El puerto de Baltimore permanece cerrado al tráfico hasta nuevo aviso tras el trágico derrumbe del puente Francis Scott Key la semana pasada, que causó la muerte de seis personas y dejó a miles de trabajadores portuarios en una situación de incertidumbre. Además del terrible coste humano, el desastre también afectará al comercio mundial, con consecuencias especialmente graves para el suministro de energía y el sector automovilístico.