Se trata de un tipo de satélite conocido como «CubeSat». Están diseñados para flotar sobre el Ártico y la Antártida y medir el calor emitido mediante tecnología infrarroja. La NASA utilizará estos datos para pronosticar los impactos del cambio climático, como el posible aumento del nivel del mar y las posibles variaciones en los patrones meteorológicos. Estos pronósticos ayudarán a agricultores, pescadores y comunidades costeras a prepararse para un planeta más cálido.