Más de 2.000 millones de personas viven en países con estrés hídrico. Para 2030, la demanda mundial de agua dulce podría superar la oferta en un 40%, además de tener consecuencias nefastas para la salud de las personas. La falta de agua dulce y limpia puede limitar el crecimiento económico en un tercio y causar estragos en la biodiversidad y la cohesión social. Necesitamos innovadores capaces de cambiar el rumbo...
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