La nueva realidad es un mundo en el que los negocios son algo profundamente global pero el gobierno es algo en gran medida nacional. No es sorpresa que esta divergencia pueda acarrear consecuencias imprevistas, y las reformas del sistema económico global que se dieron a raíz de la crisis económica son un buen ejemplo.

La crisis económica fue en gran medida un asunto occidental, centrado en los sistemas bancarios de Estados Unidos, el Reino Unido y la eurozona. Pero sus impactos fueron globales y obstinadamente prolongados. De hecho, a pesar del masivo esfuerzo de reparación regulatoria, los sistemas económicos todavía no están operando a toda capacidad, y esto se refleja en una economía global estancada en bajo desempeño más de cinco años después de la recuperación. Una preocupación adicional es que la implementación de algunas de las reformas económicas globales pueda estar involuntariamente sembrando las semillas de futuros problemas.

Consideremos, por ejemplo, la divergencia entre muchos de los principios comunes de las reformas regulatorias globales, acordados de manera colectiva por el Grupo de los 20 y su traducción por autoridades nacionales a regulaciones altamente prescriptivas, específicamente diseñadas y que con frecuencia son diferentes. La consecuencia es un preocupante aumento en la fragmentación regulatoria y sus implicaciones negativas para la eficacia de los mercados económicos globales y para el arbitraje regulatorio. Las diferencias regulatorias en lo concerniente a proteger ciertas actividades bancarias, como las operaciones bursátiles, entre Estados Unidos, el Reino Unido, la eurozona y algunos otros países ejemplifican este riesgo de fragmentación. Y esto es mucho más que una cuestión técnica: estas divergencias regulatorias afectan el financiamiento para las compañías, disminuyen la resistencia del sector financiero y aumentan el riesgo, y por último reducen el empleo y el crecimiento.

Lo que se necesita es una coordinación fortalecida de las políticas del sector económico global que provenga del Grupo de los 20, con un enfoque en alinear mejor las prácticas regulatorias nacionales con los principios internacionales acordados. Como parte de esta supervisión de gobernabilidad mejorada, el Grupo de los 20 también tiene que esclarecer quién “manda más allá de la frontera”, con la recuperación transfronteriza y regímenes de resolución resaltando los retos de cómo y quién debe lidiar con los principales bancos que son “demasiado importantes para dejar que fracasen” y que operan en múltiples jurisdicciones en un mercado económico global interconectado. Y, conforme la reforma se extienda más allá del sistema bancario a otras instituciones financieras centrales como las aseguradoras, habrá la tentación de aplicar “la misma medida para todos” a pesar de que podrían justificarse diferencias en la implementación regulatoria entre bancos y aseguradoras para mantener una consistencia entre principios y objetivos comunes.

Otra área en la que necesitamos distinguir entre los principios internacionales comunes y la implementación global de “la misma medida para todos” es cuando los países estén en diferentes etapas de la madurez y el desarrollo de sus mercados de capital. Sin duda debería existir mayor oportunidad para las reglas y requisitos más simples, en consistencia con los principios reguladores comunes, en los mercados emergentes con capacidad regulatoria y de supervisión limitadas, particularmente para las instituciones que participan en negocios económicos menos complejos y con productos económicos más simples. Por ejemplo, ¿no debería el objetivo de Basilea III en los mercados emergentes ser la regulación eficaz en lugar de la regulación compleja independientemente de su capacidad de implementación? Debemos evitar confundir los “medios”, la plomería de las regulaciones, con el “fin”, un sector financiero más seguro, más resistente y más eficaz que contribuya al crecimiento económico sostenido.

Nada está a mayor riesgo de confundir los medios y los fines que el sistema bancario en la sombra. El sistema bancario en la sombra es la “intermediación de crédito que involucra entidades y actividades fuera del sistema bancario regular”. Al hacerlo, compite con los bancos y les ofrece a ahorradores e inversionistas maneras opcionales de satisfacer sus objetivos financieros. Esto debería contribuir a la innovación del sector financiero y a la elección de mercado. No obstante, por definición, el sistema bancario en la sombra está menos regulado que el sector bancario regular, y con la ola de la reforma regulatoria bancaria desde la crisis económica, esta brecha regulatoria ha aumentado notablemente, así como ha aumentado también la participación de mercado del sistema bancario en la sombra. Esto plantea la cuestión importante de si el aumento de la regulación del sector bancario está impulsando la intermediación financiera hacia el sector bancario en la sombra y si, al hacerlo, está perjudicando los esfuerzos de reducir el riesgo sistémico del sector financiero. También plantea la pregunta de si el ascenso del sistema bancario en la sombra ha afectado la habilidad de los bancos centrales para influenciar el crecimiento de crédito. Con una liquidez masiva en mercados de capital como resultado de una relajación de la política monetaria sin precedentes, y la reforma regulatoria enfocada casi exclusivamente en bancos y no en el sistema de intermediación de crédito entero, los riesgos de consecuencias imprevistas aumentan.

A pesar del progreso en la reconstrucción de los sistemas y la capacidad regulatorios, las tensiones dinámicas persisten en el sistema económico global y las ignoramos a nuestro propio riesgo. La realidad actual es un ascendente unilateralismo, una fragmentación en aumento, una complejidad en ascenso, menor confianza pública y una coordinación multilateral reducida. Sin un reinicio en la política internacional de cooperación y coordinación capaz de abordar estos temas, los “déficits de confianza” y las “brechas regulatorias” actuales dificultarán el objetivo de los gobiernos de revivir la actividad económica y el empleo, y fomentarán fricciones entre las economías avanzadas y emergentes.

Autores: Kevin Lynch, vicepresidente de BMO Financial Group y presidente del Consejo para la Agenda Global sobre el Sistema Financiero Global. Liao Min, director general del Sistema Bancario y la Comisión Regulatoria China (Sede en Shanghái) y miembro del Consejo para la Agenda Global sobre el Sistema Financiero Global

 Imagen: REUTERS/Toru Hanai