El lago Crawford está a unos 50 km al suroeste de Toronto. Es tan pequeño que se tarda solo 10 minutos en recorrerlo a pie, pero este diminuto lago cuenta una historia de mucho mayor alcance. Cada año, las partículas del aire se depositan en el lago Crawford y, cada verano, se hunden hasta el fondo. Forman capas de sedimento, muy parecidas a los anillos de un árbol. Estas capas ofrecen un registro geológico de la existencia humana. Los investigadores dicen que este sedimento narra los efectos ambientales de la humanidad, como el cambio climático y la contaminación. Y que muestra un cambio repentino e irreversible que comenzó a mediados del siglo XX.