También podría reducir el riesgo de padecer enfermedades pulmonares más adelante y quizá incluso aumentar la esperanza de vida. Los investigadores analizaron datos de 1.509 personas nacidas en Estocolmo entre 1994 y 1996. Compararon la capacidad pulmonar de cada participante a los 8, 16 y 24 años con los niveles de contaminación atmosférica, estimados según la dirección de cada uno. Los niños de zonas menos contaminadas desarrollaron una función pulmonar más sólida. Es decir, una mayor capacidad de sus pulmones para inspirar y espirar aire