La acuicultura produce la mitad del suministro mundial de pescado, pero las granjas abandonadas representan un grave peligro ambiental. Estas granjas fantasma vierten desechos, plásticos y contaminantes al océano. Además, las líneas y los aparejos en desuso ponen en peligro a las criaturas marinas y afectan al turismo y al ocio en las comunidades costeras.