bolsa Verde” ofrece incentivos a las familias pobres para realizar trabajos de conservación en reservas naturales locales. En su primer año, el programa pagó 35 dólares al mes a más de 16.600 familias y el objetivo es extenderlo a 300.000 familias y realizar proyectos de acción climática como el desarrollo de las renovables. Colombia y México también han puesto en marcha iniciativas similares.

Este potencial de creación de empleos “verdes” de alta calidad se verá multiplicado si el año próximo se alcanza un acuerdo climático global sustancial en la Conferencia del Clima de Naciones Unidas [http://unfccc.int/meetings/unfccc_calendar/items/2655.php?year=2015], un acuerdo con visión de largo plazo para lograr un mundo climáticamente neutro para 2050. La opción contraria -continuar aumentando las emisiones de CO2- no sólo limitará este potencial sino que perjudicará la actividad económica y, de acuerdo a estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), reducirá la productividad un 7% a nivel mundial.

Ya estamos viendo el costo de los fenómenos meteorológicos extremos, que aumentarán en frecuencia e intensidad a medida que aumente la temperatura global. El huracán Katrina, que golpeó Nueva Orleans en 2005, provocó la pérdida de 40.000 empleos aquel año. El ciclón Sidr, que asoló Bangladesh en 2007, perjudicó a cientos de miles de pequeños negocios y 560.000 puestos de trabajo se vieron afectados. En otras palabras, la acción climática no sólo creará nuevos empleos, sino que preservará los ya existentes.

Será inevitables que se pierdan algunos empleos cuando las industrias altamente contaminantes dejen sitio a actividades más sostenibles. Es necesario gestionar esas pérdidas para asegurar una “transición justa” hacia una economía climáticamente neutra.

La buena noticia es que las siete industrias más contaminantes, que representan el 80% de las emisiones de CO2, emplean sólo al 10% de la masa laboral. Unas pérdidas que podrían ser fácilmente compensadas con el crecimiento de la economía baja en carbono.

Por otro lado, los gobiernos deben promover la reconversión y el aprendizaje de los trabajadores para que éstos puedan aprovechar las nuevas oportunidades de empleo en el sector de la energía limpia y la gestión de los recursos naturales. En definitiva, crear puestos de trabajo sirve de poco, si no hay trabajadores preparados a ocuparlos.

En la actualidad dos de los problemas más generalizados son el cambio climático y el desempleo (especialmente entre los jóvenes y las personas no cualificadas). El hecho de que ambos se pueden abordar a la vez, mediante políticas que se refuerzan mutuamente, deja a los gobiernos y organismos internacionales sin excusas para la inacción. La OIT y la Convención sobre Cambio Climático de la ONU son conscientes de ello, pero no pueden actuar solas.

Los líderes mundiales reunidos en Nueva York para la Cumbre del Clima de la ONU este mes y en París el próximo año tienen la opción de apostar por la descarbonización y dejar así a las generaciones futuras un planeta más seguro, más saludable y más próspero que ofrezca oportunidades de empleo digno a millones de personas. Esta es una oportunidad que todos deben aprovechar.

Las opiniones expresadas aquí son las del autor y no necesariamente las del Foro Económico Mundial. Publicado en colaboración con Project Syndicate.

Autores: Christiana Figueres es Secretaria Ejecutiva del Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). Guy Ryder es Director General de la Organización Internacional del Trabajo.

Imagen: REUTERS/Mario Anzuoni