Los empleadores pueden desempeñar un papel clave en la protección de sus trabajadores frente al calor. Pueden informar al personal sobre el estrés térmico y cómo detectarlo. También pueden adaptar los horarios y permitir que los trabajadores empiecen temprano por la mañana o más tarde, o que hagan turnos más cortos y descansos más largos. Las empresas también pueden acondicionar oficinas y vehículos para instalar aire acondicionado o sistemas de refrigeración radiante. Sin embargo, a largo plazo, los expertos afirman que hacen falta cambios en las políticas públicas.