Se conoce como «biocostra». Está formada por líquenes, musgo y bacterias, junto con partículas de suelo fuertemente compactadas. Las biocostras tienen apenas unos centímetros de grosor, pero los científicos han descubierto que cumplen una función vital en la conservación de la muralla: la hacen más resistente y menos porosa, impiden que se filtren el agua y la sal, y la protegen de los ciclos de congelación y deshielo del invierno.